Mercado laboral

El menguante poder sindical en 40 años de democracia

El número de delegados sindicales ha caido un 10% desde 2005

La patronal y el Gobierno muestran preocupación por la situación de los sindicatos

Manifestación del Primero de Mayo de 2018 en Madrid.
Manifestación del Primero de Mayo de 2018 en Madrid. EFE

En España, los sindicatos no atraviesan su mejor momento. Las manifestaciones del Primero de Mayo celebraban este año su simbólico 40 cumpleaños, pero ni este aniversario ni la deteriorada situación del mercado laboral con más del 16% de paro; los salarios devaluados que no despegan, y la precariedad del empleo extendiéndose como una mancha de aceite, han conseguido que mucha más gente reivindicara mejoras laborales.

¿Por qué? La respuesta para muchos está clara: los sindicatos han perdido su poder de convocatoria y su influencia. Los propios números reflejan esa pérdida de poder en las empresas. En el último proceso de elecciones sindicales (2013-2017) se eligieron 265.815 delegados de más de una quincena de sindicatos en toda España. Diez años antes, en la antesala de la crisis, se elegían unos 30.000 delegados más.

Desde CC OO y UGT se argumenta que aquel año se llegó al máximo nivel de ocupación y que la destrucción de empleo posterior y el cierre de empresas dio al traste con buena parte de su representación. Sin embargo, si se toman los datos de 2005 (con un nivel de empleo similar al actual: 18,8 millones de ocupados) el volumen de delegados sindicales era un 10% superior al actual. Esto refleja el menguante poder numérico de estos cuadros sindicales.

Pero la disolución de la influencia sindical es aún más grave que el mero recorte numérico. Y es lo que de verdad empieza a preocupar. El propio presidente de la patronal CEOE, Juan Rosell, se mostraba la pasada semana “muy preocupado por la parálisis sindical”. Otro negociador patronal presentaba también cierto desasosiego al asegurar que “(los sindicatos) no quieren firmar nada ni con el Gobierno ni con nosotros”. Esta inquietud es compartida por el Ejecutivo, que no cesa de animar a unos y otros a que pacten subidas salariales.

Sin embargo, el líder de UGT, Pepe Álvarez, negaba ayer la mayor. Atribuía el deterioro sindical a intereses de quienes quieren hacerles desaparecer. Y lejos de hacer autocrítica decía que “el sindicalismo mejora día a día” y que “no se va a quedar mirándose a sí mismo”. Aunque, el secretario general de CC OO, Unai Sordo, sin hacer tampoco autocrítica directa sí mantuvo un discurso más dirigido a mejorar la acción sindical. “Hay que disputar en los centros de trabajo cómo se organiza la actividad; hay que sindicalizar mucho más; cuando la gente se organiza, no hay sector débil y esa es la principal pelea que librar”, dijo Sordo.

Lo que está claro es que el arrollador éxito de las manifestaciones del 8 de marzo y los logros conseguidos por las protestas de los pensionistas demuestran que los españoles sí se quieren movilizar, pero CC OO y UGT –que agrupan al 70% de los delegados de toda España– no son quienes les sacan a la calle masivamente. Quizás la última frase de la intervención de Sordo muestra el tipo de reflexiones que empiezan a hacerse al menos en CC OO. “Hay que construir convergencias con otros movimientos sociales, sin complejos y con la cabeza muy alta”, opinó Sordo.

 

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