Las guerras son malas, las comerciales también

La batalla de aranceles entre las grandes economías podría precipitar un cambio de ciclo

La Gran Depresión de 1929 surgió realmente del proteccionismo y duró hasta 1944, cuando América empezó a exportar

Las guerras son malas, las comerciales también

Estados Unidos y China están inmersos en una guerra comercial por los aranceles que EE UU está imponiendo a las importaciones chinas. Donald Trump considera que el déficit comercial de ­Washington respecto a Pekín (376.000 millones de dólares anuales) es inaceptable y ha de equilibrarse. Estados Unidos impuso la semana pasada aranceles del 25% a 1.300 productos chinos, por valor de 50.000 millones de dólares, que se suman a los gravámenes mundiales a las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%). China respondió a los aranceles metalúrgicos gravando 128 productos norteamericanos y, además, con una nueva lista de 106 productos, por valor de 50.000 millones. Trump ha apretado el acelerador: “Si China –advirtió el lunes– aumenta sus aranceles una vez más, responderemos a esa medida aplicando aranceles adicionales por valor de 200.000 millones en productos chinos”.

El FMI alerta de que la guerra comercial, no solo entre Estados Unidos y China, sino entre Estados Unidos y las grandes economías del mundo (G7) podría precipitar un cambio de ciclo. La Gran Depresión de 1929 surgió, realmente, del proteccionismo y duró hasta 1944 (Bretton Woods), cuando América empezó, primero, a exportar tanques y después, televisores: se acabó la crisis y vino la bonanza.

La burbuja en los mercados de valores no ayuda. Cuando menos, los premios Nobel de economía están advirtiendo que (como pasó con las burbujas tecnológica e inmobiliaria) la fiebre inversora en Estados Unidos puede estallar y desencadenar una recesión: Schiller, Stiglitz, Krugman y Spence están de acuerdo. La guerra comercial desatada por Trump solo añadiría leña al fuego: una tormenta perfecta que precipite un cambio de ciclo.

Para Trump es un “juego” en el que siempre quiere ganar: deshace los tratados comerciales para negociar individualmente con cada país y conseguir ventajas. Presiona a Corea del Norte hasta el punto que Kim Jong-un se convierte en un respetable ciudadano del mundo, que se hace selfis en la noche discotequera de Singapur con bellísimas norteamericanas… Kim desnucleariza Corea del Norte tras reunirse con Trump, quien presionó a China para que el norcoreano cediera. Al intercambio de piropos entre Kim y Trump añado una anécdota, que no es broma: tras el acuerdo con Kim, Trump, en un rally con sus seguidores dijo: “Las playas de Corea del Norte son preciosas. ¿Os las imagináis llenas de apartamentos?”. Le faltó añadir que los condos llevarían la marca Trump. Y los mineros en paro, aplaudiendo entusiasmados…

Como con China, algo parecido sucedió en el G7. Poco imaginaba Justin Trudeau –primer ministro de Canadá y anfitrión de la reu­nión del G7, este junio– que lo que él entendía como una agenda razonable sería ignorada por el presidente de EE UU para centrarse en eliminar las barreras comerciales entre los países aliados y Estados Unidos. Trudeau quería avanzar su “agenda progresista”. Todos de acuerdo… excepto Trump, quien como presidente de la nación que genera el 25% del PIB mundial boicoteó al canadiense.

Trump abandonó el G7 para “desnuclearizar a Kim Jong-un”, no sin antes dejar claro que Estados Unidos tenía un déficit comercial con el resto de sus amigos de 151.000 millones de dólares. Según Trump, su nación es injustamente tratada, fruto de malos acuerdos comerciales y malos compañeros de viaje, que “se aprovechan de nosotros”.

Trudeau afirmó que habría represalias en julio para responder a los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio y añadió que “los canadienses somos agradables, pero no seremos vapuleados”. Trump tuiteó de nuevo. Primero, sobre “las declaraciones falsas del presidente canadiense acerca de los aranceles a los automóviles que inundan EE UU”. Después, escribió: “Trudeau es muy deshonesto y débil. ¡Nuestros aranceles son en respuesta a su 270% a nuestros productos lácteos!”. El presidente de EE UU advirtió que Washington no permitiría la continuidad de barreras comerciales por parte de otras naciones. Algunos de sus socios comerciales de EE UU (UE, Canadá, México) prometieron imponer aranceles, como represalia, sobre los productos estadounidenses.

Theresa May (Reino Unido) juega a dos bandas: “La UE impondrá represalias a EE UU”, dijo, añadiendo: “Pero EE UU es un campeón del libre comercio y querría seguir comerciando con ellos. Queremos mantener una buena relación con la UE y también queremos aprovechar nuestra relación preferencial con EE UU”.

Los líderes del G7 tenían la intención de usar la cumbre para negociar con Trump sobre los aranceles, que describieron “como protectores de la economía global”. Pero la respuesta inequívoca de Washington ha sido la idea de eliminar completamente los aranceles con sus socios del G7. En todo el mundo, las tasas aduaneras ya están en sus niveles más bajos, con un promedio del 2,9% (Banco Mundial). Los aranceles han descendido un 50% en los acuerdos de libre comercio firmados (Nafta, TTP, etc.).

Antes de ir a Singapur, Trump redobló sus afirmaciones de que Estados Unidos ha estado sujeto a aranceles comerciales injustos durante décadas. “Somos el banco al que todo el mundo roba y eso se acabó. Si toman represalias, cometerán un error. Tenemos un tremendo desequilibrio comercial. No soy malo: soy justo”. El presidente critica hace tiempo su déficit comercial en el ámbito manufacturero, donde está su electorado. Pero el motor actual de la economía norteamericana está compuesto por servicios, salud, entretenimiento, tecnología, defensa, banca, turismo... La fabricación/manufactura, sector en que se centra Trump, representa el 10% de la producción económica de EE UU.

Según la OMC, en América, el arancel promedio para bienes importados es 2,4%; en Canadá es 3,1%, y el de la UE es 3%. G7, UE, China… quizá Trump está sobreactuando para conseguir una nueva victoria.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Trump, año uno’ y ‘Hillary vs Trump’

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