Los bonos ligados a la inflación pierden brillo por elevadas duraciones y el alza de tipos

Existen cinco líneas abiertas enEspaña por importe de 35.000 millones

Las mayores colocaciones se realizaron en 2014 y 2017

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En mayo de 2014 España estrenó un nuevo instrumento de deuda: los bonos ligados a la inflación. Desde su puesta en marcha el Tesoro ha captado un total de 42.700 millones de euros, apenas un 4,5% del total de lo emitido en los últimos cuatro años. El reparto de este importe ha sido muy desigual y el grueso de las colocaciones se han efectuado en 2014 y 2017, coincidiendo con los mejores momentos del IPC.

La estrategia puesta en marcha por el organismo dependiente del ministerio de Economía no es algo exclusivo de España sino que sigue los pasos de países como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o EE UU. Pero a diferencia de estos, hasta el momento el volumen recaudado es muy reducido.En la presentación de la estrategia el pasado enero, la secretaria general delTesoro, Emma Navarro apuntó que el objetivo para este 2018 es elevar el peso de estas emisiones en el conjunto de la deuda en circulación. De momento en el arranque del año se han colocado 1.697,8 millones.

El Gobierno vendió esta fórmula como una opción atractiva dentro del universo de la renta fija. En un escenario de tipos de interés cero y ante las expectativas de subida de las tasas y de la inflación, los bonos indexados eran vistos como la opción perfecta para beneficiarse de una recuperación paulatina de los precios y protegerse de la pérdida de poder adquisitivo, pues el principio por el que se rigen estos títulos es que tanto el nominal como los cupones se ajustan a la evolución de los precios.

A simple vista, la idea parece atractiva. Pero manejar estas emisiones entraña una especial dificultad y son muchos los analistas los que consideran que inversiones de esta clase no son aptas para los particulares. “Este instrumento es un producto interesante para los inversores, pero hay que tener en cuenta que los principales demandantes de estos bonos son las salas de tesorería”, afirma Gerard Vaqué, responsable de renta fija del centro de inversiones de Deutsche Bank.

David Ardura, director de gestión de Gesconsult, señala como principal inconveniente de las emisiones efectuadas por el Tesoro su elevada duración, que oscila entre cinco y 15 años. En un escenario como el actual en el que la volatilidad en el mercado de deuda se centra en los plazos más largos, Ardura opta por vencimientos cortos.Para los que quieran jugar la carta de los bonos ligados a la inflación, el gestor recomienda combinarlos con estrategias de cobertura. Es decir, aconsejan ponerse cortos en el bono.

“La deuda ligada a la inflación está referencia a un índice –en el caso de España al IPC de la eurozona– que debería ir subiendo a medida que el crecimiento se abre paso.Conforme los precios se aproximen al 2% el BCE irá elevando los tipos de interés. De manera que lo ganado vía cupón se acaba perdiendo con el alza del precio del dinero”, explica Ardura.

Otra posibilidad es que los inversores opten por la liquidez a través de la venta de los bonos en el mercado.En este caso, el gestor considera que en un escenario de repunte la inflación y de los tipos, es probable que quienes decidan deshacer posiciones acaben incurriendo en pérdidas.

En la actualidad existen cinco líneas abiertas con vencimiento en 2019, 2021, 2024, 2027 y 2030 por un volumen total de aproximadamente 35.000 millones entre las cinco. La rentabilidad de estos activos en el mercado oscila entre el -1,5% y el 0,29% y su precio entre el 103,76% de los bonos con vencimiento a dos años y del 115,94%, para los que finalizan en 2024. Es decir, si a día de hoy un inversor vendiera su posición recuperaría el principal y con el nivel actual de los precios (1,3%) no perdería poder adquisitivo. Vaqué afirma que “el Tesoro español está ligeramente caro comparado con otros países como Italia, pero esta situación se produce tanto en emisiones nominales como en las vinculas a la inflación”.

Wolfgang Bauer, gestor del fondo M&G European Inflation Linked Corporate Bond, resalta el escaso volumen del mercado español en títulos ligados la inflación. Una de las razones que explicaría esto es que no ha sido hasta 2017 cuando la inflación de la zona euro se ha recuperado. En 2015 la tasa armonizada se situó en el 0% y en 2016, en el 0,2% frente al 1,5% del año pasado. “El repunte de la inflación en la eurozona fue impulsado por los precios de la energía mientras que la inflación de los servicios (que representa el 45%) se mantiene por debajo del objetivo del 1,2%”, afirma Bauer. Además, el gestor resalta que las tasas de desempleo en la región aunque están disminuyendo siguen siendo muy elevadas, limitando el potencial de una inflación salarial de base amplia.

Claves de estos títulos

Un bono indexado a la inflación es un título que devenga un cupón fijo y que a lo largo de su vida aumenta el principal de la inversión de acuerdo a la evolución de los precios.En el caso de los bonos emitidos por el Tesoro público español, están vinculados a la evolución de la tasa de inflación armonizada de la zona euro. El principal de estas emisiones suele constar de un suelo que impide que el vencimiento se sitúe por debajo de la inversión original.En un escenario de incremento de la inflación es de esperar que el principal aumente, de manera que el importe del pago del cupón será mayor.

La principal diferencia con un bono nominal es su estructura de pagos. El nominal paga un cupón fijo que se calcula como porcentaje del principal invertido, mientras el indexado a la inflación abona cupones en un principio menores pero que aumentan a medida que crece el principal en cada periodo de devengo, compensando así la pérdida de poder adquisitivo.

Desde Self Bank señalan que esta deuda tiene una doble sensibilidad: por un lado evolucionan frente a los tipos reales y por otro lado, con respecto a las expectativas de inflación que haya en el mercado.

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