El G3 de la UE: Alemania, Francia y...¿España?

Hay una oportunidad real de ganar peso en Europa, pero hace falta más esfuerzo y liderazgo

El presidente de Francia, Emmanuel  Macron, la canciller de Alemania, Angela Merkel y el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, la canciller de Alemania, Angela Merkel y el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. EFE

Esta semana, el Ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, en su visita a Madrid ha animado a España a que se una a Alemania y Francia en los esfuerzos de profundización de la Unión Europea. Esta es una invitación muy atractiva que responde a la proposición (indecente) hecha por nuestro Ministro de Exteriores, Josep Borrell, una semana antes en Bruselas al indicar que la pareja franco-alemana no era suficiente para gestionar un club de 27 Estados y que España estaba dispuesta a un ménage à trois, es decir, a formar parte del trío de vanguardia de la Unión. La ambición es buena. La duda es, sin embargo, si España puede estar a la altura.

Justamente esta semana hemos publicado un informe sobre la relación bilateral entre España y Alemania (ampliamente entendida, incluyendo el ámbito económico y comercial, la coordinación en las políticas de la UE, la política exterior y de defensa y los intercambios científicos y culturales) que analiza esta cuestión. Y lo primero que hay que destacar es que quizás la promoción de España se deba más a deméritos de los otros que méritos propios. Normalmente las dinámicas en el grupo de vanguardia consistían en que Francia y Alemania llamaban primero al otro y después llamaban a Londres para temas estratégicos y a Roma para temas relacionados con el mercado único y la unión monetaria. Por cortesía, Alemania también solía llamar a Varsovia para avisar del estado de la cuestión.

No hace falta explicar aquí por qué esa dinámica se ha truncado. Los tres socios se han vuelto problemáticos. El Reino Unido está a punto de sufrir una crisis constitucional por el Brexit, Italia está gobernada por una coalición abiertamente hostil con Bruselas y Berlín y Polonia tiene un Gobierno nacionalista que rehúye de una mayor integración europea. Con este panorama es lógico que Alemania mire hacia España, la cuarta economía de la unión y un país que, aunque tenga un Gobierno en minoría, es claramente europeísta, defensor de los valores liberales y democráticos y está favor de un orden mundial basado en el derecho internacional y el multilateralismo. Características que no abundan hoy en día.

Sin embargo, pese a la aparente cercanía entre los dos países – y el hecho diferencial de que no han tenido tensiones geopolíticas desde la Reforma de Lutero del siglo XVI – la colaboración es insuficiente. La realidad es que Alemania es muy importante para España, pero España no es tan importante para Alemania. Esto se debe a ciertos elementos estructurales. A nivel geopolítico, desde la ampliación de la Unión, Alemania ha mirado mucho más al Este que al Sur. Atrás queda, por lo tanto, el romance entre Helmut Kohl y Felipe González. A nivel económico, Alemania es el principal origen de las importaciones españolas y el segundo destino de nuestras exportaciones. En cambio, España se sitúa solo en el puesto 11º de las exportaciones y en el 12º de las importaciones alemanas (incluso Suiza exporta más a Alemania). Eso se mitiga por el lado del intercambio de servicios, por el turismo alemán, pero el desequilibrio es evidente.

Finalmente, a nivel de percepciones mutuas, el 62% de los españoles considera que Alemania es el principal aliado de España, mientras que solo el 6% de los encuestados alemanes dice lo mismo de España. Esta asimetría también se ve reflejada en un estudio del European Council for Foreign Relations (ECFR) en el que se muestra como los diplomáticos y expertos en Unión Europea de España opinan que Alemania es el cuarto socio con el que colabora más el Gobierno español en asuntos europeos (después de Francia, Portugal e Italia) pero, por contra, los funcionarios y expertos alemanes solo citan a España en 13º lugar (empatado con la República Checa y después de los Países Bajos, Francia, Luxemburgo y Bélgica, Austria, los países nórdicos, Italia y Reino Unido, e Irlanda).

Esto indica dos cosas. Primero, que España golpea por debajo de su peso, pero también que Alemania no le da la importancia que merece España (algo que sí ocurre con Francia, que valora los esfuerzos españoles, sobre todo en el ámbito de seguridad y defensa). Así pues, bienvenido sea el renovado interés que el Gobierno alemán ha tomado por España.

La oportunidad para nuestro país es única y la reciente ambición del Gobierno de Pedro Sánchez en asuntos europeos es esperanzadora. El crecimiento y dinamismo económico (sobre todo en el sector de la exportación) de los últimos años también ayuda. La cobertura de exportaciones con la misma Alemania, por ejemplo, ha pasado del 50% al 78%. Pero volviendo al símil, España no puede simplemente ponerse guapa para formar parte del trío. Para convertirse en un socio fiable hay que remangarse y ponerse a trabajar. Desde la perspectiva alemana, España siempre se apunta a la fiesta de la integración europea (y por lo tanto siempre es alguien con que se puede contar), pero cuando hay que proponer, organizar y a veces recriminar a los que se pasan de la raya, España suele escurrir el bulto. Muchos funcionarios alemanes indican que les gustaría ver una España menos adversa al riesgo y más propositiva y proactiva y con capacidad de liderazgo. La voz española todavía se escucha poco en Bruselas y en Berlín. Y esto no es solo un asunto del Gobierno. La sociedad civil española en su conjunto, desde los empresarios y los sindicatos, hasta la academia, los think tanks y los actores culturales, tienen que estar más presentes en los foros y debates europeos. El potencial existe.

Por otro lado, desde la parte española se le pide a la alemana que también haga más por tirar del carro. Durante muchos años Alemania ha sido esa potencia reticente que ha puesto el freno a una mayor integración europea. También aquí se le pide a Berlín un mayor liderazgo y menos aversión al riesgo. Todo esto nos lleva a la siguiente conclusión. La relación entre Alemania y España es asimétrica, pero ambos quieren que el otro haga más. Esa es una buena base de partida para que España se convierta en el tercer socio de un posible G3, aunque para llegar ahí es importante que España use su tamaño medio para crear también puentes con Holanda, un país clave en el norte, Polonia, el estado líder en el Este de la Unión, e Italia, un país demasiado grande para ser ignorado. Dicho de otra manera, la mejor manera para que la pareja franco-alemana siga interesada en España es demostrar que España tiene otras novias, y novios.

Miguel Otero Iglesias es Investigador principal del Real Instituto Elcano

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