Para vencer la polución, coto al transporte privado

En 2018, la calidad del aire en España mejoró gracias a un clima favorable

La restricción al tráfico en Madrid es eficaz, según los ecologistas

Contaminación Madrid
El cielo en Madrid en un día de alta contaminación. Getty Images

Una cuestión de suerte más que de virtud propia. Si en 2018 los españoles que viven en las grandes ciudades han podido respirar un aire algo más limpio que el año anterior, no ha sido tanto por las medidas tomadas para poner coto a la contaminación, sino por una ­meteorología que favoreció su dispersión.

Con la notable excepción de Madrid que, según los expertos, en los últimos meses ha mejorado de forma muy significativa la calidad del aire gracias a las restricciones al tráfico de vehículos, el causante de la contaminación más importante en las urbes.

Los datos del Ministerio para la Transición Ecológica son arrolladores. De 2010 a 2017, tanto Madrid y sus alrededores como Barcelona y Granada, con sus áreas metropolitanas, han superado de forma ininterrumpida el valor límite anual de polución más frecuente en las metrópolis españolas, el dióxido de nitrógeno (NO2).

En este periodo, la media legal de 40 microgramos por metro cúbico de este gas, que procede en gran medida de la combustión de los vehículos a motor, se rebasó también, en algunos años, en Valencia, Murcia y Bilbao.

Madrid es la única aglomeración donde se supera, asimismo, el límite horario, establecido en 18 horas al año con un valor de NO2 superior a 200 microgramos por metro cúbico, lo que ha acarreado la apertura de un procedimiento sancionador por parte de la Comisión Europea.

Si tuvieran los mismos detectores de Madrid, también otras ciudades superarían el límite horario de dióxido de nitrógeno

Xavier Querol (CSIC)

No obstante, Xavier Querol, profesor de Investigación en Geoquímica Ambiental del CSIC, se dice convencido de que más ciudades sobrepasarían este techo “si tuvieran estaciones de detección con ubicaciones similares a las que están muy cerca del tráfico en la capital”.

El año pasado, sin embargo, Ecologistas en Acción detectó importantes mejoras. “Atribuimos este hecho al tiempo dominante en 2018”, explica Miguel Ángel Ceballos, coordinador del informe estatal sobre la calidad del aire de la asociación.

El final del invierno, la temporada en la que se dan más fenómenos de contaminación por NO2, ha sido inestable y lluvioso, lo que permitió disiparla. “Aunque tuvimos niveles altos en la segunda mitad de noviembre, en el conjunto, la meteorología fue muy favorable”, apostilla Ceballos.

De esta forma, en Barcelona solo el núcleo urbano y su primer cinturón metropolitano incumplieron el límite legal de NO2, pero en la periferia más lejana los niveles fueron por primera vez aceptables. Y Granada, una ciudad cuya orografía del terreno y climatología son especialmente adversas en cuanto a contaminación, también registró cierta mejoría.

¿Peajes en Barcelona?

Pero es en la capital del Estado donde se han podido constatar los avances más importantes. La estación de detección de la plaza del Carmen, la única presente en la nueva zona de tráfico restringido Madrid Central –que entró en vigor definitivamente el 16 de marzo, tras una prueba de tres meses y medio– ha registrado en abril unos valores de NO2, un 48% inferiores con respecto al mismo periodo de 2018.

En este caso, la meteorología no tiene nada que ver, ya que la reducción es la misma si se compara con abril de 2016, un mes en el que las precipitaciones tuvieron una magnitud parecida. “De hecho, la media de 22 microgramos por metro cúbico revelados en el cuarto mes de este año en la plaza del Carmen ha sido el registro mensual más bajo, por lo menos desde el año 2000”, asegura el portavoz de Ecologistas en Acción, Juan Bárcena.

Tampoco se nota el llamado efecto frontera. Al revés: importantes disminuciones de los niveles de NO2 se apuntan también las estaciones de los barrios limítrofes.

En Barcelona hay que imponer un peaje a los coches de baja ocupación y fomentar los modos de movilidad sostenibles

María García (Ecologistas en Acción)

El Ayuntamiento de Barcelona no se ha quedado de brazos cruzados y ha anunciado que las restricciones al tráfico en el área de 95 kilómetros cuadrados llamada zona de bajas emisiones, que actualmente solo se activan cuando hay un pico de contaminación, serán permanentes a partir de 2020.

Una medida que la responsable del área de contaminación de Ecologistas en Acción de Cataluña, María García, califica de “ineficaz”, porque solo pararía el paso a los vehículos más antiguos, de los que quedan pocos ejemplares.

En su lugar, para reducir la circulación de forma más drástica, García propone un peaje al coche, como los que existen en otras ciudades europeas. La tasa sería tanto más cara cuanto menor sea la ocupación del vehículo. De forma simultánea se reorganizaría el espacio urbano para favorecer el uso de modos de transporte sostenibles.

Otros gases tóxicos

Las partículas. Hechas de polvo, ceniza y hollín, y procedentes en un 30% del tráfico rodado, las partículas finas PM10 –de entre 2,5 y 10 microgramos– y PM2,5 –inferiores a 2,5 microgramos– penetran directamente en el organismo.

Los límites. En 2017, las ciudades en las que se superaron los valores legales de PM10 fueron Granada, Avilés y Marbella. Pero Xavier Querol, investigador del CSIC, advierte de que muchas más incumplirían si se aplicaran los techos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El ozono. El O3 sigue su tendencia ascendente en las urbes españolas, según Querol. Los niveles más altos de contaminación se registran en los municipios al norte de Barcelona.

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