El gran maná de las infraestructuras

España ha aprovechado la ayuda de la UE para modernizar la red de carreteras y ferrocarril

Por cada millón de euros invertido en infraestructuras se han generado 14 empleos

Puerto de Despeñaperros
Puerto de Despeñaperros

Cuando en 1978 salía a los quioscos el primer número de Cinco Días, el sector de la construcción lamía sus heridas en términos de empleo e inversión, afectado por la crisis energética que llegó a España con un lustro de retraso. Había conseguido acumular un pequeño stock de capital derivado del desarrollismo de los sesenta, muy centrado en el inmobiliario, especialmente en el crecimiento espectacular de las grandes urbes. Sin embargo, las infraestructuras permanecían como gran asignatura pendiente en un país atrasado en todo tipo de transporte, ya fuera de viajeros como de bienes y servi­cios, y con sistemas portuarios deficientes.

La entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986 y, posteriormente, en la UE, ya como socio fundador, permitió utilizar los fondos estructurales para dar un impulso de gigante a las infraestructuras. La anquilosada red radial de carreteras y ferrocarril se multiplicó conforme llegaban ingentes recursos, un maná utilizado para construcción de autovías, vías secundarias y líneas ferroviarias.

De 2000 a 2006, España se benefició de 56.000 millones de euros, a razón del 1% del PIB anual. En el imaginario colectivo quedan hitos como el desdoblamiento del túnel de Despeñaperros (1984 y 2012), que une Andalucía con la Meseta, la primera línea de AVE (Madrid-Sevilla) en 1992, la remodelación del puerto de Barcelona (aprovechando los Juegos Olímpicos) o los nuevos accesos a la Cornisa Cantábrica y Galicia.

Cuatro décadas de frenética inversión han servido para que se hayan renovado los equipamientos municipales y el país cuente con autopistas de primera línea y la segunda red de AVE del mundo, gracias al maná de fondos europeos.

Es fundamental no caer en errores del pasado, como la construcción de aeropuertos y vías innecesarias

Sin embargo, por el camino quedan el desdoblamiento innecesario de algunas vías, la construcción de radiales con graves fallos en las previsiones de tráfico (serán rescatadas por la Administración para evitar costes mayores al erario) y la proliferación de aeropuertos de dudosa utilidad.

Las constructoras se han beneficiado y sufrido después los avatares del boom de los ochenta y del de finales de los noventa. Un ejemplo lo constituye el grupo Sando. Surgido en la misma década en que nació este diario, vivió el desarrollo de sus áreas (concesiones y construcciones) y también los problemas financieros de la crisis (logró refinanciar 700 millones en 2016). Ahora mira con optimismo el futuro. Como también lo hacen los gigantes (ACS, FCC, Ferrovial, Sacyr o Acciona). Su experiencia doméstica les ha servido para realizar unar exitosa expansión exterior y hoy son referencia mundial. 

El reto para próximos años es retomar la apuesta por la obra pública. El presidente de la patronal CNC, Juan Lazcano, avisa de que está en caída de stock de capital (un ratio de inversión del 1,9% del PIB, el menor de la serie histórica) y reclama apoyo en los próximos Presupuestos Generales del Estado.

Apoyo que debe tener en cuenta la rentabilidad económico-social y no caer en errores del pasado, y sobre todo, que estos no acaben siendo sufragados, una vez más, por el contribuyente. Una oportunidad, en esta ocasión sin maná europeo, de seguir vertebrando el país y de crecer en el exterior, apoyados por la I+D y la era de la digitalización en la que estamos inmersos.

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