Google Glass vuelve a la vida en las fábricas tras su sonoro fracaso

Las empresas están usando gafas computerizadas para ganar eficiencia

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Gafas HoloLens de Microsoft.

¿Recuerda Google Glass? El esperado debut de las gafas computarizadas de la compañía hace seis años fue uno de los fracasos más espectaculares de Silicon Valley. Tras ser consideradas demasiado torpes y pretenciosas por el público masivo, la matriz Alphabet retiró rápidamente el producto. Ahora parece que solo se trató de un lanzamiento en momento y lugar equivocado.

Si los consumidores no están listos para usar anteojos deportivos con comandos de voz para navegar por internet o realizar videoconferencias, los trabajadores de fábricas sí lo están. Alphabet, junto con Microsoft y una gran cantidad de startups, reviven la tecnología vestible como parte de una ofensiva orientada a conseguir que los almacenes y la manufactura sean más eficientes con ayuda de estos aparatos.

[Google acaba de actualizar sus Glass con un nuevo hardware y un nuevo precio también. Ahora las gafas ejecutan Android y Android Enterprise Mobile Device Management, lo que las hace más accesibles para los desarrolladores, que podrán crear apps de manera tan fácil como lo hacen con los móviles Android habitualmente. Además,  integran un nuevo chip Snapdragon XR1 de Qualcomm, que se ha desarrollado precisamente para su uso en dispositivos de realidad aumentada o realidad virtual].

"El aspecto manos libres es lo que realmente revoluciona nuestro enfoque", comentó Michael Kaldenbach, director de realidades digitales de Royal Dutch Shell. "Estamos pasando de la velocidad del pulgar a la velocidad del habla".

Los equipos tecnológicos vestibles, ya sea en forma de gafas, muñequeras o artículos de sombrerería, aumentan la productividad al dar a los trabajadores que realizan múltiples tareas una mayor flexibilidad para desempeñar sus labores sin hacer malabarismos con un tablet o una computadora portátil. Los accesorios dan a los trabajadores una ventaja significativa.

Lockheed adoptó recientemente HoloLens de Microsoft para fabricar naves espaciales. A través del dispositivo, un técnico puede usar imágenes proyectadas en los lentes a fin de marcar las ubicaciones de 309 sujetadores para fijar a un panel curvo. Cuando el técnico o el panel se mueven, la computadora se ajusta.

HoloLens, con un coste de 3.500 dólares, redujo la tarea a dos horas y media frente al mínimo de dos días conlleva usar herramientas de medición tradicionales, explicó Shelley Peterson, quien dirige la división de tecnologías emergentes de Lockheed. "Vemos una rentabilidad de la inversión en el primer uso", indicó.

La clave del éxito comercial, dicen los desarrolladores de productos, es aumentar la realidad en lugar de reemplazarla. Los usuarios pueden ver el mundo real y hacer referencia al mundo virtual cuando lo necesiten. Una vez que los trabajadores se sientan cómodos o incluso confíen en las computadoras vestibles en su lugar de trabajo, las emplearán también en sus vidas cotidianas. Esa es la apuesta.

Durante la próxima década la tecnología se volverá compacta y suficientemente poderosa para reemplazar a los teléfonos inteligentes como pieza indispensable de tecnología personal, afirmó Hugo Swart, quien encabeza la división de realidad aumentada del fabricante de chips Qualcomm.

"A largo plazo el consumidor manejará el volumen", planteó. "Ese será el día en que quizás ni siquiera necesite mi teléfono inteligente. Mi teléfono inteligente se convertirá en estas gafas".

Todavía hay un camino largo por recorrer antes de que eso suceda, advirtió Nehal Chokshi, analista de Maxim Group. "En este momento estamos en etapas muy tempranas", sentenció.

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