El proteccionismo de Trump costará caro al crecimiento mundial

La cuestión es saber si estos movimientos sorprendentes del magnate son un impasse en la defensa del libre comercio, o solo el inicio de un cambio de rumbo

Hace ahora justamente un siglo del repliegue geopolítico impuesto por el presidente Wilson a EE UU tras haber tomado abiertamente partido en la primera Guerra Mundial, haber propuesto la creación de la Sociedad de Naciones y haber defendido el derecho a la autodetermiunación de todas las naciones, muchas de ellas sometidas a grandes bloques dinásticos, especialmente en Europa. El aislacionismo y la pasividad se mantuvieron hasta la Segunda Guerra, en la que también participó y fue aliado decisivo para la victoria de las democracias europeas y su defensa ulterior frente al bloque soviético durante la Guerra Fría. Pero ese activismo militante, que se ha traducido también en la defensa de los valores del libre mercado durante casi ocho décadas, y que ha supuesto las mayores cotas de progreso para las sociedades libres y sus moradores, puede retornar de nuevo al viejo aislacionismo si el presidente Donald Trump insiste en las trabas proteccionistas a la economía, trufadas además con una incómoda supuesta neutralidad geopolítica escenificada en una amistad de nueva generación con la Rusia de Putin. De hecho, la petición insistente en reincorporar a Rusia al G7, tras su expulsión por la anexión de Crimea, además de incomodar sobremanera a los europeos, amenaza también con la quiebra de la gran alianza atlántica.

La cuestión es saber si estos movimientos sorprendentes de Trump, que a fin de cuentas responden en parte a sus promesas electorales a las zonas con mayor riesgo industrial de EE UU, son un impasse en la defensa del libre comercio sin trabas, o si son solo el inicio de un cambio de rumbo que pueda echar raiz incluso cuando la administración norteamericana cambie de inquilino.

La guerra comercial ya iniciada contra China, Europa y Japón tendrá necesariamente réplica como única palanca para hacer reconsiderar sus decisiones. Pero si las medidas ya tomadas se consolidan pueden mermar notablemente el crecimiento mundial, y afectar sobre todo a las economías con grandes volúmenes de intercambio. España se encuentra entre ellas, con un renovado impulso a sus exportaciones, que han sido en buena parte la base de la recuperación de la economía tras la crisis; hay que recordar que España ha incrementado en un 50% sus ventas exteriores desde que se inició la recuperación. Un informe del Banco Central Europeo recuerda que un incremento de las tasas a las importaciones por parte de EE UU de un 10% puede costar una contracción del crecimiento en el mundo de nada menos que 2,5 puntos, con el consiguiente coste en inflación y en puestos de trabajo. La amenaza es seria y sus consecuencias, más.

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