Análisis técnico, ¿herramienta o quimera?

La mayoría de gestores profesionales resta importancia a esta fórmula de inversión

Esta disciplina trata de predecir la evolución bursátil viendo tendencias

Análisis técnico, ¿herramienta o quimera?

Quitémonos las caretas, el análisis técnico no vale para nada. Hay que tirarlo a la papelera si se quiere ser alguien en la Bolsa”, zanja Álvaro Guzmán de Lázaro, director de inversiones de la prestigiosa gestora azValor. “El análisis técnico es una disciplina que me ayuda a determinar si una acción subirá o bajará”, afirma Stanley Druckenmiller, gestor de fondos alternativos y uno de los mejores inversores de la historia, con rentabilidades anuales del 30%.

Estas dos opiniones tan diametralmente opuestas ejemplifican el debate que existe sobre esta disciplina. Mientras que para la mayoría de gestores profesionales se trata de una metodología marginal y obsoleta, para su legión de seguidores es un instrumento útil que ayuda a batir al mercado.

Y ponen como ejemplo a un buen número de inversores de éxito (Drucken­miller, Bruce Kovner, Paul Tudor Jone Gundlach, George Soros...) que se hicieron de oro apoyándose en el análisis técnico.

En la actualidad, esta forma de aproximarse a la inversión tiene una relevancia muy limitada en las gestoras de fondos de inversión, aunque los cursos online y presenciales de iniciación a esta metodología siguen proliferando como setas.

La opinión de la academia

Premios Nobel. Eugene Fama, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2013, es uno de los académicos que más ha analizado las causas que provocan los movimientos de las acciones. Aunque reconoce que hay algunas ineficiencias en los mercados y que los inversores especializados en arbitraje pueden aprovechar, el desarrollo tecnológico y la velocidad de intermediación ha mejorado la eficiencia de los mercados bursátiles y cada vez es más difícil sacar provecho de las anomalías y los patrones del mercado.

Pero empezemos por el principio: ¿en qué consiste el análisis técnico? Se trata de una disciplina de inversión con más de un siglo de historia que se basa en predecir la evolución de las cotizaciones bursátiles analizando su tendencia. Evalúa precios antiguos del mercado, volúmenes de compraventa, mínimos y máximos históricos... para predecir qué hará una determinada acción o índice.

Una de las variantes del análisis técnico es el estudio de gráficos que describen la evolución de una acción. Así, si en el patrón se puede apreciar que la cotización ha dibujado una forma de “hombro-cabeza-hombro” (sic), esto sería una señal de que la acción va a empezar a caer con fuerza.

“Para mí, el análisis técnico es una herramienta útil que complementa muy bien mi estrategia principal de inversión, basada en el análisis macroeconómico”, explica Hugo Ferrer, asesor del fondo Renta 4 Multigestión Ítaca Global Macro. “Es como un termómetro, que sirve al médico para medir sus diagnósticos, para reevaluar la situación y limitar daños en caso de error o eventos inesperados. Pero no es una herramienta alrededor de la cual se pueda fundamentar toda la práctica médica”, asegura.

El mejor momento para comprar

Máximos y mínimos. Los gestores de inversiones más convencionales sí que tienen en cuenta qué ha hecho una acción en los últimos días y sesiones para decidir si compran o venden. Una vez fijado el precio objetivo, tratan de optimizar la toma de posición en un valor adquiriéndolo a lo largo de varias sesiones, y teniendo muy presente el precio medio que ha mantenido en las anteriores semanas y los máximos y mínimos del año.

La visión más moderna del análisis técnico descarta el puro análisis de los gráficos de evolución bursátil (conocido como chartismo) y defiende una utilización de forma contextualizada.

“El análisis técnico es un instrumento excelente siempre que se aplique de forma accesoria a un buen análisis macro o fundamental. A los operadores 100% técnicos les recomendaría que levanten la vista de la pantalla y se centren en analizar qué es lo que condicionará las cotizaciones a medio plazo”, apunta Ferrer.

Otros profesionales del mundo de la inversión mantienen una posición mucho más beligerante. Es el caso de Unai Ansejo, consejero delegado de Indexa Capital y profesor en un máster de finanzas cuantitativas en la Universidad del País Vasco. “El análisis técnico es una patraña. Es la palabra que mejor lo define. Los estudios académicos han demostrado desde los años sesenta que el análisis técnico es una herramienta que aporta poco valor a la hora de invertir”, explica.

Ansejo va más allá y denuncia que esta metodología “se ha generalizado por el empuje que le han dado las casas de corretaje, que se benefician cuando los clientes realizan operaciones a través de ellos. El análisis técnico tiene la ventaja de que es fácilmente comprensible y puede dar todas las señales de compra o venta que quieras”, apunta.

Profecías autocumplidas

Niveles de soporte. Los conceptos de soporte y resistencia son piezas clave del análisis técnico de los mercados financieros. Un soporte es un nivel de la cotización de un valor por debajo del actual, se espera que se frene el desplome de una acción. Normalmente, un soporte corresponde a un mínimo alcanzado anteriormente. Si rompe el soporte, las caídas podrían ser mucho mayores. Como ocurre con las profecías autocumplidas, si muchos inversores tienen presente en su operativa estos conceptos de soporte, al perforarlos serán muchos los que decidan deshacer posiciones, con lo que propiciarán un desplome mayor.

Muchas de las casas de compraventa de acciones que operan en España ofrecen clases para ayudar a iniciarse en esta disciplina. La “academia” de trading de la firma IG tiene en su web cursos online de 55 minutos sobre Principios básicos del análisis técnico. En esta formación se explica “cómo comenzar a utilizar gráficos para prever el posible movimiento futuro de un mercado, ayudándole así a detectar posibles oportunidades de trading”.

También AvaTrade, ProRealTime, XTB... tienen en sus páginas de internet cursos para aprender cómo invertir con esta técnica. En otros casos, hay especialistas que organizan los cursos y que luego recomiendan a sus alumnos una plataforma de negociación con la que tienen un acuerdo. Por cada alumno que se registra y empieza a operar, el profesor se lleva una comisión.

También las plataformas de intermediación de bancos (Bankinter, BBVA...) cuentan con cursos y recomendaciones basadas en el análisis técnico.

Menor volatilidad

Análisis fundamental. Los defensores del análisis técnico argumentan que su forma de operar permite tener un control más exhaustivo de los riesgos y evitar sufrir fuertes pérdidas. En la inversión en valor (value investing), en cambio, se suelen tomar participaciones en empresas muy castigadas por el mercado y, en ocasiones, los partícipes de estos fondos pueden acumular pérdidas de más del 30%. En cambio, en el análisis técnico raramente suelen darse periodos con pérdidas tan severas.

El gran debate en torno al análisis técnico, tal y como ocurre con las terapias paramedicinales (como la homeopatía, el reiki o las flores de Bach) es si funciona o no funciona.

Un caso paradigmático de un inversor que sacó provecho de esta metodología es el de Antoni Fernández, gestor de Smart Social Sicav. Fernández era un inversor amateur que utilizaba como filosofía básica de inversión el análisis técnico y que en 2013 comenzó a participar en un concurso. Al cabo de dos años demostrando que era el mejor de cuantos se habían presentado, se puso en marcha una campaña para recaudar fondos para dárselos al gestor y que pudiera hacer una administración real de inversiones.

En su primer año de vida, con Antoni Fernández a los mandos, Smart Social Sicav logró un 12% de rentabilidad, batiendo a la mayor parte de los fondos comparables. El análisis de los gráficos le hizo prever que en agosto habría una fuerte corrección de los mercados, por lo que decidió apostar fuerte por una caída bursátil. La estrategia funcionó y la sicav ganó prestigio y nuevos socios.

Sin embargo, las cosas se torcieron a partir de 2017. Fernández ha persistido con la visión de una corrección fuerte en las Bolsas mundiales. Sin embargo, los índices estadounidenses S&P 500 y Nasdaq han seguido reventando récords históricos (protagonizando la racha alcista más larga de la historia de Wall Street), y los rendimientos de Smart Social Sicav han menguado. Pese a todo, los buenos dos primeros años hacen que el vehículo se haya revalorizado desde su creación (mayo de 2015) un 11,9%.

“Seguimos manteniendo nuestra visión bajista, con apuestas en corto que equivalen al 96% del valor de nuestra cartera. La mayor parte de la apuesta bajista se concentra en el Nasdaq y en el índice alemán Dax. Vemos el Dax en 10.800 puntos [frente a los 12.400 actuales] y el S&P 500 en 2.100 [frente a los 2.894 actuales]”, explica el gestor en su último informe.

A menudo se contrapone el análisis técnico con el análisis fundamental. Este último se basa en observar los datos fundamentales de una empresa (ventas, beneficios, balances, etc.) para estimar su valor actual y, si el precio es diferente al valor, identificar oportunidades de compra o venta.

Los gestores con más tirón mediático, como Álvaro Guzmán, Francisco García Paramés o Iván Martín, son firmes defensores del estilo de inversión en valor y del análisis fundamental de compañías. Dedican muchas horas a sumergirse en una empresa o en un sector para conocerlo en profundidad, y viajan incluso a las fábricas para hablar con los directivos y “palpar” las compañías en las que invierten. Por eso desprecian el análisis técnico, que en su definición más ortodoxa, prescinde de todos los datos que no sean precio, volumen y tendencia de una acción.

El debate llevó a Carlos Doblado, uno de los analistas técnicos más famosos de España, a escribir una tribuna abierta contra Álvaro Guzmán recordándole que muchos grandes inversores habían utilizado esta metodología. Y le recordó que, en su caso, se valía de este instrumento “para elegir los momentos más idóneos para comprar o vender una acción”.

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