Emilio Valeros: “Queremos convertir a Brihuega en la Provenza española”

Lleva 27 años trabajando para Loewe pero las fragancias le acompañan desde la cuna

Define la perfumería como un arte y reconoce que en el sector, con más de 4.000 olores, nunca se deja de aprender

Emilio Valeros, director técnico de Perfumes Loewe.
Emilio Valeros, director técnico de Perfumes Loewe.

Desde hace 27 años es el director técnico de perfumes Loewe. Emilio Valeros (Madrid, 1950) es uno de los perfumistas españoles, y hay muy pocos, reconocido internacionalmente. Comenzó a familiarizarse con la perfumería desde pequeño, ya que su padre trabajaba en un laboratorio mezclando fórmulas. Estudió Ciencias Químicas, y empezó a trabajar para Gal, a la vez que completó su formación entre París y Grasse, la cuna de las materias primas del perfume. Ahora es el artífice de un proyecto que cada año coge más fuerza: el festival de la lavanda de Brihuega.

¿Cómo surge esta idea?

Empezó casi como una broma y este es el séptimo año que se celebra. Habíamos empezado a hacer una celebración coincidiendo con la recogida de la lavanda, y nos juntamos unos amigos para hacer una chuleada. La primera vez fue una fiesta, al año siguiente lo hicimos en un restaurante y fuimos 70. Al siguiente, pusimos una carpa y empezó a desbordarse. Los últimos años, hemos ofrecido las actuaciones de El Cigala, Estrella Morente... y este año de Pitingo y Café Quijano. Cada año se ha ido duplicando y hemos ido aportando cosas nuevas, como una cena servida por Dani García. Siempre hemos buscado a gente relevante y el público ha respondido. Este año hemos tenido a 3.000 personas. Además, no es barato, pero es algo único y que tenemos que montar cada año desde cero, porque la empresa que tenemos, Intercova Aromáticas, no se dedica al espectáculo. Solo tenemos el campo.

Le han dado un impulso económico a esta zona de Guadalajara.

Acabamos de celebrar el festival de este año, y hemos llenado los hoteles y los restaurantes de la zona. Generamos riqueza para el pueblo, ya que alrededor de la lavanda se han desarrollado otro tipo de actividades, como viajes en globo o en parapente.

¿Por qué decide explotar este tipo de cultivo?

Llevo dedicado a la lavanda y a los lavandines desde hace más de 40 años. Empecé como hobby, ya que mis padres tenían aquí unas tierras, y con Álvaro Mayoral, comenzamos una cosa pequeña y ahora hay 1.000 hectáreas plantadas. Nos consideramos agricultores que hacemos investigación y desarrollo en genética de las plantas. Contamos, además, con la destilería más moderna de Europa, con capacidad para más de 200 kilos a la hora. Pensamos en el futuro, en el medioambiente y en la calidad. Vendemos esencia para hacer perfumes, el 60% en España y el resto fuera.

¿Quiere replicar en España el modelo de la Provenza francesa?

La zona de Brihuega se asemeja a la Provenza francesa, y aquí se da muy bien tanto la lavanda, que es de origen francés, como el espliego, que es español. Y de la unión de la lavanda y del espliego nace el lavandín. Algo novedoso es la inmortal o siempre viva. Además, utilizamos un método nuevo de destilación, un sistema in vitro de reproducción de plantas con el laboratorio valenciano Biopolis, nuevos sistemas de destilación con la Universidad de Alcalá de Henares. Nuestra aportación es el I+D, y también queremos sacar la normativa de denominación de origen de Brihuega, que no existe.

Toda esta industria es nueva en España.

El cultivo de lavanda es nuevo, y el espliego se dejó de trabajar porque no se daba bien, ahora se ha transformado en plantaciones más controladas.

¿Tiene el mismo uso la lavanda que el lavandín?

La lavanda da 30 o 35 kilos por hectárea, es fina y se utiliza para la alta perfumería, tiene aromas más ricos y un precio superior. El lavandín tiene un rendimiento superior, el súper de unos 90 kilos por hectárea, y el grosso de 110 kilos. Se consume en perfumería más económica, para ambientadores, y es más barato que la lavanda porque la calidad no es la misma. Aquí se producen 50 toneladas, de las cuales tres son de lavanda y el resto de lavandín. La idea es convertir a Brihuega en la Provenza española, desarrollando el aspecto lúdico, cuidando los detalles, apostando por un turismo selecto. La Alcarria es una zona pobre.

Tradicionalmente se ha dedicado al cereal.

Los campos están llenos de trigo y de cebada, pero es más rentable cultivar lavanda. Al contrario del cereal, aquí se necesita destilería y maquinaria. Ya hay agricultores que lo están haciendo, aunque debido a la normativa no pueden exportar, pero nosotros estamos ayudando a que vendan, pagamos a precio de mercado. La inversión que se requiere es más alta que para el cereal, pero tiene más salida.

Lleva toda la vida dedicado a la perfumería, ¿cómo llega a este negocio?

Soy afortunado. Llevo 27 años trabajando para Loewe, y ocupándome de todos los perfumes que ha lanzado. Yo trabajaba para Gal y me hicieron una oferta de perfumista en Loewe. Mi padre trabajaba también en el sector y siempre he estado acostumbrado a la bata blanca, a esa terminología, ya desde la cuna tuve la influencia de los olores. Y tengo la suerte de que lo que hago es arte. En Gal me mandaron a Grasse, la cuna de la perfumería, y cuando me fui a Loewe, los perfumes no eran negocio, se consideraban un regalo de Navidad.

¿Cómo se llega a convertir en un negocio?

Cuando se entiende el perfume como ­bienestar, cuando acompaña y ayuda a crear una personalidad, ofrece confort y genera ilusión. La recompensa viene cuando llegas a un teatro o a un cine y alguien huele a algo que has hecho. A día de hoy nos seguimos poniendo nerviosos ante el lanzamiento de un perfume.

¿Cuál es el perfume del que se siente más orgulloso?

De todos, pero siempre del último que he hecho. Y el penúltimo ha sido Solo Ella. En perfumería nunca terminas de aprender, ya que hay más de 4.000 olores nuevos, y cada año salen moléculas nuevas, diferentes. Se va evolucionando, y nosotros trabajamos siempre con lo que aporte más valor añadido.

¿Cuánto se tarda en hacer un perfume?

Entre 12 y 14 meses, y trabajamos en unos tres proyectos diferentes, que se han de presentar al departamento de marketing con el fin de hacer un estudio de mercado, y en función de la opinión de la gente igual hay que hacer algún retoque. Pero tengo que decir que no he tenido ningún fracaso con los perfumes, y eso ha sido gracias al equipo.

¿Qué tendencias hay ahora en perfumería?

Ahora la moda es la naturaleza, las notas florales, no pesados, sencillos pero con calidad, afrutados con fondos musk. Ya estamos pensando en el año que viene.

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