¿Ganarán los republicanos las elecciones de noviembre?

Las encuestas apuntan hoy a una victoria demócrata, pero el efecto Trump puede romper esas previsiones

Donald Trump y su esposa Melania.
Donald Trump y su esposa Melania.

Un total de 23 puestos en la Cámara de Representantes están en el aire hoy, según multitud de encuestas sobre las elecciones legislativas de noviembre de este año. Ese mes se elegirán miembros de la Cámara de Representantes, Senado y Gobernadores. En mayo, es pronto para hacer predicciones, aunque América es el país de las encuestas constantes, para saber estimación de voto y estado de ánimo de la población y sus preocupaciones. De ahí, con una evolución histórica intensa de datos, cabe extraer tendencias, conclusiones y, quizá, anticipar acontecimientos.

Un factor lo informa todo: Trump. Su peso es tan fuerte –por sus declaraciones, por su primer año de presidencia, por lo hecho y no hecho, lo dicho y lo no dicho– que las elecciones legislativas de noviembre podrían considerarse un plebiscito sobre Trump. Y las apariencias engañan. Sabemos que la favorita en las elecciones presidenciales de 2016 era Clinton. Ganó Trump, tras quitarse de encima a los candidatos supuestamente preferidos por el votante republicano. Parecía que solo le votarían los ricos y resultó que le eligió un 78% de White trash (basura blanca) y White working class (clase blanca trabajadora), en teoría, supuestos votantes demócratas a quienes Hillary denominó de “deplorables”. Trump sorprendió una vez y puede volver a hacerlo.

El martes 24 de abril hubo elecciones en Arizona. El senador republicano había dimitido por escándalos sexuales (de nuevo: es la moda en América, como lo es la corrupción en España). Eso no evitó que la candidata republicana, Debbie Lesko, derrotara a la demócrata Hiral Tipirneni. ¿Es síntoma de que en noviembre ganarán los republicanos? Los datos actuales dicen lo contrario: el índice de aprobación de la gestión de Trump es negativo con un saldo de -12 puntos. Solo 41% de americanos aprueban la gestión de Trump, a pesar del pleno empleo (tasa de paro en 4,1), crecimiento económico cercano al 3% y una fuerte rebaja fiscal que, siendo honestos, está demostrando beneficiar a ricos y al 98% de clase media, autónomos y pymes. La polarización que genera Trump, sus tuits, parece que le van a hundir a él y a los republicanos.

Pero, ¿qué sucedería si, como en las elecciones presidenciales, una mayoría de blancos y de hispanos y asiáticos legales votan por Trump en noviembre? Las elecciones son legislativas de medio mandato, pero este presidente ha conseguido anular al partido republicano porque, hoy, el partido es él: sus opositores correligionarios, bien se marchan (Paul Ryan, tercera autoridad del país) o se doblegan: Mitch McConnell, líder republicano en el Senado, se oponía a Trump, pero este no paraba de insultarle y McConnell dio su brazo a torcer: hoy siempre responde al presidente: “señor, si, señor”. ¡Mitt Romney! Candidato presidencial republicano en 2012 frente a Obama: criticó a Trump, por inmoral hasta la saciedad…, pero ahora se juega su puesto en Utah y ha pedido la ayuda del presidente, apoyando a cambio todas sus medidas.

Para tener mayoría en la Cámara de Representantes es necesario tener 218 puestos. Hoy la situación es: 238 republicanos, 192 demócratas y cinco vacantes. Tres datos: la historia nos dice que, siempre, desde Nixon, el partido del presidente pierde las elecciones de mitad de mandato: Clinton (1994), Bush (2006), Obama (2010), por ejemplo. La historia estaría en contra de Trump y su partido. Las encuestas, también: cojamos todas los sondeos publicados en 2018. Hagamos dos análisis estadísticos: uno, en el que tengamos en cuenta todos los votos en todos los estados. Otro, en el que –puesto que el sistema electoral americano es indirecto– ponemos atención “solo” en los estados que más escaños y senadores proporcionan. En el primer supuesto, hay una ventaja estadística para los demócratas de 7% (pero la asignación de escaños favorece a los republicanos: 203 versus 201, con 31 escaños en el aire). En el Senado pasa lo mismo. De 51 senadores republicanos y 49 demócratas, se pasaría a 48 y 44, respectivamente. A pesar del voto popular estimado hoy, favorable a los demócratas, ganarían los republicanos, aunque no por mayoría absoluta, lo que haría –con datos actuales– ingobernable el país.

Y, haciendo un ejercicio estadístico (como hizo Trump en las elecciones presidenciales versus Clinton) eligiendo aquellos estados que, en estas elecciones, más asientos otorgan al Senado y la Cámara –California, Kansas, Montana, Georgia, Carolina del Sur, Utah, Georgia, Pennsylvania– el margen neto de voto popular es de +17 para los demócratas. La razón es que, contra las actuaciones de Trump, la base electoral demócrata está muy movilizada y, en cambio, la de Trump (más que la del partido republicano como tal) está cómoda con la política del presidente y no siente, hoy, la necesidad y urgencia de ir a votar en noviembre.

Los electores demócratas y republicanos tienen argumentos que inclinarán el fiel de la balanza. La buena situación económica y el empleo; la dureza con Irán y Corea del Norte; la retórica anti-inmigración, el reconocimiento de la necesidad de resarcir el maltrato a los blancos –punto en común entre blancos republicanos y demócratas– por contraste con la afirmación positiva hacia las minorías; las guerras comerciales que supuestamente benefician al trabajador americano, la reforma fiscal, la repatriación de beneficios de multinacionales, son ejemplos del buen hacer de Trump, según sus votantes.

Para los demócratas, el supuesto racismo de Trump –tibieza en condenar los atentados de Charleston–, el apoyo incondicional al uso de armas de fuego; las rebajas fiscales a grandes corporaciones y rentas altas, el aumento del gasto en defensa, la ruptura de alianzas históricas, la renuncia al papel de primera potencia del mundo, las desregulación financiera que beneficia a los bancos, los escándalos sexuales, la trama rusa, etc; inclinarían el fiel de la balanza electoral hacia los demócratas, como hoy indican las encuestas.

A pesar de ello, hay que tomar en consideración que el votante de Trump aún puede movilizarse y votar en masa a favor de los republicanos y, rompiendo “la norma”, otorgar de nuevo el poder legislativo a los conservadores. Impredecibilidad es el verdadero nombre de Trump.

 Jorge Díaz Cardiel es Socio director Advice Strategic Consultants y autor de ‘Clinton vs Trump’ y ‘Trump, year one’

Normas