Abanuc, de librería jurídica a templo de los perfumes

La antigua tienda de Marcial Pons acoge, en un espacio en el barrio de Las Salesas, a las firmas más exclusivas de cosmética

Lujo
La antigua librería Marcial Pons convertida en tienda de cosmética.

De antigua librería, en este caso dedicada a temas jurídicos, a una tienda de cosmética, al más puro estilo parisino. En el madrileño barrio de Las Salesas, también conocido de Justicia, ha abierto Abanuc, un proyecto empresarial que supone la consolidación de una iniciativa de importación de velas aromáticas, que pusieron en marcha hace años dos emprendedores, Pedro Ros y Guillermo Jiménez. Ambos se conocieron cursando un máster en el IESE, y decidieron que si algún día montaban una empresa lo harían juntos. Son propietarios de la distribuidora de alta cosmética BoxNox, proyecto que ahora da un paso adelante con Abanuc, un espacio pensado para aquellos que buscan aromas selectos y exclusivos.

De la antigua librería jurídica de referencia en Madrid, Marcial Pons, todavía queda rastro en la estructura de madera, que viste los anaqueles de las estanterías. Un espacio protegido, que los propietarios han tenido que salvaguardar y al que han sabido sacar partido, convirtiendo la tienda en un lugar cálido para los sentidos, con una decoración que huye de cualquier corriente estética globalizada.

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Una vez traspasado el umbral, blanco y luminoso, se encuentra una cuidada selección de perfumes y de cosmética con una historia que contar. Porque detrás de cada marca, que visten las paredes de Abanuc, de la que existe otra tienda en Zaragoza, hay toda una experiencia entrelazada con la historia personal de cada uno de los emprendedores que decidieron poner en marcha cada una de las firmas, que disponen de un gran espacio para cada una de ellas. Entre estas se encuentran la sueca Byredo, Grown Alchemist, especializada en productos orgánicos; la enseña de formulaciones naturales (Malin+Goetz), la marca austriaca para hombres SA.AL&CO, la francesa Diptyque especializada en velas aromáticas; las fragancias para el cuerpo de Miller et Bertaux, los perfumes de Vilhelm Parfumerie (esta última se vende en exclusiva) o la de cosmética Eve Lom, de la que tienen una cabina con tratamientos de belleza en la planta inferior, con el fin de completar la experiencia y ofrecer un servicio completo para el cuidado de la piel al cliente.

Otro de los elementos que distinguen a cualquier marca es el nombre. Buscarlo no es fácil. Muchos contratan a empresas de marketing o de desarrollo de marcas. En este caso, la elección del término Abanuc fue sometido a un proceso mucho más doméstico. Surgió casi por error. En plena búsqueda de un buen nombre para la marca, Pedro Ros, uno de los propietarios, pidió opinión a su familia durante una comida en casa. Como si lo tuviera claro desde hacía años, su mujer propuso, sin dudar ni un segundo: Habacuc, el nombre de un profeta hebreo a quien se atribuye la autoría de un libro de la Biblia.

La historia le sonó muy bien, así que esa misma tarde, en la oficina, se lo comentó a su socio, Guillermo Jiménez, pero se olvidó de la h inicial del nombre original, y se quedó, sin quererlo, con el de Abanuc. Acierto o error, a ambos les pareció bien, y decidieron comenzar la aventura, que se ha transformado, poco a poco, en un lugar de referencia para los curiosos de los aromas selectos e únicos.

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