Las mujeres de ciencia saben cómo frenar la brecha de género

La presidenta de Microsoft en España, Pilar López, defiende promover la meritocracia y la flexibilidad

De izquierda a derecha, Soledad Murillo, secretaria de Estado de Igualdad; Pilar López, presidenta de Microsoft España, y María Ángeles Martín, premio Ada Byron 2018.
De izquierda a derecha, Soledad Murillo, secretaria de Estado de Igualdad; Pilar López, presidenta de Microsoft España, y María Ángeles Martín, premio Ada Byron 2018.

La presencia femenina en los grados universitarios tecnológicos y científicos no solo es escasa, sino que además lleva estancada desde hace más de una década. En España, más de la mitad de los estudiantes de la educación superior son mujeres, pero a la hora de ahondar en los números de las ramas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés) la cifra cae al 25%, un porcentaje que lleva casi inalterado desde 2008. En disciplinas como la informática la brecha es incluso mayor, sin llegar a superar el 12%.

Ante esta situación cabe preguntarse qué es lo que está pasando. “Las causas de esta desigualdad las encontramos en la cultura que nos rodea, en los mensajes que como sociedad transmitimos a nuestras hijas”, reflexionó esta semana Pilar López, presidenta de Microsoft España, durante la presentación en la sede madrileña de Deusto Business School de la sexta edición del Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, que la Universidad de Deusto entregará en mayo. “Vemos que hasta aproximadamente los 11 años de edad, el interés por la ciencia y por la tecnología es casi idéntico en niños que en niñas”, prosiguió López. El problema es que a partir de entonces, y sobre todo ya cumplidos los 15 años, esa atracción cae en picado. En concreto, según datos del Ministerio de Ciencia y Universidades, hasta seducir solo al 4,2% de las jóvenes.

Revertir esto no es fácil, ya que la percepción de que las STEM son ramas masculinizadas entra en un círculo virtuoso que se retroalimenta. “A las más pequeñas les lanzamos el mensaje de que estas son carreras de alto riesgo y de que no son para ellas”, continuó López. En este punto también entra en juego el perfeccionismo: “En ocasiones las animamos a elegir una carrera que no sea una ingeniería, por ejemplo, porque a priori va a ser más difícil que otra. Por eso muchas veces tienen menos confianza”.

Esta es una idea que comparte María Ángeles Martín, docente en la Universidad de Sevilla, fundadora de Skylife Engineering y premio Ada Byron en 2018. “Todo esto genera inseguridad en las jóvenes. Pueden llegar a tener la sensación de que las están cuestionando e interrogando por estar ahí, y tenemos que conseguir que deje de generar sorpresa ver a mujeres en estos espacios”.

Sin embargo, la brecha de género en estas ramas no se reduce solo a la etapa formativa. “Incluso cuando llegamos a graduarnos solo el 30% de las mujeres se dedica a la tecnología, frente a un 70% de los varones. Por eso, desde el sistema productivo tenemos que plantearnos urgentemente si como empresas somos atractivas para las profesionales”, reflexionó López. Y analizando estas cifras, admitió, la respuesta es negativa.

Por eso, otro de los grandes retos en materia de igualdad es tomarse esta brecha laboral en serio. En este sentido, aventuró López, promover la meritocracia y la flexibilidad entre la plantilla es algo obligado. Como también lo es ir más allá: “Una de las medidas a impulsar son las bajas por paternidad, que además de hacernos mejor como compañía, también ayudan a la sociedad en su conjunto”, prosiguió. Otra de las políticas establecidas en la multinacional tecnológica en esta línea, añadió López, es la promoción del respeto al tiempo de los demás. “No solo es que no tengamos horario, sino que la agenda de nuestra disponibilidad diaria es pública para todos los trabajadores. Así todos saben cuándo y durante cuánto tiempo pueden interrumpirte. Esto ayuda mucho a la conciliación”.

Es cierto que la brecha de género no solo llega a cifras desorbitadas en el ámbito de las STEM. En el lado opuesto, en las disciplinas de ciencias de la salud y atendiendo a las cifras de matriculación universitaria, los hombres solo representan el 28% de la muestra. Sin embargo, recordó López, es importante centrar la gran mayoría de los esfuerzos en equilibrar el ámbito tecnológico porque la mayor parte de los trabajos del futuro estarán relacionados de alguna forma con él. “Es probable que quien descubra la cura contra el cáncer no sea médico, sino un tecnólogo que sepa leer e interpretar datos”.

También es importante recordar que la sociedad del futuro, fuertemente marcada por lo tecnológico, necesitará de una visión en femenino para poder desarrollarse: “Es necesario democratizar, en términos de igualdad de género, la configuración de lo que está por venir, tanto en movilidad como en diseño urbanístico, en robots, en los nuevos trabajos o en la gestión del tiempo”, explicó la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, convencida de que hay que demostrar que las mujeres tienen mucho que aportar. “Tenemos que acabar con ese sesgo de discriminación, porque la fiabilidad de un algoritmo no la da únicamente el cómo está diseñado, sino también el por quién”, reflexionó.

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