¿Es realmente rentable la inversión sostenible?

Esta fórmula cada vez más pujante no penaliza al inversor aunque es difícil que ofrezca un extra de ganancia

Se hace eco de una vocación inversora más responsable y se ajusta a perfiles conservadores y de medio plazo

Inversión sostenible pulsa en la foto

La inversión responsable ya no es la extravagancia minoritaria con la que surgió hace décadas. Invertir bajo criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo se ha convertido en una pujante tendencia de gestión por la que han fichado ya las grandes gestoras del planeta y que va más allá de una declaración de intenciones. Huir de compañías armamentísticas o altamente contaminantes es la regla número uno, pero la gestión responsable ya no se limita a la exclusión obvia de compañías que vulneren la normativa internacional o los derechos fundamentales.

El foco se ha ampliado a aspectos sociales como la igualdad, las condiciones laborales a lo largo de toda la cadena de producción o a características corporativas como la composición del consejo de administración, la independencia de sus miembros y la representación efectiva de los accionistas. El auge evidente que está registrando la inversión responsable responde a una demanda por parte de los propios inversores, que desean ajustar su cartera a unos determinados valores éticos, pero también a la evidencia por parte de los gestores de que los criterios de sostenibilidad también pueden ser un nicho de rentabilidad. O al menos, que su incumplimiento puede ser un motivo de castigo en el mercado.

“Se está desarrollando una competencia nueva que antes no existía en el mercado. Hace 10 años, los inversores no reaccionaban como lo hacen hoy ante un vertido o una filtración de datos. No se calibraba el alcance económico que podían llegar a tener”, explica Jaime Silos, presidente de Spainsif, plataforma de inversión sostenible que integra a numerosas entidades.

Los fondos de inversión sostenible se han incorporado ya a la cartera de las grandes gestoras. Santander anunció esta misma semana el lanzamiento de un nuevo fondo sostenible, que será gestionado por Lola Solana, que el año pasado logró la mayor ganancia para un fondo de Bolsa española y que pasa ahora a hacerse cargo de los tres fondos sostenibles que tiene en su gama la gestora del banco. Y algunas grandes gestoras están empezando a hacer valer su peso en el capital de las compañías en defensa de valores de sostenibilidad.

Los fondos sostenibles suelen excluir a los gigantes tecnológicos, que fallan en buen gobierno corporativo

Legal & General, la mayor gestora británica –con activos bajo gestión por casi un billón de libras– anunció también esta semana que votará en contra de la renovación en la presidencia de ocho compañías que considera no están comprometidas ante los retos del cambio climático, entre ellas Rosneft o Dominion Energy.

La pujanza de la inversión sostenible en la gestión de activos es evidente, pero ¿es realmente rentable? Las conclusiones remiten al sentido común: escándalos opuestos a una gestión responsable como la filtración de datos de Facebook, la manipulación del control de emisiones de Volkswagen o el fraude millonario en cuentas de clientes de Wells Fargo pasan una pesada factura en Bolsa. Y la inversión por criterios sostenibles, si bien no llega a resultar mucho más rentable que la tradicional, sí puede contribuir a prevenir shocks como los mencionados. “Lo aconsejable es aproximarse a los fondos sostenibles desde una perspectiva conservadora y a medio plazo”, explica Xavier Fàbregas, director de Caja Ingenieros Gestión, pionera en la gestión responsable en España.

La plataforma especializada en fondos de inversión Morningstar concluye en un informe que la inversión sostenible no supone penalización alguna en términos de rentabilidad. Asegura que el comportamiento de los índices de sostenibilidad que elabora se han comportado mejor que los índices tradicionales en el caso de la Bolsa europea y asiática, aunque no en el caso de la estadounidense.

Con datos actualizados, el índice de inversión sostenible de Morningstar de Bolsa europea deja en el año una rentabilidad del 0,39%, a cierre del mes de mayo, con una ganancia anual del 1,9% en los últimos tres años. En su versión para la Bolsa estadounidense, la ganancia en el año es del 4,03% y del 6,448% en los últimos tres años. Las cifras comparan con el alza en el año del 0,4% que registra el Eurostoxx 50 o el alza del 3,7% del S&P y el 13% del Nasdaq.

Morningstar elabora estos índices de inversión sostenible a partir de una selección de compañías que cumplen con los requisitos de sostenibilidad y que tienen una elevada capitalización. Tal selección implica que no se repliquen con exactitud los índices tradicionales y que haya diferencias como un menor peso de los valores tecnológicos. De hecho, los grandes nombres de la tecnología como Facebook, Apple o Amazon no salen muy bien parados en los índices de sostenibilidad, en especial a causa de su gobierno corporativo, lo que llega a marcar la diferencia en términos de rentabilidad. “Las grandes compañías tecnológicas suelen tener una estructura pobre en gobierno corporativo, con un personalismo en la dirección excesivo y falta de veteranía en el consejo de administración”, apunta Silos.

La pertenencia a un índice de sostenibilidad como el Dow Jones Sustainability o el Ftse4Good establece un primer filtro del universo de compañías con criterios de gestión sostenible en las que invertir. Pero ¿quién vigila el cumplimiento de esos criterios? Además de la labor de análisis que pueda realizar cada gestor, los fondos sostenibles se suelen guiar por una suerte de agencias de rating de sostenibilidad, que marcan el grado de cumplimiento de los valores medioambientales, sociales y de buen gobierno y entre las que destacan MSCI y Sustainalytics, de la que Morningstar posee el 40% del capital. “Estas compañías te dan una referencia y te alertan de las posibles controversias”, explica Fàbregas.

La clave con la que apurar rentabilidad en la inversión es intentar anticiparse al tipo de acontecimientos que pueden llegar a castigar un valor, como una mala práctica en la cadena de producción o un conclicto de interés en el consejo de administración. Los grandes escándalos corporativos como los mencionados de Facebook o Wells Fargo han sido sin embargo inesperados y han provocado el rechazo unánime de los inversores, sigan criterios de sostenibilidad o no.

“La gran mayoría de las compañías que se consideran sostenibles, no lo son tanto”, afirma Jaume Puig, director de la gestora de GVC Gaesco, que en su fondo sostenible hace un primer filtro de compañías según criterios puramente financieros a las que a continuación aplica criterios de sostenibilidad. “El 90% del universo inicial donde invertir se cae de la lista”, asegura.

“La rentabilidad extra de los fondos sostenibles es muy justa. Es una cuestión de convicción por parte del inversor, de querer formar parte de eso”, señala Fábregas. El fondo mixto de Caja de Ingenieros Fonengin, el mayor por patrimonio en España, renta el 0,8% en el año aunque fondos más agresivos de gestoras internacionales dejan ganancias de hasta el 10% anual.

Liderazgo en los países nórdicos

Dinamarca y Holanda. Son los países con más predominio de empresas que cumplen con los criterios de sostenibilidad medioambiental, social y de buen gobierno, con una puntuación de 60 sobre 100 según el ránking de Morningstar a partir de datos de la consultora especializada Sustainalytics. Compañías como ASML Holding, ING, Philips o Ahold marcan la diferencia.

España, aprobado. España consigue el aprobado con una puntuación de 55,2 sobre 100 en materia de sostenibilidad. Queda por detrás de países como Francia o Portugal pero por delante de mercados como el alemán o el estadounidense.

Rusia y Qatar, a la cola. Los últimos puestos son para estos dos países junto con China. El menor compromiso con la amenaza del cambio climático y el mejorable gobierno corporativo arroja una puntuación inferior a 40 sobre 100 según el ránking de Morningstar.

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