Kate Raworth: “La Bolsa frena los avances sociales”

Es la autora del libro "Economía rosquilla", de la editorial Paidós

En él propone nuevos sistemas distributivos de la riqueza

Riqueza
La economista británica Kate Raworth.

Desde hace varios años, la economista Kate Raworth (Londres, 1970) trabaja para promover un cambio de mentalidad que haga frente a los retos sociales y ecológicos actuales. Es investigadora y profesora en el Instituto de Cambio Medioambiental de la Universidad de Oxford y asociada sénior del Instituto Cambridge para el Liderazgo en Sostenibilidad. También ha trabajado en proyectos de desarrollo, impulsados por organizaciones como Oxfam y Naciones Unidas.

Acaba de presentar el libro Economía Rosquilla (Paidós), en el que ofrece siete maneras de pensar la economía del siglo XXI. En él, explica que “la actividad económica del ser humano debería desarrollarse en el espacio situado entre una base social igualitaria y un techo ecológico y sostenible". Dicho de otra forma, prosigue la autora, "todo el mundo debería tener acceso a los bienes básicos, como la comida, la vivienda, el agua, la salud o los avances tecnológicos, pero dentro de los medios y recursos disponibles en el planeta”.

Raworth ha ilustrado esta teoría con un gráfico en forma de rosquilla, dividida en diferentes cuñas, y que se mantiene con la forma original cuando todo va bien. Sin embargo, cuando los habitantes tienen carencias en sus necesidades materiales básicas, se llena la parte interior, rellenando el agujero, y, cuando se abusa de los recursos naturales, se superan los límites exteriores del donut, haciéndolo más y más grande. “La rosquilla actual dista muchísimo de ser perfecta”, asegura. Por un lado, la desigualdad extrema no hace más que aumentar. Por otro, el impacto sobre el planeta “podría llevarnos a un punto de inflexión que ni si quiera nos hemos llegado a imaginar. Es difícil, pero sería una locura pensar que no hay marcha atrás”. Y Raworth tiene varias ideas sobre las que empezar.

Necesitamos crear nuevas formas de independencia financiera que estén alineadas no solo con valores monetarios

 

Una de ellas es dejar atrás el concepto de redistribución de la riqueza, y todo lo que esto supone. “Para que haya redistribución, la riqueza ha tenido que estar antes en manos de un pequeño grupo de privilegiados. El modelo del siglo XXI tendría que estar diseñado para que toda la riqueza se compartiese desde el principio, y no a posteriori, mediante impuestos progresivos y otros mecanismos. Tendría que ser distributivo en un origen”. Esta transformación, tal y como asegura, no tendría impacto únicamente en el sector financiero, sino también en el corporativo, en la tipología de las empresas y en su propiedad, y en la forma en la que el ser humano consume los recursos naturales. Cambiaría totalmente el concepto de la gran empresa: “Ahora nos parece normal que una compañía se centre únicamente en generar beneficio financiero, pero ese modelo está obsoleto, por simple supervivencia”.

La solución es encontrar nuevos objetivos hacia los que las empresas se vayan dirigiendo. “Hemos tenido la idea de que el progreso es una curva interminable de crecimiento, y es hora de redibujar esa imagen. Necesitamos crear nuevas formas de independencia financiera que estén alineadas con los valores sociales, y no solo con el monetario”. Y para ello, no queda otra que alejarse de los planteamientos tradicionales, que lastran cualquier atisbo de cambio. “Yo he hablado con directivos de todo tipo de empresas, y sé que los mecanismos de la bolsa les están reteniendo, porque cada trimestre sienten la presión y los accionistas aprietan. El mercado de valores frena los avances sociales”.

También sería necesario cambiar el concepto de crecimiento económico, un término que se ha convertido en un potenciador de la desigualdad. “Muchos seguidores del libre mercado más puro han asegurado que no era necesario repartir de forma equitativa los recursos, porque ya lo haría el propio crecimiento económico. Pero está demostrado que la desigualdad por sí sola no se corrige. El año pasado, el PIB creció a nivel mundial un 3%, pero más del 80% de la riqueza adicional fue a parar al 1% más rico”.

Estas ideas, como muchas otras, asegura la economista, pueden impulsarlas los nuevos agentes y colectivos sociales, así como las nuevas generaciones que están llegando a la empresa. Pero su labor no es nada fácil, menos aún con casos como los que salpican a Oxfam, donde Raworth trabajó más de una década, y que echan por tierra la imagen y la labor de estas organizaciones. Aun así, “estos problemas son comunes a todos los sectores, no solo el humanitario, y es necesario que salgan a la luz para combatirlos. Yo sé que en Oxfam están muy decepcionados por lo que ha ocurrido y por cómo se ha gestionado. A pesar de todo, yo estoy orgullosa de haber trabajado allí”.

Normas