Invertir con éxito

Los mercados financieros modernos nos ofrecen un enorme universo de alternativas para la inversión donde, si no tenemos cierta perspectiva e ideas claras, resulta muy fácil vernos desorientados. Podemos invertir al alza (se obtienen ganancias cuando el precio de aquello en lo que invertimos sube) y a la baja (se obtienen ganancias cuando el precio de aquello en lo que invertimos baja), en empresas nacionales o extranjeras, en índices, en materias primas, al contado o mediante instrumentos derivados... Y en un sinfín de activos cuyo precio va a oscilar de diferente manera a lo largo del tiempo.

Entonces ¿qué podemos hacer para invertir con éxito? ¿Por dónde empezar? ¿Qué activos elegir? Para invertir con éxito no es necesario un talento especial (cualquiera puede hacerlo prestando una pequeña dedicación), pero sí un mínimo de conocimiento y de sentido común.

Si queremos resultados satisfactorios en los mercados de acciones, simplificando mucho, habremos de seleccionar y comprar los títulos de aquellos negocios que a nuestro juicio van a evolucionar favorablemente durante los próximos años, a la espera de que estos suban en precio de forma paralela al crecimiento del negocio (en clientes, en ventas, y por ende en beneficios).

Aunque esto pudiera parecer muy fácil, a veces se torna mucho más complejo y las ganancias pocas veces llegan de inmediato. El tiempo es nuestro aliado, por supuesto, pero deberemos hacer gala de nuestra paciencia dejando madurar nuestra inversión.

Aun así, intervienen muchos factores en un entorno empresarial muy cambiante y fuertemente regulado, al que deberemos enfrentarnos haciendo acopio de información y realizando un seguimiento que nos ayude a valorar lo idóneo de nuestra elección. Afortunadamente, la información sobre cualquier inversión y todo lo que lo rodea nunca ha sido tan barata y accesible como lo es ahora gracias a internet. A la postre, si el negocio es bueno, está bien gestionado y evoluciona según nuestras previsiones, las ganancias no tardarán en llegar.

Una alternativa, muy legítima y que muchos otros toman para intentar lograr el éxito es el de “comprar barato” algo que en teoría vale mucho más, a la espera de que el mercado (otros inversores) termine por reconocer su valor correcto. Esto se asemeja mucho a la receta de Perogrullo “comprar barato y vender caro”, con que algunos presumen de sus habilidades inversoras. Esta forma de entender la inversión es, también simplificando mucho, lo que muchos llaman “invertir en valor”.

Si bien, ésta otra vía sobre el papel no puede descartarse, nos encontramos ante un camino más exigente para el inversor menos preparado (hay que profundizar exhaustivamente en la contabilidad de la compañía), y que también acaba por desembocar en la búsqueda de los negocios que mejor van a funcionar en el futuro. Esto es así porque por muy barato que podamos adquirir las acciones de una empresa, si ésta no consigue enderezar sus ventas y desempeñar su actividad de forma favorable y ascendente, las pérdidas o la caída del beneficio terminará por destruir el margen de valor con que contábamos a la hora de realizar la inversión. Este nuevo escenario podría acarrearnos fuertes pérdidas con posterioridad.

La grandeza, por tanto, y el atractivo del mundo de la inversión, reside en la alta importancia que cobra lo que ocurra en el futuro, un futuro con el que tendremos que estimar el valor presente de lo que adquirimos como inversión. Como yo acostumbro a decir a menudo, “la inversión va de beneficios futuros”.

Fíjense sino en lo que está pasando en los últimos años. Los mercados están siendo liderados con claridad por la tecnología. Hace cuatro o cinco años, las compañías tecnológicas no mostraban aún grandes beneficios ni éstos se incrementaban (algunas incluso presentaban números rojos), y sin embargo su cotización ha evolucionado con paso firme al alza. Con el paso del tiempo los beneficios se han disparado y en muchos casos están aumentando de forma exponencial, al igual que su número de clientes y su facturación. A pesar de que acometen enormes inversiones con el fin de seguir creciendo, generan beneficios y alumbran nuevas formas de incrementar los ingresos.

No es de extrañar que estas compañías, que con sus negocios están transformando el mundo a velocidad de vértigo, sean las inversiones más rentables gracias a unos negocios que crecen en ventas y generan cada vez mayor beneficio, a la vez que transforman el modo en que vivimos.

No hay receta mágica para invertir con éxito (¡ojalá existiera!), pero lo que sí es posible es invertir de forma la adecuada y sensata que nos pueda brindar las mayores opciones de tenerlo, y esto va a depender en buena medida de entender aquello en lo que deseamos invertir, de estimar con acierto su buen comportamiento futuro y de cierta dosis de paciencia. Los buenos resultados llegan por sí solos.

Alejandro Varela | Gestor de Renta 4 Gestora SGIIC

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