Los extranjeros huyen de la deuda italiana al mayor ritmo desde 2008

Las ventas de deuda transalpina superaron los 38.000 millones

El bono a 10 años supera el 3,16%, máximos de 2014

Deuda Italia y España pulsa en la foto

Ni la crisis del euro y la de deuda soberana de los países del sur de Europa, ni el brexit, ni los sucesivos rescates a Grecia, Portugal e Irlanda asustaron tanto a los inversores como la resurrección del fantasma del euroescepticismo en Italia de la mano del nuevo Gobierno de La Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Los inversores extranjeros vendieron en junio 38.273 millones de euros en deuda italiana, según los datos del BCE. Es el mayor montante desde 2008, antes de que la crisis de las hipotecas subprime llevase a la quiebra a Lehman Brothers e hiciese implosionar a las finanzas mundiales.

Junio fue el segundo mes consecutivo en que se impusieron las ventas extranjeras en la deuda italiana. En mayo, los inversores foráneos se desprendieron de 33.703 millones de euros en bonos transalpinos. Y daban al traste con una buena tendencia en 2018. Entre enero, marzo y abril compraron 38.811 millones.

Estas ventas de deuda italiana coincidieron con la formación del nuevo Ejecutivo italiano, que puso en guardia a los mercados ante un programa cuyos puntos centrales –aumento de la deuda, ruptura con los objetivos de déficit o rechazo de la política migratoria común– agitan el status quo en Bruselas. En las últimas semanas han sido los choques del ministro de Desarrollo Económico, Luigi Di Maio, sobre la conformación del presupuesto italiano y el comunitario los que han atenazado al mercado.

"La situación en Italia recoge el miedo por el cambio de Gobierno pero también el impacto por la crisis de los emergentes", afirma Juan Gómez Bada, director de inversiones de Avantage Capital. Explica que la mayor sensibilidad de Italia a la crisis de Turquía o Brasil responde a ser el miembro de los otrora llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) con más por hacer en deuda pública.

En contraste, los inversores extranjeros vendieron 121 millones de deuda española en mayo, a falta de los datos de junio. Un 0,35% de lo que vendieron en Italia. En lo que va de año, han adquirido 26.500 millones por 2.899 millones en ventas.

Una situación que ha tenido su correlato en el mercado. El rendimiento del bono italiano a 10 años (que discurre de forma inversamente proporcional al precio) escaló ayer a máximos de 2014, por encima del 3,16%. Asimismo, la prima de riesgo ha aumentado en el último año hasta los 280,5 puntos básicos. Pulverizó esta marca en mayo, una zona que no visitaba desde 2013, cuando llegó a los 295,4.

La rentabilidad del bono a 10 años español, en cambio, marcó ayer el 1,44%. Esto supone que el diferencial entre la deuda soberana italiana y la española se mantiene en máximos de 2011, por encima de los 170 puntos básicos.

Todo ello después del respiro que le dio la semana pasada la oferta de Donald Trump para socorrer a Italia con la compra de bonos soberanos. El país debe afrontar vencimientos de deuda en los tres meses que quedan de 2018 por 121.000 millones y por 267.000 millones el año siguiente, en pleno proceso de normalización monetaria del BCE que desembocará según las previsiones en una subida de tipos a partir del próximo otoño. Pero antes, este viernes Fitch (y el siguiente Moody's) decidirán si rebajan el rating del país. En ambos casos la nota de la deuda italiana se encuentra dos escalones por encima del bono basura, pero Moody's la ha puesto ya en revisión.

En el corto plazo, los tipos de la deuda a dos años también han remontado en las últimas jornadas. Su máximo anual lo alcanzaron en mayo, con un 2,429%, mientras que ayer se quedaron en el 1,62%.

Los CDS, en máximos de 2013

La tensión sobre la deuda italiana se ha trasladado también a los credit default swaps (CDS). Es decir, los contratos que cubren las pérdidas en caso de que un país o una compañía sea incapaz de atender al pago de su pasivo. Los que aseguran la deuda italiana a cinco años han pasado de 85 puntos básicos a 250 en apenas tres meses. Es decir, asegurar 10 millones en bonos transalpinos cuesta 250.000 euros. El precio de estos derivados se encuentra en su nivel más alto desde 2013, lejos de los máximos registrados en 2012, cuando se situaron por encima de los 550 puntos básicos.

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