Lo que haga Pekín vale poco para decidir sobre el monopolio de Facebook

Hay pocos indicios de que los competidores chinos de la red de Zuckerberg estén ganándole terreno fuera de su país

Banderas de la UE y China en un evento bilateral en Pekín (China).
Banderas de la UE y China en un evento bilateral en Pekín (China).

Facebook tiene argumentos razonables para defender que no debe ser desmantelada, ya sea por presión regulatoria, decreto legislativo o deseo de los accionistas. El menos convincente de ellos es que sus rivales chinos nunca correrán la misma suerte.

Eso no impidió a la jefa de operaciones, Sheryl Sandberg, presentar ese mismo argumento la semana pasada. “Mientras que a la gente le preocupa el tamaño y el poder de las empresas de tecnología, en Estados Unidos también preocupa el tamaño y el poder de las empresas chinas, y son conscientes de que esas empresas no van a ser divididas”, dijo Sandberg a la CNBC, cuando se le preguntó sobre un llamamiento de uno de los cofundadores de Facebook a escindirla en unos pocos componentes más pequeños.

Dejando de lado el hecho de que Tencent y Alibaba, respectivamente, se han separado de su música y sus ramas financieras, el argumento de “pero China lo hace” se está convirtiendo en una práctica habitual entre los líderes empresariales y políticos del mundo desarrollado. El extraordinario aumento en la última década de muchas empresas privadas y estatales en la República Popular está asustando a sus competidores y asustando a los responsables políticos. Aunque sus temores pueden ser comprensibles, el peligro para las economías de libre mercado es que respondan de manera que permitan en la práctica al Partido Comunista dar forma a las reglas de la competencia doméstica.

Aunque la política antimonopolio de EE UU y Europa dista mucho de ser impecable, se ha guiado principalmente por un enfoque de equidad para consumidores y competidores: Washington se inclina más por la primera y Bruselas por la segunda. El auge de China, en gran medida desde que se unió a la Organización Mundial del Comercio a principios de siglo, lo pone en tela de juicio. Pero la respuesta correcta es adoptar mecanismos eficaces que obliguen a las empresas chinas a seguir las reglas del dinamismo competitivo, no a sancionar la creación de nuevos monopolios domésticos.

EE UU ya cuenta con algunas herramientas contundentes, como el Comité de Inversión Extranjera, para gestionar la incursión de empresas en su mercado. Recientemente, el Departamento de Comercio de Trump ha utilizado otra, la llamada Entity List, para atar de pies y manos a Huawei y sus afiliados.

Canadá cuenta con un instrumento similar que le permite evaluar si las adquisiciones extranjeras de activos nacionales aportarán beneficios al país. Europa sigue luchando para hacer frente al desafío económico del Reino Medio. Por eso, la reelaboración de las normas antimonopolio será una de las primeras tareas del nuevo Parlamento Europeo tras las elecciones.

Hasta ahora, la tendencia europea se ha asemejado preocupantemente a las observaciones de Sandberg. La decisión de la Comisión Europea de bloquear en febrero la fusión de Alstom con el negocio ferroviario de Siemens se convirtió en un llamamiento de París, Berlín y otros lugares para relajar la política de competencia y facilitar la creación de abanderados europeos.

El ministro de Finanzas francés Bruno Le Maire presionó con fuerza para que el acuerdo Alstom-Siemens fortaleciera a las empresas contra la inminente competencia de CRRC, un monopolio nacional creado por una fusión de fabricantes de equipos ferroviarios rivales, que fue aprobada por Pekín.

La Comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, no se arrepiente de haber resistido la presión. Como argumentó en una entrevista reciente con Breakingviews, la decisión era coherente con la legislación vigente y reflejaba el estado actual de la competencia en determinados mercados sensibles, como el ferrocarril de alta velocidad. La CRRC no produce trenes tan rápidos fuera de su mercado nacional, por lo que no había motivos para defender la creación preventiva de un monopolio europeo en el sector.

Admite que en el futuro podría haber una amenaza para los fabricantes europeos y, en última instancia, para los consumidores, afirma. Pero esa es una cuestión que las normas del bloque deben abordar con mayor claridad, con vistas a garantizar un mayor acceso a China y a otros lugares a cambio de la apertura del mercado europeo.

“Si alguien viene aquí a hacer negocios, esperará que hagamos negocios con él. Creo que es un primer paso obvio y una buena señal para los actores del mercado global”, dijo. “Hay mucho margen para que una Europa con más confianza en sí misma adopte un enfoque más duro.”

Manfred Weber, diputado alemán del Parlamento Europeo y candidato del Partido Popular Europeo a presidir la Comisión, coincidió en que la decisión de Vestager se ajustaba al marco jurídico. Pero también desea que la nueva comisión vuelva a examinar la cuestión de la competencia.

“Soy un hombre de la competencia y del libre mercado, pero creo que la ley debe mejorarse en su aspecto global”, me dijo Weber en una entrevista. Señalando el éxito de Airbus, que fue improvisado por un puñado de empresas aeroespaciales, añadió: “Europa debe tener el derecho de permitir también la fusión de estas empresas si realmente vemos una dimensión global detrás”.

Al igual que en el caso de los trenes de alta velocidad europeos, hay pocos indicios de que los competidores chinos estén erosionando el dominio de Facebook fuera del Gran Firewall. Es probable que Alibaba y Tencent nunca se enfrenten en casa a las mismas presiones que Facebook. Pero en el momento que eso influya en la forma en que los legisladores examinan el impacto potencialmente perjudicial de la empresa en los mercados de competencia sería la señal más segura de que China está ganando.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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