El Presupuesto necesita más rigor en el gasto para reducir el déficit

Hacienda debe dar detalles convincentes sobre el comportamiento de los gastos para asegurar que únicamente crecerán el 3,1%

El Gobierno aprobó ayer su plan presupuestario para 2019 y renovó sus proyecciones de desempeño fiscal hasta 2021, tratando de ajustarlo tanto al pacto presupuestario con Podemos como a la senda de déficit público enviada a Bruselas en julio y pendiente de aprobación en las Cortes, y que permitían llevar el desequilibrio fiscal de las Administraciones al 1,8%, en vez de al 1,3% diseñado por Rajoy. En todo caso, los responsables económicos admiten que de no abrirse paso en el Senado el nuevo escenario de déficit por el bloqueo del PP, el Presupuesto se ajustará al escenario antiguo, validado en el Parlamento y en Bruselas. El Gobierno debe admitir que las cuentas y sus variables no pueden valer para una cosa y para la otra, y que si están diseñadas para el déficit del 1,8%, deberían ser modificadas sobre la marcha para adaptarlas al desequilibrio mucho más exigente del 1,3%.

Y tal ejercicio obligaría a exprimir las partidas de ingresos y limar las de gastos, puesto que se producirían también en un escenario de actividad económica menos optimista que el vigente hasta ahora, ya que el Gobierno ha admitido que la economía crecerá menos este año y el próximo, aunque sea una cuestión de décimas. Hacienda debe dar detalles convincentes sobre el comportamiento de los gastos para asegurar que únicamente crecerán el 3,1%, tras elevar varias partidas en el pacto presupuestario, entre otras algunas tan vastas como las pensiones o la factura financiera que se antoja más elevada a juzgar por la evolución de los tipos, y hacerlo compatible con el compromiso adicional expresado ayer de que la inversión crecerá más que el gasto social.

Los ingresos está previsto que lo hagan un 5,7%, más creíble tras los ajustes al alza de algunos impuestos y la creación de otros nuevos, y todo pese a que el ciclo puede aportar menos desde ahora. Y debe aclarar cómo logra reducir el déficit de la Seguridad Social desde el 1,8% actual al 1,1% en 2019, si la desmesurada elevación de las bases mínimas de cotización (un 22,3%) solo aporta 2.000 millones adicionales.

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