¿Caminamos hacia una burbuja emprendedora?

España se ha convertido en uno de los países con más redes de inversión de Europa

¿Caminamos hacia una burbuja emprendedora?
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Leí hace poco sobre la incubadora que han lanzado en el Vaticano (sí, han leído bien), Laudato Sí Challenge. Confieso que lo primero que pensé, ay de mí, pobre pecador, es que sin duda tendrían los mejores business angels. Este tipo de iniciativas son siempre interesantes y probablemente muy bien intencionadas. Más allá de la oportunidad puntual de cada una de ellas, llama la atención la cantidad de proyectos similares que han surgido en los últimos años en el mundo. ¿Hay espacio suficiente para todos ellos?

Luís Martín Cabiedes es un inversor de referencia en nuestro país y una de las mentes más lúcidas en cuanto a su visión del ecosistema emprendedor local. He oído al señor Cabiedes afirmar en más de una ocasión que estamos ante una burbuja emprendedora. Tratándose de un inversor con su experiencia, haríamos bien todos en prestarle atención.

España se ha convertido en pocos años en uno de los países con más redes de inversión de Europa. Contamos con un número creciente de aceleradoras, incubadoras y venture-builders. Aumenta el número de business angels y plataformas de inversión cada año y la inversión en startups cotiza al alza. Se ha puesto de moda crear aceleradoras corporativas, a veces con poco margen de continuidad, así como una gran variedad de premios y pitching events con orientaciones diversas.

Si tiene usted una startup atractiva y busca financiación inicial, hoy debería resultarle relativamente sencillo levantar (suena mal, lo reconozco, así es como se llama en el argot del ecosistema) unas cantidades iniciales. Este tipo de inversión se ha vuelto popular. Es frecuente que grupos de inversores no profesionales junten cantidades pequeñas para sumar entre todos, o lo hagan individualmente a través de cualquiera de las muchas plataformas de crowdfunding existentes. En paralelo, con el apoyo de un buen consultor, podrá optar usted a conseguir fondos públicos adicionales. Con suerte, le ayudarán a complementar el dinero privado.

Esto no es nada malo en sí mismo: se crea una gran oportunidad para dar a conocer proyectos prometedores y se estimula la competencia entre ellos por el dinero. El problema surge cuando se proyecta una expectativa infundada de las posibilidades de éxito, como si encontrarse ante el próximo unicornio fuera lo normal. Lamentablemente, como todos deberíamos saber, los unicornios son seres mitológicos: rara vez los ha visto nadie y quienes creían haberlos visto probablemente los confundieron con otra cosa. Invertir en startups es una actividad de alto riesgo.

El exceso de optimismo inversor puede también contribuir a crear cierto sesgo, empujando las valoraciones al alza. Se puede acabar desarrollando una oferta artificial que supla la ausencia de buenos proyectos, para satisfacer la demanda creciente de oportunidades en que invertir. ¿Podría ser la actual eclosión de aceleradoras e incubadoras un síntoma a tener en cuenta?

Un buen número de startups que he conocido tenían una idea cautivadora y emprendedores muy motivados, pero también grandes retos en sus capacidades de ejecución y experiencia. Las fábricas de proyectos pueden involuntariamente proporcionar un empuje inicial no natural a iniciativas que de otra forma no llegarían al mercado. Existe el peligro de que un alto porcentaje no sobreviva al llegar a la siguiente fase, o llegue tarde y sin cumplir las expectativas. Si conseguir dinero en fases tempranas se ha vuelto más fácil, el número de inversores cualificados en las siguientes etapas desciende y sus criterios de entrada se basan en métricas objetivas y retornos claros.

¿Significa esto que debería limitarse el desarrollo de este tipo de iniciativas, al menos desde un punto de vista institucional? Creo que no. Es indudable que la inversión en este ámbito de ciudades como Barcelona o Madrid, o el acertado apoyo de entidades como Enisa o el CDTI, ha hecho que se cree un elemento más de atracción de talento y riqueza. Interesa seguir apostando por la iniciativa emprendedora innovadora y de calidad, reforzando las carencias actuales y procurando crear un ecosistema integrado.

Desde el punto de vista de país, no deberíamos olvidar la enorme distancia que nos separa de entornos plenamente estructurados y competitivos como el estadounidense, ni engañarnos pensando que la next big thing será la solución a otros problemas estructurales que tenemos en España y en general en Europa. ¿Podría ser más útil apostar por ser selectivos y crear masa crítica frente a dispersar esfuerzos? Están surgiendo diferentes hubs especializados que apoyan iniciativas tecnológicas viables y con mayor retorno hacia el entorno industrial o económico. Si se coordina bien, esta puede ser una vía.

El tiempo dirá si por aquí estamos ante una nueva burbuja inversora o no. El sistema está bien encaminado. Hay buenos proyectos. Si hay burbuja, posiblemente lo es más de ajuste de expectativas que de valor. Mientras tanto, al inversor privado le conviene ser muy consciente de que los emprendedores tienden a ser optimistas e infravaloran las dificultades. ¿Ha pisado usted alguna vez el Death Valley, al sureste de California? Visualizará bien entonces lo que quiere decir “superar el valle de la muerte”. En startups esta expresión define el periodo entre la capitalización inicial de la idea y la llegada a los primeros resultados. Emprender es un camino largo y duro. No siempre hay un oasis de dinero esperando al final.

Personalmente no dejaré de seguir con interés la evolución de nuestro ecosistema emprendedor. A partir de ahora iré mejor preparado a los foros de inversión. Tal vez no sea mala idea inspirarse en la iniciativa del Vaticano. Contar con un poco de apoyo divino no puede ir mal para invertir con algo más de sabiduría.

Pedro Nueno es Socio director de InterBen

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