La ética antimilitarista de Google es más discutible de lo que parece

Renuncia a un contrato de IA para drones de defensa por la presión de sus empleados

Logotipo de Google en la cumbre tecnológica Viva Tech, en París, el pasado 25 de mayo.
Logotipo de Google en la cumbre tecnológica Viva Tech, en París, el pasado 25 de mayo.

Ante la revuelta de algunos de sus empleados, Google va a dejar el programa Maven, que desarrolla inteligencia artificial para ayudar a los drones militares a identificar objetivos. Es comprensible que los ejecutivos quieran lavarse las manos, pero puede que no sea lo correcto.

Para las relaciones públicas, es estupendo, y el programa solo suponía 10 millones de dólares. Además, la mayoría de los ingenieros de Google se postularon para trabajar en una empresa cuyo lema era No hagas el mal, no para hacer software para drones que han disparado misiles sobre bodas.

Pero puede haber consecuencias financieras a largo plazo. Alphabet, y el resto de Silicon Valley, quiere meter el pie en el Pentágono y otras agencias gubernamentales, que están poniendo más nóminas, emails y aplicaciones militares en servidores privados en la nube. Amazon Web Services ha ganado ya un contrato para desarrollar la llamada Región Secreta para la comunidad de inteligencia nacional.

El siguiente en el punto de mira es el agriamente disputado contrato JEDI, de infraestructura de defensa, por 10.000 millones de dólares. En el sector se cree que es una prueba clave para determinar si Defensa lo repartirá entre varios licitadores o si concederá un monopolio de facto sobre la gestión de sus datos.

Tras dejar Maven, es posible que a Google le resulte más difícil conseguir contratos de servicios menos polémicos. Eso despeja el camino para que Amazon u Oracle se apropien de una parte mayor de los 95.000 millones de dólares de presupuesto de TI de la Casa Blanca.

El rechazo de Maven tampoco es necesariamente bueno para la sociedad. La pasión del Pentágono por la guerra de drones es un feo reflejo de una percepción común en la democracia estadounidense; los votantes se han acostumbrado al coste humano de la guerra aérea siempre y cuando solo afecte a extranjeros, pero sus estómagos –y potencialmente sus votos– se dan la vuelta ante la perspectiva de que sus conciudadanos sufran bajas.

Asumiendo que los drones seguirán volando, ayudarles a discriminar entre terroristas e inocentes es crítico a nivel ético. Podría decirse que mantener a cargo a los competentes, escépticos y aprensivos ingenieros de Google provocaría menos víctimas civiles, no más.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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