¿Han tocado techo los gigantes de internet?

Las rentabilidades excepcionales son cosa del pasado: el negocio madura y exige mayor inversión

Operadores del mercado en el Nasdaq, en Nueva York.
Operadores del mercado en el Nasdaq, en Nueva York.

Después de diez años de crecimiento estructural, el mercado de los teléfonos móviles ha alcanzado su máximo. Los consumidores parecen satisfechos con lo que tienen. Queríamos un acceso rápido y sencillo a internet, una buena cámara, una batería que durase más y algunas otras funciones. Todos estos deseos parecen satisfechos, en vista de que para los nuevos modelos lanzados ya no se forman largas colas fuera de las tiendas. Esto hace que el futuro de los grandes fabricantes de teléfonos móviles parezca incierto. Las ventas se han estancado y el llamado ciclo de sustitución (el tiempo que pasa entre dos compras) se ha alargado considerablemente.

En otros terrenos, también parece que el estancamiento del crecimiento a medio plazo es una certeza. El mercado de la publicidad digital está creciendo, aunque lentamente, con unas previsiones en torno al 4% para 2019. Por lo tanto, surge la pregunta de cuánto tiempo más podrán las grandes plataformas digitales mantener su fuerte crecimiento de alrededor del 20%. Es una cuestión que también preocupa a los inversores. El rendimiento en Bolsa de las cuatro mayores empresas tecnológicas del mundo se ha reducido respecto al índice Nasdaq de las tecnológicas en general desde principios de este año (en realidad, por primera vez en años).

No obstante, hay otra explicación para la ralentización del crecimiento y el empeoramiento de los rendimientos en el mercado de los gigantes de internet. En una interesante presentación, Benedict Evans, de la firma estadounidense de capital de riesgo Andreessen Horowitz, argumentaba que esta desaceleración no marcaba el principio del fin de las plataformas tecnológicas, sino simplemente el fin del principio.

Desde su comienzo, según Evans, las empresas de tecnología han solucionado sobre todo los problemas sencillos. Teléfonos móviles, comercio electrónico, motores de búsqueda, redes sociales... son productos de las grandes empresas tecnológicas que, por lo general, no han requerido grandes inversiones. Todo consistía en configurar una plataforma que fuese escalable a todo el mundo para, después, conectar a tantos usuarios como fuera posible. De ahí la alta rentabilidad y la enorme valoración en Bolsa de los gigantes tecnológicos (entre 800.000 y 900.000 millones de dólares entre los cuatro).

Pero ¿en qué punto nos encontramos realmente? La industria del comercio electrónico en Estados Unidos ha alcanzado un tamaño de unos 500.000 millones de dólares. Parece una cantidad enorme, pero, poniéndola en perspectiva, es aproximadamente lo que gastan los estadounidenses en las gasolineras anualmente. El modelo del comercio electrónico empezó con productos sencillos, no perecederos, como los libros. Por ejemplo, tras la adquisición de Whole Foods el año pasado, Amazon está entrando ahora en el mercado de los comestibles. Es un mercado mucho más complicado, ya que los productos como la fruta y la carne son perecederos. Y no solo eso, también la logística y la distribución requieren inversiones mucho mayores. Así pues, mirando retrospectivamente, crear un sitio web o una aplicación para publicar opiniones sobre restaurantes o vender libros era fácil, mientras que entregar a domicilio una comida caliente en 30 minutos es claramente mucho más complejo.

Hay más problemas con los que se topan muchas empresas tecnológicas hoy día que son dificilísimos de resolver. Por ejemplo, tomemos los vehículos autónomos. Ahora es perfectamente viable un vehículo autónomo circulando por una autopista, pero no en pequeñas carreteras comarcales con tráfico en sentido contrario, o cuando nieva o llueve. Sí, incluso con lluvia. La empresa Waymo, filial de Alphabet, comunicó en enero que sus vehículos autónomos todavía se tenían que conducir manualmente en situaciones de lluvia copiosa, para prevenir fallos de funcionamiento y accidentes. La prudencia es comprensible, pero también es una señal de que los vehículos totalmente autónomos todavía tienen un largo camino por recorrer y, sobre todo, que aún requieren fuertes inversiones.

¿Por qué hacer todas esas inversiones? Los mercados finales a los que se puede acceder son extraordinariamente grandes. El gasto mundial de los consumidores ascendió nada menos que a 40 billones de dólares y los gastos anuales relacionados con la salud fueron de aproximadamente 7 billones de dólares. Nuevos actores ven oportunidades en el mercado del automóvil de casi 3 billones de dólares.

En otro plano distinto, las fintech (empresas dedicadas a la tecnología para prestación de servicios financieros) tratan de atender a toda la cadena de valor del sector financiero. Aplicando nuevas tecnologías de manera eficiente, mediante inteligencia artificial, aprendizaje de máquinas y también criptomonedas (blockchain), se está accediendo a mercados cada vez mayores. No obstante, la complejidad también aumenta, lo que lleva aparejado que las inversiones necesarias también se disparan. Por ejemplo, Amazon, Alphabet, Facebook y Microsoft conjuntamente dedicaron a inversiones en 2018 la astronómica cifra de ¡66.000 millones de dólares!

¿Qué significa todo lo que hemos dicho en cuanto al atractivo de las grandes plataformas tecnológicas para los inversores? Desde una perspectiva financiera, los nuevos mercados son muy interesantes en cuanto al tamaño absoluto, pero, al mismo tiempo, tenemos que poner una nota al margen sobre esto. Las inversiones requeridas son gigantescas y los márgenes que se obtienen en estas industrias son, en general, bastante menores que las actividades básicas.

Por consiguiente, cabe pensar que las rentabilidades excepcionales de los últimos cinco a diez años para estos actores pertenecen al pasado. Esto no significa que hayan dejado de ser atractivos respecto al mercado en sentido amplio, solo que los rendimientos futuros serán considerablemente más cercanos a la media de mercado.

Jack Neele es miembro del equipo de Trends Equities y gestor de cartera de la estrategia Robeco Global Consumer Trends Equities

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