La fotovoltaica flotante, un nuevo mercado en alza

China lidera un negocio solar que moverá en 2024 más de 1.000 millones

Planta de 100 kilovatios de la empresa israelí Solaris Synergy en Singapur.
Planta de 100 kilovatios de la empresa israelí Solaris Synergy en Singapur.

Un nuevo nicho de mercado, aún en ciernes pero en alza, se abre en la solar fotovoltaica. Si bien es una tecnología que emergió por vez primera en Asia, específicamente en Japón, en 2007, hoy se propaga por EE UU y Europa. Once años después, la capacidad instalada global acumulada se acerca a su máximo histórico de 1,1 gigavatios, recoge el estudio Where sun meets water, publicado recientemente por el Banco Mundial y el Instituto de Investigación de Energía Solar de Singapur (Seris, por sus siglas en inglés).

Un pico alcanzado por la fotovoltaica terrestre en el año 2000, pero que hoy supera los 400 gigavatios y que, si se equipara la evolución, da una idea del futuro prometedor de la flotante, vaticina el informe. Sumado a que este segmento moverá en 2024 más de 1.180 millones de dólares (unos 1.000 millones de euros), prevé la consultora india Variant Market Research.

España tiene ya 1,5 megavatios en Murcia y Extremadura

Yossi Fisher, CEO y fundador de la pyme israelí Solaris Synergy, creada un año después (2008) de que germinara la flotante, está convencido de su potencial. “Es un mercado que comenzó a despuntar en 2013, pero crecerá muy rápido”, afirma en una visita a la sede, en un polígono empresarial a las afueras de Jerusalén, gracias a un viaje de prensa organizado por la Federación de Comunidades Judías de España.

La firma, con una facturación de 1,2 millones de dólares, cinco empleados y que se asocia con grandes como la israelí Electra Energy, la singapurense BBR o las coreanas Kepco y HIMC para llevar a cabo sus proyectos, ha desarrollado tres plantas: dos en Israel, de 50 y 690 kilovatios, y una en Singapur, de 100. Y en 2019 inicia otra en Corea del Sur de 720 kilovatios. La instalación total prevista en los próximos años –en marcha– es de cinco megavatios.

Bondades y usos

Es una tecnología idónea para zonas con escaso o ningún suelo disponible; se puede asentar en infraestructuras hidroeléctricas, en embalses; es un 15% más cara pero un 15% más eficiente que la terrestre o de tejados; disminuye la evaporación de agua; mejora la calidad de agua, ya que reduce la generación de algas y la salinidad, y favorece la autorrefrigeración de la propia planta –los módulos tienden a calentarse a altas temperaturas, bajando su producción de energía–, cita Fisher entre las ventajas.

Y, lo mejor, facilita el paso del oxígeno al agua: su estructura tipo raqueta de tenis hace que el sol se filtre entre las redes, y es resistente a huracanes. Por eso, innovaciones como la de Solaris son claves en Israel, un país dependiente del carbón y el crudo y donde el 70% del territorio es desierto –comparable a España aunque en menor proporción–. De ahí que la alta tecnología sea uno de los principales motores del PIB.

En Israel destaca la firma Solaris Synergy, con dos plantas en su país y otra en el exterior

Compañías energéticas, de agua, islas, ciudades costeras, agricultores con agua reservada para el riego y piscifactorías pueden aprovechar este sistema, que se espera que brille en el mar en un horizonte no muy lejano, anhela.

Tras Japón, Francia, Italia, Corea del Sur, España y EE UU comenzaron a probar esta tecnología, con instalaciones piloto o de pequeña escala, apunta el informe Where sun meets water. Pero China lidera hoy un negocio que también llega a Brasil, India, Taiwán... y a Portugal, Suecia, Suiza o Reino Unido en Europa.

Oportunidad

En España, la flotante es un negocio incipiente. Hace apenas un año, en 2017 en Lorca, que se instaló la primera planta, de unos 200 kilovatios, cuenta Fermín Ollora, director general de Stansol Energy –dedicada al diseño de estructuras de soporte de sistemas fotovoltaicos– y delegado de la patronal fotovoltaica Unef en el País Vasco. La potencia total instalada ronda los 1,5 megavatios, calcula, y se concentra en Murcia y Extremadura. No obstante, dice, empieza a extenderse a otras regiones.

“Es aplicable en autoconsumo y comunidades regantes. El alza se debe a su mayor competitividad, por la reducción de los costes del sistema integral, y al avance legal y administrativo, que facilita su integración”, indica. España es también un lugar propicio: “Tiene sol, embalses, balsas de regadío, y es una gran oportunidad para las empresas”, arguye. Ollora coincide con Fisher en sus beneficios ambientales y económicos.

Tecnología vasca

La fotovoltaica flotante, un nuevo mercado en alza

Producto. La compañía vasca Stansol Energy ha patentado una estructura de soporte para proyectos fotovoltaicos, Stanfloat, “más flexible y duradera que las actuales”, asegura su director general, Fermín Ollora.

Fabricación. El sistema (en la imagen inferior) está hecho con materiales compuestos, fijados sobre elementos flotantes de polietileno y juntas elásticas que ayudan a adecuarse al oleaje originado por el viento, explica Ollora. Estos materiales le dan la inclinación idónea para la colocación de los módulos en función de la latitud o periodo de densidad del regadío, si fuera esta su aplicación. Además, se optimiza cada proyecto según las condiciones de inclinación de los módulos, las ambientales (viento, nieve, oleaje) y de mantenimiento, lo que permite ajustar la cantidad de paneles y anular las pérdidas de generación, y así disminuye el coste global, añade. “Conseguimos que la estructura sea más eficaz contra la corrosión y el paso del tiempo”, sostiene.

Beneficios. Sube el rendimiento energético un 8% por la autorrefrigeración de los módulos y reduce un 18% la evaporación de agua y la generación de algas (porcentaje no especificado), mejorando la calidad del agua, vital en regadío, señala. Un producto ideal para industrias intensivas en agua y energía.

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