Presupuestos: nuevos impuestos... para pagar gasto improductivo

La propuesta del Gobierno augura más una recesión que una recuperación

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La ministra de Economía, Nadia Calviño, el pasado miércoles. EFE

El Gobierno anunció que España lograría el objetivo de déficit público impuesto por Bruselas. Sin embargo, los nuevos Presupuestos dicen exactamente lo contrario. Bruselas tampoco coincide con España, pues ya ha manifestado su evaluación negativa de la propuesta.

Para el Gobierno español, especialmente para la ministra de Economía, el excesivo control que aplica la UE, así como la estrecha supervisión de las cuentas públicas del país por parte del BCE, comienza a ser un problema. Según Nadia Calviño, la presión aplicada desde Bruselas dará fin el próximo año, pues se pretende materializar el nuevo objetivo de deuda del 2,7%.

La presión del BCE no es más que una supervisión con el único fin de mantener una estabilidad en las cuentas públicas, así como un objetivo de déficit de deuda que no supere el 3% del PIB, y con ello, mantener la estabilidad económica de la eurozona fuera de riesgos como el exceso de deuda pública. Pese a lograrse el objetivo de deuda, España sería el último país en abandonar el exhaustivo control de Bruselas.

Aunque cueste creerlo, dada las políticas expansivas que pretende aplicar el Gobierno español en sus Presupuestos, la ministra ha afirmado que España reducirá su déficit, llevando al país a abandonar el Procedimiento de Déficit Excesivo, logrando así el visto bueno de la autoridad y encauzando una nueva senda de reducción de déficit que saque al país del riesgo que presenta.

Si España lograse reducir su déficit presupuestario –muy complicado con este tipo de políticas– llevándolo a cifras más normalizadas y, más importante, por debajo del 3%, el país entraría en un nuevo sistema de regulación menos intensivo que el anterior, pero que tiene como objetivo la supervisión de que no recaiga en excesos presupuestarios que amenacen el déficit y lo incrementen por encima del 3%. Una política comprensible, teniendo en cuenta los grandes excesos de deuda que están contrayendo los países a nivel global.

Esta política por parte del Gobierno español viene en un momento bastante complicado, pues según sus declaraciones públicas, los Presupuestos de este año vienen cargados de un excesivo aumento de la deuda pública; producto de un excesivo aumento del gasto público tras la aplicación de políticas económicas expansivas, con el único fin de reactivar la economía. Si cotejamos y comparamos las declaraciones de la ministra y los presupuestos, hay algo que no encaja.

Donde tampoco les encaja es en Bruselas, donde ya han avisado de que los Presupuestos presentan unas cifras que poco se ajustan a una realidad. Para la autoridad, los reajustes de deuda no son lo suficiente ambiciosos como para lograr esa senda de ajuste y reducción del déficit. Además, según el organismo, lo planteado por España elevaría el déficit a niveles superiores. También lo cree así el FMI, el cual ya ha anunciado una rebaja en las previsiones, realizando un reajuste a la baja en las previsiones de crecimiento.

El 2,7% no era la cifra exigida por Europa, pero reduciría el déficit por debajo del 3%, dejando el país dentro de los parámetros de estabilidad. Sin embargo, se piensan aumentar los gastos y la deuda, mientras que por otro lado, el país promete rebajar su déficit público. ¿Dónde está el truco?

El truco de este Gobierno no está en ningún lado. No hay pócimas mágicas que reduzcan el déficit público pese al aumento de gasto y la deuda. La única razón a la que se debe esto es a la programada, a la vez que indiscriminada, subida de impuestos que pretende aplicar el Gobierno. Una maravillosa ingeniería financiera que llevará al país a un aumento de presión fiscal y de la que no se han evaluado, al parecer, los daños colaterales que puede conllevar.

Según afirmaba el Ejecutivo cuando anunciaba públicamente los nuevos Presupuestos del Estado, esta nueva senda de reducción de déficit se plantea por la inyección de nuevos ingresos, más que ficticios, que figuraban por el mero hecho de subir impuestos. Con estas nuevas medidas, parece que el Gobierno no mira la economía española, a la vez de no ser consciente de lo que una excesiva subida de impuestos produciría en la economía nacional.

Para el Gobierno, toda solución tiene como cabecera “impuesto a”. Una solución más que desmedida si observamos donde se pretenden aplicar estos impuestos, así como el modo en el que pretenden aplicarlos. Es una verdadera salvajada para la economía española, pues estamos ante un Gobierno que plantea unas medidas económicas completamente inversas a las que están aplicando, a la vez que funcionan, otros países de la eurozona.

Pensiones sujetas al IPC, equiparación de los permisos de paternidad y maternidad, entre otros muchos objetivos que plantea este nuevo Gobierno y que incurrirán en un sinfín de gastos que para nada pueden ser entendibles en el contexto económico que vive España. Además, para ello, vemos como el Gobierno anuncia la aparición del impuesto a la banca, al diésel –impuesto verde–, y por qué no, más impuestos a las empresas.

Con este nuevo planteamiento, el Gobierno pretende solucionar todo. El hachazo fiscal no solo reducirá el poder adquisitivo de las familias españolas y los ciudadanos, si no que la destrucción de empleo será lo siguiente, por lo que más que una solución, como decía el economista Daniel Lacalle, parece la receta para una nueva recesión.

Volvemos a ver un Gobierno que pretende financiar sus excesos de gastos público mediante la imposición de medidas de carácter recaudatorio y que, por ir más allá, seguirían sin alcanzar los niveles necesarios para no incurrir en deuda. Una hipocresía en si misma, pues pretenden vendernos una reducción del déficit con una propuesta presupuestaria que lo elevaría por encima del 25% en términos estructurales. En conclusión, estamos ante unas políticas que auguran más una recesión que una recuperación.

Francisco Coll Morales es director adjunto de HAC L&M School of New York

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