La pinza de Trump y Putin intenta reventar la Unión Europea

El laborioso proyecto de integración europea corre el riesgo de sucumbir ante la inesperada alianza de los inquilinos del Kremlin y de la Casa Blanca

El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y el de EE UU, Donald Trump, durante la cumbre del G-7 de junio en Canadá (CE).
El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y el de EE UU, Donald Trump, durante la cumbre del G-7 de junio en Canadá (CE).

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, llega este miércoles a Washington para tratar de congraciarse con Donald Trump e intentar demostrarle al presidente de EE UU que no tiene mejores aliados en el mundo que los socios europeos. El objetivo de la visita es evitar una guerra comercial abierta entre las dos orillas del Atlántico, que podría resultar devastadora para la economía de ambas partes pero, sobre todo, para la del Viejo Continente.

Bruselas tentará al magnate estadounidense con un desarme arancelario que podría contribuir a reducir el tremendo superávit comercial de la UE con EE UU (de más de 119.000 millones de euros, en beneficio, sobre todo, de Alemania). Pero incluso si la peregrinación de Juncker tiene éxito, el luxemburgués apenas cosechará una tregua en el frente comercial.

La amenaza política de Trump seguirá intacta antes y después de la visita de Juncker. Y resulta mucho más peligrosa porque aspira a demoler el régimen liberal y supranacional que encarna a nivel mundial la Unión Europea. Un modelo contrario a los intereses del presidente de EE UU y que resulta también muy incómodo para otros dignatarios con vocación antiliberal, desde el ruso Vladimir Putin al turco Recep Tayyip Erdogan.

"Probablemente, estamos atravesando el peor momento en la historia de la UE", reconoce una alta fuente comunitaria

 

Dentro y fuera del Viejo Continente proliferan los grupos políticos partidarios, en los casos más benévolos, de reforzar la soberanía nacional de los Estados del club europeo. O de desmantelar pura y llanamente la UE en los casos más beligerantes.

"Probablemente estamos atravesando el peor momento en la historia de la UE", reconoce, no sin aprehensión, una alta fuente comunitaria en Bruselas. El pesimista diagnóstico apunta a la fragilidad política de los tres mayores países europeos (Alemania, Francia e Italia) donde las fuerzas euroescépticas ascienden, se encuentran a las puertas del poder o ya ocupan carteras ministeriales como en el caso de Matteo Salvini.

Trump y sus allegados han olido sangre y, por primera vez en décadas, gana enteros la posibilidad de que el club se repliegue o se disuelva. La campaña internacional contra la UE se espera que gane intensidad este otoño (tras las elecciones intermedias en EE UU) y que alcance su máxima virulencia en la primavera del año que viene para intentar potenciar la crisis existencial del brexit (29 de marzo de 2019) e influir en las elecciones al Parlamento Europeo (mayo de 2019).

"Todo el mundo coincide en que el próximo mes de mayo será de gran importancia porque tendrá lugar el primer cara a cara continental entre el populismo y el partido de Davos", ha pronosticado Steve Bannon, antigua mano derecha de Trump.

"Dejadles que os llamen racistas, xenófobos o lo que quieran y lucir esas palabras como medallas", arenga la antigua mano derecha de Trump a los eurófobos

 

El ex asesor de la Casa Blanca tiene intención de fundar en Bruselas un "Movimiento" destinado a respaldar a los partidos euroescépticos de todo el continente y a brindarles una pátina de presunta respetabilidad que a menudo se les niega. "Los medios de comunicación del establishment son los perros del sistema (...) Dejadles que os llamen racistas, xenófobos o lo que quieran, y lucir [esos términos] como medallas", arengó Bannon recientemente a las huestes de Marine Le Pen en Francia.

El impulso estadounidense aspira a multiplicar la presencia de euroescépticos o de extrema derecha, que ya suman más de 170 escaños de los 751 del Parlamento Europeo. La salida del Reino Unido reducirá su peso, pero podría compensarse en países como Francia, Italia, Holanda, Finlandia, Austria o, incluso, Alemania.

Los tentáculos del Kremlin también se ciernen sobre las elecciones europeas y la última cumbre europea encargó a Bruselas para antes de fin de año "un plan de acción con propuestas concretas para ofrecer una respuesta coordinada de la UE al desafío de la desinformación".

Europa, según la unidad de análisis de la Comisión Europea, ya es el tercer destino fuera de Rusia por número de falacias informativas orientadas a favor del Kremlin, solo por detrás de Ucrania y EE UU. El Consejo Europeo teme que la intoxicación se dispare en 2019 por lo que ha dispuesto que se dote "de recursos suficientes" a los equipos de la CE encargados de la vigilancia estratégica en comunicación, una unidad que ahora solo cuenta con una plantilla de 14 personas a tiempo completo.

Las líneas de defensa de Bruselas parecen precarias para la avalancha que se avecina. La Unión Europea nació en gran parte como una de las respuestas geoestratégicas de EE UU a la temida expansión de la Unión Soviética. Pero el laborioso proyecto de integración política europea corre el riesgo de sucumbir ante la inesperada alianza de los actuales inquilinos del Kremlin y de la Casa Blanca, visualizada la semana pasada durante la reunión de Trump y Putin en Helsinki.

Trump ya ha dejado claro que no solo considera innecesaria a la UE sino que la ve como un enemigo comercial y como un lastre presupuestario porque EE UU debe asumir en parte la seguridad del Viejo Continente. Y para Putin, el bloque comunitario es un rival a batir, sobre todo, desde que la ampliación de 2004 le arrebató a Rusia su tradicional esfera de influencia y control al oeste de Moscú. Putin frenó en Ucrania la ofensiva de la UE y ahora, con la ayuda de Trump, articula una pinza que pretende desintegrar la UE. El desenlace de tan histórico pulso marcará la primera mitad del siglo XXI.

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