Las renovables pueden ayudar al crecimiento

El sector industrial español tiene la oportunidad de volver a estar a la cabeza

Las renovables pueden ayudar al crecimiento
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Entre 2002 y 2012, España se situó como líder mundial en el sector de energías renovables, gracias a un ciclo inversor en el que se instalaron aproximadamente 3 GW al año. Para integrar este desarrollo renovable, así como el crecimiento de la demanda eléctrica del país, los operadores de redes realizaron un esfuerzo inversor superior a los 2.300 millones de euros anuales durante el mismo periodo. Estas inversiones permitieron desarrollar una industria nacional competitiva a nivel global, con un gran impacto en creación de riqueza, generación de empleo altamente cualificado y aporte positivo a la balanza de pagos del país.

A modo ilustrativo, la industria renovable realiza un esfuerzo inversor en I+D que se sitúa en más del 3% de su contribución al PIB, muy superior a la media europea de todos los sectores (2,0%) y casi 3 veces superior a la media española (1,2%). Como consecuencia, España ha sido uno de los líderes mundiales en patentes de energías renovables por habitante, solo por detrás de Alemania y por delante de EE.UU. Sin embargo, el parón de las energías renovables que sufrió España entre 2012 y 2016 llevó a frenar las inversiones, pasando a instalar únicamente 0,5 GW al año.
La industria nacional de bienes de equipos eléctricos es un sector puntero y netamente exportador, que genera un 0,5% del PIB nacional y un empleo directo e indirecto en España de más de 30.000 personas de alta cualificación.

La transición energética a un sistema eléctrico libre de emisiones brinda una nueva oportunidad de relanzar la competitividad de la industria española, realizándola sobre fundamentos económicos y tecnológicos sólidos. Para cumplir con los objetivos de penetración de energías renovables a 2030 (32%), será necesario instalar 45-55 GW, requiriendo que los promotores inviertan cerca de 50.000 millones de euros en la próxima década, lo que redundará en nueva actividad industrial (turbinas eólicas, torres, paneles solares, etc). La oportunidad de España ante este reto es decidir si estos bienes los vamos a importar o a fabricar en nuestro país, reactivando los más de 200 centros de fabricación de equipos para generación renovable presentes en la mayoría de comunidades autónomas y creando las condiciones para que nuevos centros productivos se instalen en nuestro país.

Integrar todas esas plantas renovables no será posible si no se acompaña de importantes inversiones en redes eléctricas que permitan su conexión, su integración y operación segura. Serán necesarias nuevas acometidas para integrar centenares de miles de nuevas plantas eólicas y fotovoltaicas, pero sobre todo modernizar y digitalizar una red eléctrica que tendrá que integrar y gestionar una enorme cantidad de potencia de generación eléctrica no gestionable y muy distribuida. De forma simplificada, sobre la red eléctrica tradicional habrá que desplegar dos redes adicionales: una de sensorización y monitorización para controlar y gestionar las plantas renovables, con inteligencia suficiente para resolver múltiples problemas electrotécnicos de forma autónoma y automática; y otra de telecomunicaciones, para que todos los elementos de red y las plantas de renovables estén comunicadas y transfieran la enorme cantidad de datos que la operación segura de este nuevo sistema eléctrico requerirá.

En este marco, las inversiones totales previstas en redes eléctricas durante la transición energética alcanzarán unos 40.000 millones de euros, la mayor parte dedicados a esa modernización y digitalización para dotar a las redes eléctricas de inteligencia. Estas inversiones llevarían asociados unos 40.000 puestos de trabajo. La inmensa mayoría de estos puestos de trabajo serán de alta cualificación en el ámbito de tecnologías punteras, generando una actividad económica de calidad y de alto valor añadido.

La industria nacional de bienes de equipos eléctricos, al igual que las de las energías renovables, se sitúan entre las mejores del mundo, compitiendo en mercados internacionales, demostrando capacidad de innovación, desarrollo de productos punteros y alta competitividad.
Adelantarnos a otros países en la apuesta por la transición energética situará a nuestra industria en mejores condiciones de competitividad internacional. Esta transición permitirá regenerar el tejido industrial español, ligado a las renovables y a las redes inteligentes, para volver a situarlo como referente mundial, generador de riqueza para el país y de empleos de calidad. Las tecnologías renovables tendrán un impacto positivo en la eficiencia y competitividad de la economía, facilitando un crecimiento sólido del sector industrial, mientras se reduce nuestra vulnerabilidad y dependencia energética exterior. La descarbonización del modelo energético se convertirá en una de las mayores oportunidades económicas para nuestro país y la Unión Europea de las próximas décadas.

Alberto Amores es Socio de Monitor Deloitte responsable de la práctica de Estrategia Corporativa de Energía y Recursos Naturales

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