El BCE reclama a la banca que se desprenda ya del ladrillo

Pretende que el sector mejore su rentabilidad y entierre el lastre inmobiliario

Los planes de la banca incluyen retornos de capital de dos dígitos

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Danièle Nouy, presidenta del MUS

El Banco Central Europeo (BCE) está obsesionado con olvidar definitivamente las secuelas de la crisis financiera, y una de las principales muestras de ella son aún los elevados activos improductivos o NPL (non performing loans) que tiene la banca en sus balances.

La nueva circular contable IFRS9, que entrará en vigor el próximo 1 de enero, tiene como uno de sus objetivos desatascar los balances de las entidades financieras de estos activos improductivos. Según los últimos datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA en sus siglas en inglés) la banca europea ha ido en los últimos años deshaciéndose de estos activos. Pese a ello, considera que el nivel de morosidad aún se mantiene en un nivel “histórico muy alto”, de 893.000 millones de euros.

La EBA, como el BCE, aseguran que se necesita un mayor progreso en la reducción de los activos NPL (non performing loans), o improductivos –principalmente inmuebles–. Este es, de hecho, el mensaje que también les ha lanzado a los directivos de los bancos que supervisa el BCE cuando en estas últimas semanas (entre noviembre sobre todo) han ido pasando por los despachos del supervisor europeo.

El objetivo de estas visitas no era precisamente recomendar a los diferentes bancos que se desprendieran de sus activos inmobiliarios. Las reuniones tenían como misión informarles sobre los resultados de los test realizados para comprobar los ratios de capital que deberán mantener en 2018, y del que depende su política de dividendos para el próximo ejercicio, además del abono de los bonos para los ejecutivos de a entidad.

Varias fuentes financieras aseguran que el BCE les ha reclamado de forma muy insistente que aceleren la venta de sus inmuebles. La razón facilitada es que el supervisor pretende que la banca recupere su atractivo para los inversores, o lo que es lo mismo, que mejore su rentabilidad y consiga que esta sea superior al coste del capital como ocurre desde que se inició la crisis financiera hace casi una década.

La rentabilidad de los grandes bancos españoles se sitúa en la actualidad de media entre un 6% a un 7%, mientras que el coste de capital se eleva al 10%, apuntan varias fuentes financieras. Este desfase, no obstante, no ha impedido en los últimos meses que los inversores institucionales acudieran a las ampliaciones de capital que se han realizado en la banca europea. Aunque ahora, coinciden dos fuentes bancarias, los inversores piden planes a medio plazo para que su inversión comience a darles beneficios.

De ahí que los planes estratégicos que la banca ha comenzado o comenzará a aprobar para los próximos tres o cuatro años incluyan ya rentabilidades de dos dígitos, algo que no sucedía desde 2008, salvo raras excepciones, como en España Bankinter. La petición del BCE no ha sido, sin embargo, recogida, salvo excepciones, en las cartas que ha enviado a los bancos con los ratios de capital de máxima calidad en 2018.

El BCE, y más en concreto, la división de supervisor que preside Danièle Nouy –el Mecanismo Único de Supervisión (MUS)–, ha llegado a pedir a las entidades que agilicen la enajenación de sus carteras inmobiliarias aunque sea con ligeras pérdidas.

Un alto directivo de una entidad financiera asegura que ahora parece que son los inversores institucionales los que están marcando el paso de las exigencias de la supervisión europea, ya que es el mercado el primero que está analizando para sus inversiones bancos limpios o casi limpios de la lacra que ha supuesto en la década el ladrillo activos dudosos.

En España gran parte de los bancos con un elevado peso en sus balances de activos improductivos están optado por venderlos en bloque en una sola operación. El primero fue Santander, entidad que traspasó a Blackstone el 51% de los activos tóxicos de Popular, unos 30.000 millones de euros. Esta operación, unido a la presión del BCE, ha provocado que la banca busque inversores para cerrar operaciones en bloque de ladrillo. BBVA, con la colocación de 13.000 millones a Cerberus, operación anunciada el 30 de noviembre, es otro ejemplo. BBVA admite que la presión del BCE obliga a acelerar la venta de activos tóxicos. El responsable de estrategia y M&A de BBVA, Javier Rodríguez Soler, ya reconoció a este periódico que la presión del BCE ha obligado a acelerar la venta de inmuebles. Rodríguez añadía que en el segundo o tercer trimestre de 2018 “ pasaremos página y el peso de los activos adjudicados serán ya historia para el banco”.

Liberbank y Unicaja también han realizado operaciones similares en el último mes. El resto lo hará en el primer trimestre de 2018.

La venta de Sareb de última hora

La Sociedad de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) ha vendido a Deutsche Bank una cartera de créditos por un importe nominal de 375 millones de euros, la operación institucional de mayor tamaño realizada por la sociedad en 2017.

La cartera, llamada Inés, está compuesta de préstamos garantizados por inmuebles situados, principalmente, en la Comunidad de Madrid, Cataluña, Andalucía y Aragón, explica Sareb en una nota remitida ayer.

En la mayor parte de los casos se trata de activos residenciales terminados, aunque incluye puntualmente algún colateral terciario y oficinas en desarrollo.

Según explica el llamado banco malo, la operación se ha cerrado tras un proceso competitivo “que ha permitido maximizar el valor de los activos”, y ha cumplido “los requisitos más exigentes en materia de transparencia y competencia”.

En opinión del director general de Negocio de Sareb, Alfredo Guitart, esta transacción “es consistente” con la estrategia de desinversión de la entidad y sigue dando muestras de la confianza existente en el mercado español. Sareb ha estado asesorada en esta operación por el despacho de abogados Garrigues.

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