¿Por qué la cultura japonesa es idónea para hacer negocios?

Se requieren cerca de dos años para generar confianza y fijar las bases de una relación que será de largo recorrido

Las organizaciones niponas son respetuosas, cuidan el detalle y huyen del conflicto

Liderazgo
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Los japoneses son extraordinariamente cuidadosos con el detalle. Además, su visión no es tan a corto plazo como la de los europeos o americanos. Y eso da estabilidad”. Las reflexiones son de Miguel Ángel García, director general regional para el sur de Europa de Olympus, un ingeniero de telecomunicaciones, cuya carrera profesional se ha desarrollado en compañías de origen nipón, ya que anteriormente trabajó en Sony. Conoce bien la manera de trabajar en el país asiático, apta para todo aquel que ame los viajes largos, las estrategias que se prolongan en el tiempo, la consolidación, el trato con las personas o el rol humano dentro de la organización. En cambio, apunta, alguien con ansia de velocidad, de innovación del siglo XXI y con necesidad de cambio permanente no debería trabajar nunca en una empresa japonesa, “porque no lo va a disfrutar”.

También señala, desde su experiencia, que una de las mayores dificultades es la toma de decisiones. “Hay que tener más paciencia de la que normalmente tiene un español, además de tener muchas otras consideraciones que culturales, como la manera que tenemos de discutir, de llegar a conclusiones o llevar a proyectos adelantes”, explica el directivo de Olympus en el libro Wa. Claves de la cultura corporativa japonesa (Libros de Cabecera). Uno de sus coautores, Jorge Calvo, vicedecano de la escuela de negocios Globis en Japón y profesor asociado en Esade, señala como señas de identidad las relaciones a largo plazo, así como la creación de entornos en los que caben todos, “en los que no hay perdedores y donde siempre hay predisposición para apoyar a la otra parte”.

Por ello, recomienda paciencia a todo aquel que desee hacer negocios en Japón o establecer relaciones con alguna empresa de este país. Y establece un plazo de uno o dos años de cortejo para que se genere un marco de confianza. “El tiempo no es un problema, porque para ellos lo importante es establecer relaciones sólidas”, añade Calvo, que destaca otros dos elementos clave, como son el respeto y la eficiencia. “Ellos entienden los procesos como evolutivos para que las relaciones sean fructíferas a largo plazo”, señala este experto, quien cita varios ejemplos de grandes alianzas de empresas españolas en el país asiático, como Acciona con Mitsubishi o Repsol, que lleva más de dos décadas trabajando con Honda en el desarrollo de carburantes para alta competición. En la cultura empresarial japonesa se dejan muy pocos cabos sueltos, no cabe la improvisación. Se cuidan los detalles con esmero y la planificación es profunda, “excesiva, ya que hay aversión al riesgo”, afirma Calvo.

En este sentido, Antonio Alcalá, exdirector general de Fujifilm España y Portugal y en la actualidad asesor sénior de la compañía en Europa, destaca la excesiva jerarquización de las organizaciones: “se debe informar permanentemente y esperar a recibir luz verde antes de actuar a pesar de retrasar las decisiones”. También señala el valor que se le da al trabajo en equipo frente a la cultura individualista de países como España. “Todo funciona en grupo, ha de estar consensuado, y las cosas a veces se ralentizan más de la cuenta. Es positivo, ya que cuando un grupo toma una decisión todo el mundo trabaja en la misma dirección”, afirma Alcalá.

Es lo que ha hecho, en parte, que muchas empresas japonesas, a pesar de la crisis, sigan siendo líderes en distintos sectores. “El nivel de innovación es muy alto. Las técnicas de gestión, tanto de management general como en la parte industrial, son súper detalladas, yo diría que preciosistas”, reconoce Jorge Lasheras, expresidente de Yamaha España. Todo esto hace, continúa el ejecutivo, que “puedas aprender tu profesión con unas técnicas muy depuradas de gestión, en un marco de empresas que siguen siendo, pese a todo, grandes líderes tecnológicos”.

Adentrarse en una organización japonesa requiere adoptar una actitud humilde, tener una mente abierta para aceptar que hay otras formas de hacer las cosas, otras maneras de pensar y estar dispuestos a aprender. “Luego está la seguridad. Si haces las cosas como se tienen que hacer llegas a sentirte seguro. Es difícil hacer amigos en el trabajo, pero una vez los haces son para toda la vida”, asegura Pedro Navarrete, coautor del citado libro, que habla tras su experiencia como director general de Sony España.

Qué es la armonía ‘Wa’

Equipos. En Japón, el sentido de comunidad está muy por encima del individuo. Es lo más importante, siempre prevalece, aún a costa del sacrificio personal. “Los japoneses son muy buenos socios, son fiables, además de ser una cultura antigua, que siempre ha estado aislada y eso le hacer ser una sociedad resiliente”, explica el experto Jorge Calvo.

Obediencia. Existe un fuerte sentido jerárquico de obediencia. Se respeta a los demás más que a uno mismo, el grupo de trabajo está unido y no existe competencia entre sus componentes. El valor supremo que rige la armonía Wa se resume en un dicho japonés: “no hay que romper la quietud de la superficie del agua en el estanque”. Es el valor supremo. El conflicto se rehúye porque rompe la armonía.

Puntualidad. Es sagrada. También se entiende como un acto de respeto y de cortesía hacia los demás. Y ese equilibrio también se refleja en el medio ambiente. En Japón, “mantener la limpieza es no generar desperdicios”.

Asignatura pendiente. Uno de los puntos débiles si se compara con la cultura empresarial occidental es la escasa diversidad de género, sobre todo en los puestos directivos.

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