Así se explotó a las empaquetadoras de tomate canario del siglo pasado

Fueron clave en el desarrollo económico y social. Ganaban 10 pesetas a la semana y tenían prohibido hablar. 40 años después las empaquetadoras del tomate continúan reivindicando el derecho a la igualdad

huelga feminista
Manifestación de las empaquetadoras.

No hay economía canaria sin tomate. No hay tomates sin empaquetadoras. Un razonamiento sencillo, pero con un gran trasfondo y que justifica la elección del último Premio del Ámbito de Economía de los Honores y Distinciones del Cabildo de Gran Canaria en este 2018 a la Asociación de Empaquetadoras de Tomate de Gran Canaria. Un galardón que se concede a personas e instituciones que han contribuido de manera significativa al desarrollo de la isla. 

Las plagas, la competencia externa, los precios, las deudas… Son las causas de que la exportación de esta fruta haya caído un 60% en los últimos 14 años. En los últimos 20, se han perdido más de dos tercios de la superficie plantada y más de 15.000 empleos. Pero a principios del siglo XX, el tomate canario se exportaba a más de una veintena de países europeos y condicionó la geografía, la demografía y la sociedad. Y aquí juegan un papel fundamental las empaquetadoras.

“Nosotras nos encargábamos de separar las piezas por color, tamaño y calidad, se distribuía en las mesas para luego meterlas en cajas. Empezábamos a las ocho de la mañana y terminábamos a la una de la madrugada. Los sábados se podía prolongar aún más la jornada”, nos explica Gloria Herrera, presidenta de la Asociación de Mujeres Empaquetadoras de Tomate. “Nos marcó mucho la figura del encargado de almacén, fueron muy autoritarios, no nos dejaba hablar ni comer”.

Así se explotó a las empaquetadoras de tomate canario del siglo pasado

El boom de las empaquetadoras en las islas se dio en los años 50, 60 y 70. En cada almacén había una media de 300 mujeres. “Yo empecé en las Majoreras, en El Carrizal, con 14 años”, añade Herrera, “y el 90% éramos chicas jóvenes, muchas niñas que ni llegaron a ir a la escuela. Mi padre murió joven y tuve que ponerme a trabajar. No recuerdo cuánto ganábamos, pero era muy poco”.

“Siempre hemos pensado que el trabajo de las empaquetadoras ha sido silenciado, era como si no existiera y, por eso, nos animamos a crear esta asociación. Hemos ido por los pueblos y hemos descubierto que hubo más empaquetadoras de las que creíamos”, afirma Herrera. Muchas de esas mujeres sufrieron unas pésimas condiciones laborales, vivían en cuarterías, con interminables jornadas y sin derecho a pensión de jubilación porque no cotizaban a la Seguridad Social, soportando además una alarmante discriminación frente a los hombres, pese a que su aportación al sector era igual de importante. 

“De esa etapa no hay nada, ni documentos, ni escritos, tampoco nada en la universidad, ningún justificante por escrito, es una invisibilidad absoluta de la mujer empaquetadora del siglo pasado”, explica con asombro Domingo Viera. Viera es uno de los fundadores del Sindicato Obrero Canario, creador de la rama sindical de aparcerías y empaquetadoras y, actualmente, está recopilando información y realizando cientos de entrevistas a mujeres, las que aún viven, para escribir un libro que relate una historia hasta ahora oculta.

Actualidad

Hoy en día más de 450 mujeres trabajan para la zafra empaquetando tomates en Las Palmas, según datos de la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas (FEDEX). Gracias a la lucha de esas primeras empaquetadoras, hasta ahora invisibles para la historia, las trabajadoras del siglo XXI tienen un convenio colectivo, un sueldo, muy bajo eso sí, de unos 600 euros (pero muy lejos de esas diez pesetas que ganaban a la semana sus antecesoras), una jornada laboral de 40 horas, derecho a descansos para comer, a vacaciones, a reducción de jornada o derecho a rotar en las funciones para atenuar la monotonía.

“Hay mucha documentación de la aparcería, de la plantación y recolección del tomate, también mucha información sobre la exportación, cuando el tomate sale y llega a los muelles extranjeros, pero nada del periodo intermedio, de cuando llega al almacén, donde trabajaron miles de mujeres”, explica Viera.

“Tengamos en cuenta que algunas de ellas tienen ya 90 años y su memoria es limitada, pero muchas aseguran que cobraban de dos a cinco pesetas al día. Y las que empezaron con 12 años, incluso menos, porque se les pagaba como aprendices”, añade el autor de este libro que verá la luz el próximo 15 de octubre, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer Rural. El Cabildo de Gran Canaria les entregará su distinción el 16 de marzo en el Auditorio Alfredo Kraus.

Todo comenzó a cambiar, aunque de forma muy paulatina, a raíz de la huelga del sector a finales de los 70, promovida por el sindicato creado precisamente por Domingo Viera. Después de aquello se firmó un convenio colectivo. 50 años después, como vimos este jueves día 8 de marzo, las mujeres siguen saliendo a la calle con pancartas para reivindicar sus derechos y la igualdad de género.

Así se explotó a las empaquetadoras de tomate canario del siglo pasado

Hoy en día más de 450 mujeres trabajan para la zafra empaquetando tomates en Las Palmas, según datos de la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas (FEDEX). Gracias a la lucha de esas primeras empaquetadoras, hasta ahora invisibles para la historia, las trabajadoras del siglo XXI tienen un convenio colectivo, un sueldo, muy bajo eso sí, de unos 600 euros (pero muy lejos de esas diez pesetas que ganaban a la semana sus antecesoras), una jornada laboral de 40 horas, derecho a descansos para comer, a vacaciones, a reducción de jornada o derecho a rotar en las funciones para atenuar la monotonía.

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