Google Glass
Nuevas gafas de Google.

Google relanza sus Google Glass, mejoradas y con foco en las empresas

Las gafas solo se venderán a través de terceros. En Europa solo hay dos socios, uno la española Streye

El dispositivo incluye un LED para evitar problemas de privacidad y aumenta su batería

Google da una segunda oportunidad a sus famosas Google Glass, las gafas inteligentes que la compañía presentó en 2012 y cuya producción detuvo en enero de 2015, tras afrontar múltiples contratiempos (su uso fue prohibido en bares y restaurantes por problemas de privacidad y seguridad, y su estética poco glamurosa y su alto precio, 1.500 dólares, las hizo poco atractivo para el consumidor). Ayer, el gigante de internet volvió a la carga, pero con una versión del dispositivo mejorada y bautizada como Glass Enterprise.

Los responsables de Google han estado trabajando casi dos años en ese nuevo modelo buscando dar con la fórmula que lo convierta en un producto de éxito. Y desde ayer está oficialmente a la venta. Con dos cambios importantes en su política comercial: solo podrán comprarse a través de partners (Google no las venderá directamente) y el foco estará puesto en el cliente empresarial, no en el consumidor final. Al menos, de entrada.

Y ahí una buena noticia para España, pues de las 11 compañías con licencia de distribución que tiene Google a nivel mundial, nueve son de EE UU y dos europeas, una de ellas española, la empresa Streye (antigua Droiders). Esta, con sede en Murcia y oficina en Hong Kong, podrá vender las gafas en cualquier parte del mundo, y tiene la exclusiva para España.

Las nuevas Glass Enterprise doblan la batería del anterior modelo (con la mayoría de aplicaciones puede aguantar toda una jornada de trabajo, y dos horas si se hace streaming), lleva mejor procesador (un Intel adaptado y no un Qualcomm) y un prisma de cristal (la pantalla donde se proyecta la información) más grande.

A diferencia de las Google Glass originales, las nuevas permiten plegar las patillas (un gesto con el que se apagan), lo que las hace más fáciles de transportar, y llevan un cable de carga flexible y magnético, para evitar que un posible enganchón con el mismo pueda llevar las gafas al suelo y se rompan. Pero, además, incorporan un led, un pequeño piloto que se activa cuando se abre la cámara, de modo que cualquier persona puede saber cuándo está grabando la gafa y proteger así su intimidad, evitando problemas de privacidad. A nivel interno, las nuevas Glass llevan 2 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento, y han mejorado su módulo Bluetooth y su soporte para la señal wifi.

Antes del lanzamiento, Google, en alianza con sus socios, ha realizado múltiples pruebas con clientes para tratar de encontrar usos en el mercado empresarial. En este sentido, Streye tiene en marcha proyectos con entidades de diferentes países (incluidas compañías del Ibex 35). Aunque la mayoría prefiere no desvelar su participación en el programa, Colomer sí está autorizado a detallar cómo Mapfre está utilizando las gafas durante el proceso de peritación antes de proceder al arreglo del vehículo. En este caso, un operario dispone de las Google Glass con las que realiza el reportaje fotográfico del coche y sincroniza esta información con el sistema corporativo de Mapfre.

También, un cirujano que ejerce como profesor en el Centro Médico Universitario Erasmus MC de Rotterdam ha retransmitido en tiempo real y sin apenas latencia los procedimientos quirúrgicos que iba haciendo con las nuevas gafas de Google. Mientras, los alumnos usan las Glass con la aplicación Checkr de la compañía española para seguir las indicaciones en listas de tareas visibles en las gafas y construidas antes desde la plataforma web.

Streye, que lleva trabajando con Google en el desarrollo del software del dispositivo desde finales de 2015, cuando fue invitada a participar en su desarrollo, ha diseñado una suite de soluciones compuesta por una para la transmisión de vídeo y audio en directo, otra para ofrecer soporte remoto multimedia en vivo, una tercera aplicación para crear y gestionar protocolos u órdenes de trabajo, y otra para recibir alertas en tiempo real.

Además, ha creado un sistema lector de códigos de barras, QR y OCR enfocado a tareas de logística y que permite una integración con las aplicaciones de gestión empresarial de las compañías. Streye ha diseñado también una plataforma para que las empresas puedan administrar sus gafas, comprar licencias de aplicaciones, ver cuándo se actualizan los equipos o ver quién está utilizando las gafas y quién no.

“Hemos creado todo este paquete de aplicaciones apostando por la realidad asistida, una variante de la conocida realidad aumentada en la que se usan dispositivos diferentes (en este caso, los binoculares)”, dice Alfonso Colomer, director técnico de Streye.

La nueva aventura de Google en el terreno de los wearables (tecnología vestible) no resultará fácil. La firma, que se ha quedado algo rezagada tras descontinuar la venta de sus primeras gafas, se enfrenta a duros competidores, entre otros Microsoft y Epson, que se han volcado también al mundo profesional.

Precio pensado para empresas

Lo que no ha variado respecto a la versión anterior de las Google Glass es el precio, 1.500 euros. Según cuentan los responsables de Streye, la firma española va a vender un modelo con un software básico que incorporan ellos (no trae como las antiguas un software de Google), por 1.550 euros. Igualmente venderá otro modelo con todas las aplicaciones antes citadas, por 2.500 euros. “Este precio da derecho al uso de la licencia de por vida. Durante el primer año lleva incluido todas las actualizaciones y soporte, y luego, a partir del segundo año, si quieres recibir nuevo software, nuevas versiones y disfrutar del soporte (también el servicio técnico lo ponen ellos, no Google), debes pagar una cuota de 95 euros al año”, añade Colomer.

Aunque el gigante estadounidense no suele hablar de previsión de ventas, los responsables de Streye sí avanzan que van a poner especial foco en España y Asia y que prevén vender unas 1.000 unidades hasta final de año y entre 2.000 y 3.000 durante 2018.

Colomer dice que el uso de las gafas donde están viendo más aceptación es en todo lo que tiene que ver con el soporte remoto para empresas, pero admite que no se cierran al mundo del consumo. “El precio de las gafas es alto para el consumidor final, pero tenemos una aplicación que las conecta a una banda magnética para ver las pulsaciones cuando se hace deporte. Y si la demanda entre usuarios finales crece, crearemos más aplicaciones orientadas a ellos”.

 

 

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