El valor de una tesis doctoral

El polémico doctorado de Pedro Sánchez ha sembrado duda sobre este tipo de trabajos de investigación

Aportan prestigio a las universidades y alta capacitación a los doctores para incorporarse a la empresa privada

Tesis doctoral
La media para hacer una tesis es de tres a cinco años. Getty Images

Umberto Eco definió una tesis de doctorado como un trabajo mecanografiado de una extensión media que varía entre las cien y las 400 páginas, en el cual el estudiante trata un problema referente a los estudios en que quiere doctorarse. Y todo esto requiere de tiempo, entre otras razones, según escribió el escritor y profesor de universidad italiano en Cómo se hace una tesis, porque se trata de una investigación “original”, que requiere de un conocimiento exhaustivo de lo que “han dicho sobre el tema los demás estudiosos”, pero sobre todo porque es preciso “descubrir” algo que los demás no hayan dicho todavía. En este sentido, especifica Eco, un descubrimiento, por ejemplo, en humanidades, no se trata de ningún invento revolucionario como pueda ser hallar “la escisión del átomo, la teoría de la relatividad o un medicamento que cure el cáncer”. En cualquier caso, apunta el filósofo “el estudioso ha de producir un trabajo que, teóricamente, los demás estudiosos del ramo no deberían ignorar, pues dice algo nuevo”.

Porque el fin de una tesis doctoral es que tenga una “aportación original al conocimiento, que añada algo nuevo a cualquier tema de especialización”, señala Javier Díaz Nido, director de la Escuela de Doctorado de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). En definitiva, que la investigación realizada desarrolle conocimiento nuevo en cualquier disciplina en forma de un amplio abanico de posibilidades, “ya que hay aportaciones que son más tradicionales, otras más novedosas, pero también las hay más modernas, y no es lo mismo una tesis en Derecho que en Ciencias Experimentales”. Su duración también depende de ello y de la dedicación, que puede ser a tiempo completo o parcial, pero la media suele estar entre los tres y los cinco años.

Un real decreto de 2011 regula las enseñanzas oficiales de doctorado en España, fruto de haber incorporando las reformas legislativas en base a los principios del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), con el fin de hacer un lugar basado en el conocimiento, ya que la formación de investigadores debe ser un elemento clave de una sociedad avanzada. El título de doctor representa el escalón más elevado en la educación superior, a la vez que acredita el más alto rango académico y capacita al doctorando para dedicarse a la docencia y a la investigación. Lo que significa que se ha formado en técnicas de investigación, ha asistido a congresos o cursos, ha escrito artículos y realizado distintas actividades que le avalan para seguir investigando de manera profesional. Aunque es cada universidad la que establece su propio plan de investigación, existen elementos comunes que han de cumplirse conforme a la normativa que, en consonancia con las recomendaciones europeas, enfatiza en el necesario papel que la supervisión y el seguimiento de las actividades doctorales, según los objetivos de los programas de doctorado y de las Escuelas de Doctorado.

Según detalla el responsable de la UAM, desde el momento en que se aprueba por un comité de expertos que analizan hasta qué punto el tema a investigar aporta conocimiento. “Ahora está mucho más estructurado que antes, que se hacía entre el catedrático y el alumno. Todo eso ha cambiado y lo primero que se hace con el director de la tesis es elaborar un plan de investigación, plantear unos objetivos y sobre todo se fija cómo se va a hacer”, detalla Díaz Nido.
En cuanto a la elección del tema, afirma Umberto Eco en su libro, hay algo que siempre hay que evitar, que el profesor imponga el tema, lo que no quiere decir que el doctorando no reciba los consejos del docente. Y enumera cuatro reglas básicas: que el asunto a analizar corresponda a los intereses del alumno, esto es, que esté relacionado con el tipo de exámenes realizados, sus lecturas o sus ideas políticas, culturales o religiosas; que las fuentes a las que se recurra sean asequibles, que estén al alcance físico de quien realiza la investigación, pero que también sean manejables, o lo que es lo mismo, que estén a su nivel cultural; y que el cuadro metodológico de la investigación esté al alcance de la experiencia del doctorando. Esto se resume, dice el escritor, en que “el que quiera hacer una tesis, debe hacer una tesis que esté capacitado para hacer”, lo que evitará, precisamente, el fracaso y el abandono de un trabajo de este tipo.

La Escuela de Doctorado de la UAM cuenta con más de 3.000 doctorandos en circulación de las cinco disciplinas -arte y humanidades, ciencias experimentales, ciencias de la salud, jurídico e ingeniería-, dispone de tres tipos de evaluación. Por un lado, la que realiza la comisión académica, al que suma el control por parte de la comisión de la universidad con unas comprobaciones anuales, y finalmente la de los expertos, que son los que evalúan el trabajo final. “Por tanto, cuando se llega a la prueba final se tienen que dar las circunstancias para que esa tesis se supere con éxito”, afirma el responsable de esta área, que agrega que la polémica surgida a raíz de la tesis doctoral del presidente de Gobierno Pedro Sánchez ha puesto encima de la mesa un tema que le preocupa. “Se ha frivolizado con algo tan serio como este, ya que en España hay un gran desconocimiento sobre los doctorados”.

En este sentido, también quiere aclarar que más allá de los controles antiplagio que existen, lo importante es que los comités de expertos vayan más allá de la copia de textos, y que las aportaciones sean relevantes y originales”, explica. Porque no plagiar no es suficiente, aunque cuando se cita otros textos hay que indicar la fuente a la que corresponde. “Que la aportación sea nueva y relevante, eso es lo que da la medida de la calidad de una tesis”, afirma el director de la UAM, quien añade que el prestigio de una universidad se mide por la investigación que realiza.

La creatividad de un doctor

Es la cantera de la universidad, la que genera nuevos investigadores. Por tanto, aquellos doctorandos que se dedican a ello a tiempo completo han de tener unas condiciones de trabajo dignas. “Hay variedad de contratos y, de momento, no está muy regulado, pero el Ministerio de Ciencia está trabajando en un estatuto para el personal investigador doctoral”, afirma Javier Díaz Nido, director de la Escuela de Doctorado de la UAM.

Salidas profesionales. Además del ámbito académico, los doctores están capacitados para desarrollar su carrera en la empresa privada. “Son creativos, innovadores, saben trabajar en equipo, resuelven problemas, ubican resultados y tienen un elevado nivel de cualificación”, detalla Díaz Nido, quien añade que son profesionales capaces de llevar a una empresa una mentalidad innovadora y creativa.

Aprender a poner orden en las ideas. Se trata de un trabajo metódico, dice Umberto Eco en Cómo se hace una tesis, por lo que el orden está garantizado, tanto como el ejercicio de la memoria.

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