El riesgo de una guerra comercial con efecto bumerán

Hoy no existe un escenario de batalla arancelaria cuyas consecuencias puedan restringirse solo a las potencias en conflicto

El recalentamiento del conflicto comercial que mantienen Estados Unidos y China y las consecuencias que puede arrojar sobre la economía mundial son un ejemplo de la capacidad que tiene la realidad política para descolocar agendas, previsiones y predicciones de mercado. Cuando la sombra de la guerra de aranceles parecía haberse reducido y los contendientes estaban teóricamente inmersos en una fructifera negociación, el reloj ha dado marcha atrás y Washington y Pekín vuelven a estar enzarzados en una dinámica arancelaria de acción-reacción de desenlace incierto y peligroso. Además de la oleada de caídas generalizadas vividas en los últimos días en las Bolsas, los mercados de futuros han elevado sus expectativas sobre un recorte de tipos en Estados Unidos antes de fin de año para contrarrestar el impacto que esta guerra pueda tener en la economía estadounidense. Un escenario de política monetaria al que asignan ahora un 73% de probabilidades frente al 50% que contemplaban antes del último movimiento ofensivo realizado por Donald Trump. El miedo a la desaceleración económica y a la propia evolución del mercado hacen mella en unos inversores que miran a la Fed como a un escudo frente a los efectos de la tormenta comercial.

Pese a ello, no es fácil prever cuál será el siguiente episodio de este conflicto. Ayer mismo, otro tuit del presidente aseguraba que las diferencias con Pekín podrían resolverse mañana mismo. De momento, la decisión de EEUU de incrementar los aranceles a las importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares solo ha provocado que Pekín anuncie a su vez una subida de aranceles de 60.000 millones, además de desatar el razonable temor a que la escalada no se detenga y acabe penalizando la totalidad de los intercambios comerciales entre ambas potencias.

El comercio globalizado se ha convertido en el gran motor de crecimiento de las economías de mercado y en una fuente de prosperidad creciente, pero también en un flanco de enorme fragilidad frente a la posibilidad de políticas intervencionistas por parte de las grandes potencias. Hoy no existe ningún escenario de batalla comercial cuyas consecuencias puedan restringirse únicamente a los países responsables del conflicto, sino que estas afectan al conjunto de una economía mundial globalizada e interconectada. Pese a la fortaleza que exhibe el motor estadounidense, la estrategia de Donald Trump tiene el enorme riesgo de acabar siendo un boomerang que golpee a China, a Estados Unidos y todo el resto de la economía mundial.

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