Bruselas teme un 'marzo negro' a partir de las elecciones en Italia

La UE confía en que Berlusconi salga victorioso el 4 de marzo. Pero no descarta un peligroso bloqueo como el que sufre Alemania desde hace cinco meses.

El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y el líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, el pasado mes de enero en Bruselas. (Facebook)
El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y el líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, el pasado mes de enero en Bruselas. (Facebook)

Berlusconi o el caos. La Comisión Europea espera las elecciones del 4 de marzo en Italia alarmada por unos sondeos que auguran un Parlamento fragmentado y grandes dificultades para formar gobierno, hasta el punto de que Bruselas solo confía en la coalición armada por Silvio Berlusconi (Forza Italia y Liga Norte) para formar un nuevo ejecutivo. Una fórmula arriesgada porque supone la cohabitación con la fuerza xenófoba y eurófoba de la Liga Norte.

Pero ni siquiera esa salida está garantizada, a pesar del apoyo mostrado a Berlusconi por los líderes de las instituciones europeas (miembros del Partido Popular Europeo). "Hay que prepararse para el peor escenario, que sería no tener un gobierno operativo", apuntaba la semana pasada el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker.

El temido bloqueo político en la tercera economía de la zona euro coincide con la incertidumbre sobre la puesta en marcha de la locomotora alemana, paralizada desde las elecciones del pasado 24 de septiembre.

La canciller en funciones, Angela Merkel, lleva cinco meses sin formar gobierno, aunque espera que este domingo las bases socialdemócratas del SPD refrenden la formación de una gran coalición con los conservadores (CDU/CSU).

El visto bueno al cuarto mandato de Merkel abriría una espita de alivio que podría compensar incluso una debacle electoral en Italia. El rechazo del SPD, en cambio, podría ser una peligrosa caja de resonancia para una Italia potencialmente ingobernable. Los dos países suponen el 44% del PIB de la zona euro.

Podríamos tener una fuerte reacción de los mercados en la segunda quincena de marzo, avisa Juncker

 

"Si sumamos toda esta incertidumbre, con el SPD, las elecciones en Italia, los gobiernos minoritarios aquí y allá, podríamos tener una fuerte reacción de los mercados financieros en la segunda mitad de marzo", alertó Juncker la semana pasada durante unos seminarios organizados en Bruselas por el centro de Estudios CEPS.

Juncker reconoció estar mucho más preocupado por el resultado de las elecciones italianas que por el referéndum de las bases socialdemócratas alemanas sobre la gran coalición. Una confesión que obligó al presidente de la CE a publicar poco después un comunicado precisando que "cualquiera que sea el resultado, confío en que tendremos un gobierno que garantice que Italia sigue siendo un actor esencial en Europa y en el diseño de su futuro". Las alarmas de Bruselas, sin embargo, ya habían sonado.

Roma lleva más de un año en período político transitorio, desde que Matteo Renzi dimitió como primer ministro en diciembre de 2016 tras perder un referéndum sobre una reforma constitucional. Su sucesor, Paolo Gentiloni (del Partido Demócrata, como Renzi), ha mantenido bien el timón pero no ha superado la etiqueta de líder provisional.

La economía italiana creció durante 2017 (1,5%), con un aumento del empleo y de la confianza de los consumidores. Pero su evolución sigue por detrás de las grandes economías (Alemania creció el 2,2%; Francia, el 1,8%) y lejos de España (3,1%).

La recuperación, además, no ha compensado el deterioro económico sufrido por Italia desde el estreno de la zona euro. El crecimiento de Italia fue cero entre 2001 y 2015, según la Comisión Europea. Y la situación se agravó entre 2007 y 2014, en particular en las regiones meridionales del país, donde el PIB real cayó casi un 2% cada año.

Italia se vuelve europea, pero no en el buen sentido de la palabra

 

El electorado del sur será clave en los comicios del 4 de marzo, porque en esas regiones se espera un buen resultado del Movimiento 5 estrellas, lo que podría privar a Berlusconi de alcanzar el 40% de voto que precisa para llegar a una mayoría absoluta (316 escaños de 630 en el Parlamento y 158 de 315 en el Senado).

Los últimos sondeos (del 17 de febrero, porque no se pueden publicar durante las dos semanas previas a la votación) apuntan a un 37% para el centro-derecha de Silvio Berlusconi, y en torno al 27% tanto para 5 Estrellas como para el centro-izquierda de Renzi.

Berlusconi parece convencido de su victoria. Y dada su inhabilitación, ya busca un primer ministro a la medida para gobernar desde la sombra. Il Cavaliere ha sugerido varias veces el nombre de Antonio Tajani, fiel aliado y actual presidente del Parlamento Europeo.

Tajani ha sido uno de los artífices de la rehabilitación política de Berlusconi en Bruselas, que el pasado mes de enero fue recibido por Juncker y respaldado formalmente por el Partido Popular Europeo (PPE). "El presidente Berlusconi tiene todo el apoyo del PPE", señaló el secretario general de esa formación, Antonio López Istúriz, tras los encuentros del mes pasado.

La izquierda, por su parte, cuenta con varias alternativas para el caso de que pudiese liderar un gobierno de coalición o gran coalición, como Gentiloni o el ex primer ministro Enrico Letta.

"Sea cual sea el resultado, no va a ser bueno", pronostica la socióloga Mabel Berezin (profesora de la Universidad de Cornell). Berezin teme que las elecciones acerquen a Italia al modelo político que empieza a dominar en Europa marcado por los brotes xenófobos y el repliegue fronterizo. "Con la disolución de la izquierda y la emergencia de un intenso nacionalismo, Italia se está volviendo europea, pero no en el buen sentido de la palabra", advierte Berezin

Bruselas, sin embargo, observa con cierta satisfacción que la retórica euroescéptica se ha moderado en casi todos los grupos y que ninguno defiende abiertamente la salida de la UE o la sustitución del euro por la lira, como planteaban durante los peores momentos de la crisis desde la Liga Norte a Cinco Estrellas. Para la Comisión, el riesgo es que esa aparente moderación no se traduzca en un gobierno proeuropeo sino en un desgobierno peligroso para toda la zona euro.

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