La exclusión de las mujeres preocupa en la empresa y la ciencia

Según McKynsey, la discriminación cuesta 5.869 euros a cada español

Igualdad
Foto de familia de la jornada 'Women in science and innovation'.

En el mundo, la mitad de los empresarios son mujeres, pero solo el 20%, una de cada cinco, exporta a nivel internacional, según datos del Centro de Comercio Internacional. La cifra es coherente con lo que sucede en España, donde, como explicó la ministra de Industria, Economía y Turismo, Reyes Maroto, el 40% de las pequeñas y medianas empresas, parte fundamental del tejido económico, están lideradas por mujeres. Solo el 15% de ellas, sin embargo, amplía la mirada de su negocio más allá de España. De todo ello habló un nutrido grupo de representantes de las empresarias españolas en la sede de la Unión Europea en Madrid, que intentó hallar las causas y consecuencias de la discriminación que aún padecen las mujeres en España, un arrinconamiento que cuesta a cada español 5.869 euros, tal y como revela un informe de McKinsey Global Institute.

Según la ministra Maroto, “las mujeres estamos infrautilizadas, somos un factor indispensable para aumentar la competitividad de los países. Generamos riqueza y empleo. Un modelo económico que cuente con nosotros es un modelo más fuerte”. Aunque ha habido avances, estos han sido tímidos. En los últimos diez años, la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha reducido desde el 25,6% hasta el 23%, y el porcentaje de mujeres directivas ha pasado del 17% al 26%. Pero incluso en el seno de las noticias positivas caben matices que no invitan del todo al optimismo: tan solo uno de cada diez altos directivos en España (el 12%) son empresarias.

Por su parte, Jorge Aracil, responsable del programa Mprende+21, perteneciente a la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe), subrayó el efecto benéfico que las mujeres aportan a la competitividad de la economía: “Hemos trabajado con 400 empresas y 1.500 directivos. Muchas empresas destruyen valor, pero las que más valor aportan están dirigidos o codirigidos por mujeres. Se está infrautilizando a las empresarias, que saben lo que quieren hacer. Nuestros datos nos dicen que las empresarias tienen un mayor convencimiento y una mayor perseverancia”.

Una de las principales barreras que afronta el desafío de la paulatina incorporación de las mujeres al tejido empresarial es el techo invisible de las empresas tecnológicas, un campo del que muchas se alejan disuadidas por un sistema educativo que lo reserva a los hombres. Lo vive en su día a día Corine Vives, responsble de la consultora tecnológica Avanade, que asesora a empresas en su camino hacia la digitalización: “Estamos en 20 países. En todos nos encontramos lo mismo: el sector tecnológico carece de mujeres. Con la llegada de la digitalización nosotras somos esenciales: tenemos visión de futuro y somos multitarea. Son fundamentales la educación, una diversidad que en sí misma crea riqueza, y la inclusión. Las nuevas tecnologías rompen barreras de todo tipo”.

Precisamente fue esa visión de futuro lo que llevó a BPW Madrid, asociación de mujeres empresarias y profesionales, a fundar en Guinea Ecuatorial una cooperativa de mujeres para unirlas con una misión: plantar yuca. Corría el año 1998, y la inversión más importante consistió en las 100.000 pesetas (unos 600 euros) que se emplearon en adquirir azadas y material para el cultivo. La presidenta de la citada asociación, Paz Martín, reveló el resultado de aquella inversión. Más de 20 años después, hay ya tres cooperativas más y varias guarderías que permiten crecer laboralmente a las mujeres de la zona. “Se ha demostrado que, cuando ganan las mujeres, estas invierten en la siguiente generación. Ese es nuestro compromiso. Yo animo a todas las empresas y a las empresarias a que inviertan en mujeres, aunque sea en proyectos más o menos pequeños. Tenemos un efecto multiplicador”, resumió. En este sentido, Aracil apoyó la tesis del valor exponencial de los pequeños proyectos con otro testimonio de primera mano: “Sucedió de octubre a noviembre del año pasado. Tres mujeres se juntaron para montar una empresa que se dedica a asesorar en cuestiones de endocrinología. El negocio no tiene ni siquiera un año, pero ya cuenta con 1.000 clientes y dan servicio a cuatro países. Han contratado seis o siete empleados. No son una gran empresa, pero calculad los puestos que se podrían generar con muchos más negocios así”.

El desperdicio de talento femenino también preocupa especialmente en la ciencia y la innovación. Así lo reconoció el ministro de Ciencia, Innovación y Universidad, Pedro Duque, durante la jornada Women In Science & Innovation organizada por la embajada británica en España. "No es solo que tengan más problemas para llegar a carreras como las ingenierías, sino que en algunos casos, su presencia está retrocediendo", alertó este martes en la Casa del Lector de Matadero (Madrid). En esta línea, la directora general de Ingenasa y exsecretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, animó a prestar más atención a las cifras que a las percepciones personales. "Hay que huir del 'A mí no me ha pasado' porque qué pasa si le está ocurriendo a otra", continuó la bioquímica, para quien conviene huir del individualismo y centrarse en lo que le está pasando a la colectividad.

Asimismo, Vela insistió en que, aunque las instituciones ya tienen la igualdad en la agenda, es una cuestión que se debe atajar también dentro de las propias familias, ya que "desde los seis años, las niñas ya perciben que son inferiores a los hombres". Una cuestión por la que también se mostró preocupada la filósofa Elsa Punset, quien aseguró que a partir de los once años, las chicas, que hasta ese momento tenían una actitud parecida a sus compañeros, comienzan a adoptar posiciones secundarias, a no mirar a los ojos, a no interrumpir, a dejar de estar erguidas,... Para la divulgadora, este intento de ocupar el menor espacio posible se debe a que "es tan fuerte lo que rodea a la mujer que tiran la toalla en ese momento, pero deben reclamar la fortaleza que tienen hasta el final de su vida".

No obstante, la infancia no es el único momento en el que las mujeres necesitan recordar su valía. La presidenta de la Fundación Inspiring Girls y directora general de FECE, Marta Pérez Dorao, comentó que las voluntarias del programa que dirige, en el que expertas acuden a centros educativos a contar su trayectoria profesional a las más pequeñas con el objetivo de motivar que se interesen por la ciencia y la tecnología, suelen repetir porque "al contárselo a otras personas, se reflexiona sobre qué es lo que se ha hecho a lo largo de la vida y se toma consciencia de los propios logros". En esta línea, la directora general de Pharma Spain en GSK, Cristina Henríquez, insistió en que el papel de los agentes sociales es asegurarse de que "estos niños tienen acceso a toda la motivación e información disponible" para marcar la diferencia.

Desperdiciar el talento de la mitad de la población supone un lastre para el progreso de la sociedad. "La ciencia debe resolver los problemas de los ciudadanos, pero estos son hombres y mujeres, y si no se nos tiene en cuenta, no se arreglarán nuestros problemas, o no de la forma que necesitamos", sentenció Vela. La bioquímica comentó cómo estas barreras estaban presentes en cosas tan cotidianas como el transporte. "Los autobuses estaban pensados para personas que medían 1,80 metros y pesaban 80 kilos, lo que dista mucho de la talla media de las mujeres y hacía que muchas no llegaran ni siquiera a las barras para poder agarrarse", ilustró.

A este respecto, el director del Mobile World Capital, Carlos Grau, comentó que las mujeres están tomando un papel muy destacado en las áreas en las que se relacionan las humanidades con la tecnología. Una idea con la que comulgó la directora general para Europa de la insurtech CoverWallet, Elena González-Blanco, quien precisamente comenzó su formación como filóloga. "Estamos ante una gran oportunidad para nosotras y debemos animar también a otras mujeres", añadió.

Por su parte, en medio del debate social que trata de establecer cuál es el papel de los hombres en esta necesaria transformación, el embajador británico en España, Simon Manley, opinó que "nuestro debe es asegurarnos de que las niñas tienen las mismas oportunidades para triunfar que sus compañeros en el área de las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)". En esta línea, el decano de la Facultad de Ciencias Naturales del Imperial College, Tom Welton, coincidió en que no debe tener un papel protagonista más allá de procurar un entorno para que las mujeres puedan llegar, y sobre todo, "corresponsabilizarse del trabajo doméstico". 

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