Gonzalo Hurtado: “En Platea no ganábamos dinero porque no éramos dueños de la marca”

También está al frente de la asociación de comerciantes Distrito 41

Platea

Abandonó la carrera de Administración y Dirección de Empresas que cursaba en el CEU y empezó a estudiar hostelería en Bilbao. Fue en esta escuela donde Gonzalo Hurtado (Madrid, 1978) encontró su vocación, no en la cocina, sino en la gestión. Obtuvo el premio fin de carrera con un trabajo sobre el desarrollo de los eventos, coincidiendo con la inauguración del Palacio de Euskalduna, y con ese respaldo se marchó a estudiar a Suiza, con el fin de especializarse en recursos humanos y gestión de eventos, además de compartir sinergias y experiencias con alumnos de otras culturas, entre ellos, franceses, coreanos o libaneses.

A partir de ahí su experiencia laboral se empieza a cimentar desde abajo. Su primera ocupación fue como montador de banquetes en un hotel en Disneyland Paris, “donde aprendí lo de la doble bolsa de basura para aguantar el peso”. Posteriormente entró a trabajar en el turno nocturno de la recepción del hotel Husa Princesa, “que me permitió conocer la dureza de la noche, tienes que aprender a cuadrar las operaciones que se han realizado durante el día”. Y luego saltó al departamento de eventos, después al de operaciones y, más tarde, al de banquetes en el hotel Crowne Plaza, donde adquirió experiencia en organización mental además de saber anticiparse a los problemas.

Su periplo hotelero continuó en el hotel Emperatriz, con su primer puesto de responsabilidad: “Ahí tuve que empezar a diseñar trajes a medida para cada cliente”. Le faltaba para completar currículo estar al frente de alguna apertura y lo consiguió en el hotel Hilton de Barajas, para seguir en el Me, de Meliá, antes de que en 2014 sonara el teléfono y le ofrecieran dirigir Platea, un espacio gastronómico de más de 6.000 metros cuadrados en la plaza de Colón de Madrid. “Cuando entré me di cuenta de que todos los espacios estaban externalizados. Se ganaba dinero, pero no lo ganaba Platea, no éramos dueños de la cuenta de explotación, ni de la experiencia que se vivía, por lo que no se podía generar marca”, recuerda, desde su convencional despacho en el área de oficinas del centro, presidido por una pizarra en la que anota todo.

De la externalización se pasó a la autogestión. “Empezamos a construir desde cero, ya que nos habíamos confundido, y decidimos cambiar la operativa, dado que en las mesas no servíamos nosotros y ahora sí”. Según Hurtado, que se define nervioso por naturaleza, el ejercicio estaba claro: estaban en un recinto magnífico, diseñado por Lázaro Rosa-Violán, en el que se han invertido 60 millones de euros, que cuenta con 230 empleados y con el que facturan 15 millones de euros anuales, con una previsión de crecimiento este año de un 20%. Pero “el mérito está en el día a día, en saber transmitir valores a los equipos, así que decidimos prescindir de los operadores que teníamos”.

Ahora cuentan solo con un espacio, Canalla Bistró, asesorado por el valenciano Ricard Camarena, “pero la gestión es nuestra”. También han decidido sacar rendimiento al local, con cabida para 1.200 personas, y abrirlo a la celebración de eventos para empresas, como Sacyr, Seur, Accenture o Prosegur. “Las organizaciones buscan experiencias lúdicas diferentes, y confían en nosotros porque tenemos todas las herramientas tecnológicas y de infraestructura, además de sala y cocina”, asegura este ejecutivo, quien también está al frente de Distrito 41, la asociación que agrupa a los comerciantes de la denominada milla de oro madrileña, que comprende desde la calle Alcalá hasta Ortega y Gasset, y de Serrano a Velázquez.

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