El secreto mejor guardado del campo español se esconde en un polígono de la A-6

La ley del seguro agrario de España es una de las mejores del mundo

La siniestralidad llegó a máximos históricos en 2017 por la fuerte sequía

Un viñedo de uva txacoli, en el País Vasco.
Un viñedo de uva txacoli, en el País Vasco.

Las exportaciones agrícolas españolas van viento en popa. El año pasado superaron por primera vez los 50.000 millones de euros. El campo español genera empleo, innovación y superávit comercial. Los agricultores y ganaderos han modernizado sus formas de producción y han apostado por la internacionalización. Pero lo que pocos saben es que buena parte del éxito del sector primario español tiene su origen en la primera ley que se aprobó tras la Constitución española, hace ahora 40 años. La ley del seguro agrario es un virtuoso caso de colaboración público-privada, que cada año vienen a estudiar expertos de todo el mundo. En 2017 llegaron delegaciones de Turquía, Corea del Sur y Rusia a conocer el sistema.

“El modelo español de seguro agrario está entre los mejores del mundo, a la par del de Estados Unidos. El sistema brinda a los agricultores y ganaderos una sólida certidumbre de que cobrarán aunque una helada o una granizada dañen su producción, lo que mejora la planificación e incentiva la inversión”. Quien habla es Sergio de Andrés, directivo de Agroseguro, la agrupación de aseguradoras encargada de tramitar los seguros agrarios.

La sede de la compañía está en la calle Gobelas, 23, de Madrid, en un discreto polígono empresarial a orillas de la autopista A-6. La compañía cuenta con 241 empleados y una docena de delegaciones por toda España, pero su actividad se extiende hasta el último terruño cultivable del país, desde los viñedos de Malvasía en Lanzarote al mar de plástico en Almería.

El año pasado fue uno de los más difíciles de la historia del campo español. A la sequía extrema se sumó el pedrisco, que afectó a muchas producciones. Agroseguro tuvo que tramitar 129.000 siniestros agrícolas. Una cifra nunca vista. La compañía había asegurado bienes por 13.660 millones de euros, tras ingresar 661 millones de euros en primas. En total vendió 426.000 pólizas.

Los integrantes del sistema

  • Agricultores. En las mesas de negociación de Enasa (Ministerio de Agricultura) se sientan con las aseguradoras para fijar el precio de las indemnizaciones, el grado de cobertura y las primas que van a pagar. Además, las asociaciones agrarias operan como mediadores de seguros, para comercializar las pólizas.
  • Aseguradoras. 21 compañías son accionistas de Agroseguro, junto al Consorcio de Compensación de Seguros, un pool asegurador que tramita los siniestros y paga las indemnizaciones. Además, se encargan de vender los seguros de Agroseguro, normalmente a través de mediadores agricultores y especialistas en el ramo.
  • Consorcio de Seguros. Esta entidad dependiente del Ministerio de Economía es accionista de Agroseguro (10%) y se encarga de reasegurar los riesgos más catastróficos. Si un año la sequía es mucho peor de lo esperable, las pérdidas excepcionales que podría sufrir Agroseguro las absorbe el Consorcio, que se financia con un pequeño recargo en todo tipo de seguros.
  • Agricultura. Acoge a Enesa, donde agricultores y aseguradoras fijan precios e indemnizaciones. Además, con las comunidades autónomas subvenciona la contratación de seguros agrarios, que pueden llegar hasta el 40% del precio.

Los agricultores o ganaderos que sufrieron estas incidencias meteorológicas cobraron, de media, a los 45 días de la tasación. Con lo que, de facto, cobraron antes de lo que lo harían si hubieran vendido en el mercado.

¿Y qué hay del importe de las indemnizaciones? Aquí es donde viene la colaboración entre el sector primario, el sector público y las aseguradoras. Hay seguros agrícolas para 43 líneas de productos distintas: cítricos, uva de mesa, fresón, olivos... Cada año, cinco meses antes de que comience la campaña, la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (Enesa, dependiente de Agricultura) reúne en mesas de negociación a los agricultores y las aseguradoras para que se fijen las primas y los precios a los que se va a pagar la producción agrícola dañada. Así se garantiza que las indemnizaciones sean justas.

“Se intenta que todas las líneas de seguro estén equilibradas económicamente, pero el clima es totalmente impredecible y hay algunas líneas que son deficitarias compensándose con otras”, ­apunta De Andrés. Agroseguro busca que las 43 líneas de seguro agrícola puedan dar precios ajustados, pero algunas son deficitarias, y son compensadas por otras.

"El seguro agrícola nos deja un margen mínimo, pero es la puerta de entrada para llegar a muchas personas"

Agroseguro no es una compañía de seguros al uso. Es un coaseguro participado por 21 compañías, junto al Consorcio de Compensación de Seguros (CSC, de carácter público), que tiene el 10% del accionariado. El reparto de poder dentro de la compañía depende de las ventas en los cinco años previos. Mapfre es la que más seguros agrarios ha comercializado, así que tiene el 20%, casi igual que Pelayo y Caser (que rozan el 19%).

Aunque Agroseguro es quien se ocupa de emitir las pólizas en régimen de coaseguro, tramitar los siniestros y pagar las indemnizaciones, son sus compañías accionistas las que se encargan de comercializarlas. ¿Y cómo compiten teniendo los precios fijos? Tan solo por los gastos comerciales y de gestión. Si son capaces de vender más pólizas a más agricultores, conteniendo los gastos, ganan cuota y sacan margen.

“El seguro agrario nos deja un margen mínimo, pero es la puerta de entrada para llegar a muchas personas. El modelo es un grandísimo ejemplo de colaboración público-privado”, explica José Boada, presidente Pelayo Seguros.

Agroseguro ganó en 2017 poco más de un millón de euros, y las 21 compañías que participan, menos de 10 millones. Pero es la puerta de entrada para llegar a los agricultores y venderles otro tipo de pólizas.

Dentro de este entramado de intereses, las comunidades autónomas y Agricultura también participan, llegando a subvencionar hasta el precio del 40% del seguro. Es una subvención directa, que se descuenta directamente de la prima.

Además, el Consorcio de Compensación de Seguros participa como reasegurador. Así, si el año pasado la sequía arrasó la cosecha de cereal, causando el triple de siniestralidad que la prevista, Agroseguro no tiene que hacerse cargo, sino que es el Consorcio quien cubre las pérdidas extraordinarias. La aportación estatal a este seguro supera los 260 millones de euros al año.

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