Diálogo para superar la desconfianza entre lo público y lo privado

Representantes del sector privado, las organizaciones multilaterales y el poder público debaten sobre la colaboración público-privada en procesos de paz

Responsabilidad corporativa
De pie, Ramón Pueyo, socio de gobierno, riesgo y cumplimiento de KPMG; Lucila García, subdirectora general de Fundación Seres; José Antonio Rubio, senador por Palencia del PP, y David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children. Sentados, Francisco Polo, director de comunicación de Ferrovial, y Paloma Durán, directora del Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La Agenda para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas propone un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para toda la humanidad que deben alcanzarse en 2030. El punto 16 de estos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propone paz, justicia e instituciones sólidas con el fin de superar las consecuencias de los conflictos violentos que, además de las dramáticas bajas entre la población civil, aboca a las zonas en las que tienen lugar a la destrucción y el abandono.

En la consecución de estas metas, todo el mundo, Gobiernos, sector privado y sociedad civil, está llamado a hacer su parte. CincoDías, en colaboración con Ferrovial, reunió a representantes del sector privado, las organizaciones multilaterales y el poder público para debatir en torno al tema La colaboración público-privada en los procesos de paz y sobre el papel que deben desempeñar las empresas en el desarrollo de los ODS.

“Los ODS nos proponen una agenda global que es una oportunidad para las empresas. Porque nos ponen plazos y objetivos muy claros, una hoja de ruta clara de cómo las empresas pueden trabajar”, señaló Lucila García, subdirectora general de la Fundación Seres, que destacó que existen estimaciones de 380 millones de trabajos relacionados con los ODS o los 12 billones de dólares que se manejarán en áreas de trabajo como la energía, el desarrollo, etc. “A las empresas les pone un foco de trabajo y a la vez pueden aprovechar y trabajar en lo que ellas son capaces de hacer; es el negocio alineado con la sociedad”.

De esta manera, como planteó Paloma Durán, directora del Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, “los ODS están invitando a superar la idea de la responsabilidad social corporativa o la filantropía en su parte tradicional. Los objetivos van más allá porque la apuesta es integrar la sostenibilidad, desde el punto de vista social, económico y ambiental, en el ADN de la empresa”.

Durán destacó en este punto la importancia del objetivo 16 para las empresas, pues al contrario de lo que pudiera parecer en una primera impresión, “hacen falta empresas para asegurar este objetivo”. “Hablar de sociedades inclusivas es demasiado, pero esto se traduce en unas metas y unos indicadores que pasan por un sistema democrático, acceso a la justicia para todos, instituciones fuertes, separación de poderes, independencia del poder judicial, sistemas de transparencia adecuados, leyes anticorrupción… es decir, que las consecuencias que tienen importan, y mucho, al sector empresarial”.

José Antonio Rubio, senador por Palencia del PP y vicepresidente 1º en la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo, abogó a su vez por poner en el centro de la agenda política estos objetivos, pues “la Agenda 2030 es una gran desconocida, dentro incluso de la clase política, y en ella nos jugamos el futuro de la humanidad”. “Estamos hablando de hacer un planeta sostenible y es el momento de tomárnoslo muy en serio”, recalcó. “Hay que ver el problema dentro de todos los países y la responsabilidad es de todos los países, no solamente la acción caritativa. Ahora cada uno tiene su responsabilidad, es de todos. Y en ese todos las empresas tienen su gran responsabilidad”, subrayó Rubio.

Para Francisco Polo, director de comunicación de Ferrovial, “lo que está sobre la mesa es crear los mecanismos, que los Gobiernos, las multilaterales y el sector privado, de una manera compartida, coordinada, complementaria, seamos capaces de hacer que el mundo camine en una dirección muy positiva, creando las bases firmes para que la humanidad en los próximos lustros y decenios viva en un planeta mejor”. Por ello, consideró Polo, es un hecho que el curso de la humanidad depende de la colaboración del sector público y privado, “porque no se puede entender el mundo sin la presencia de las empresas”, remarcó, para lamentar luego la distancia entre Gobiernos, multilaterales y empresas “bien por recelo, ignorancia, desconocimiento o falta de confianza”. “No acabamos de entendernos, nos damos unos a otros cierto miedo”, afirmó.

Buscar espacios de entendimiento resulta así fundamental, porque 2030 no está tan lejos. Por ello, “la colaboración público-privada es urgente”, como remarcó David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children. Para Del Campo, estos 15 años marcados por la nueva Agenda imponen “al rol del sector privado una mayor presión, porque se va a percibir perfectamente quién está dentro de la Agenda de Desarrollo Sostenible, de forma honesta, y quién se queda fuera”. E identificó lo que se queda fuera con los mecanismos, a los que vinculó con la confianza. “¿Qué es lo que está impidiendo que las enormes capacidades del sector privado no formen parte mucho más determinante de la Agenda?”, se preguntó. “Las confianzas se generan, primero, cuando compartes algo de una forma bien establecida, una agenda, un territorio, unos objetivos”.

Para Del Campo, “los ODS son unas ventanas cómodas, bonitas, trufadas de colores, que nadie va a negar que no las reconoce como una agenda propia. Pero cuando se abren, cada una de esas 17 ventanas tienen una serie de indicadores muy concretos. Y cuando propongamos trabajar en uno de esos indicadores es cuando necesitamos mayor paraguas, un marco que diga los objetivos del sector privado para entrar sin desconfianza”.

Del Campo criticó, en este sentido, que en España no haya un marco de colaboración público-privada. “En España, los mecanismos para esta colaboración son de 1998, seguimos en un mecanismo que funciona con fax”. Por ello reclamó una actualización urgente de los mismos. “Urgente es ya”, sentenció.

Ramón Pueyo, socio de gobierno, riesgo y cumplimiento de KPMG, llamó la atención sobre los frenos, bien cognitivos o ideológicos, que impiden al movimiento social mirar a las compañías con un poco más de confianza, cuando estas quieren “instituciones fuertes, Estados avanzados, clases medias y gente con poder adquisitivo. No existe un enfrentamiento entre incentivo empresarial y desarrollo social”, señaló. Es lo que planteó como una cuestión de “egoísmo inteligente”, la constatación de que “para que a la compañía le vaya bien a la sociedad deber irle bien”.

El representante del poder público en la mesa abundó en el tema de la confianza trayendo a colación una ponencia celebrada en el Senado en 2015 donde pudo constatar la reticencia ideológica de algunos partidos con su percepción de la gran empresa “como alguien que va a esquilmar las riquezas a otros países” y donde también se dio “la sensación de que las empresas actuaban por libre, sin coordinación con actuaciones públicas en las mismas materias, muchas veces por desconocimiento”. “Es hora de que se pongan en común esas cosas. Es un problema de puesta en común y de coordinación”, manifestó.

La portavoz de la ONU quiso quitar importancia a la necesidad de regular los mecanismos de colaboración. “No considero que sea necesario que desde el punto de vista público haya que coordinar todo lo privado ni que desde el punto de vista privado haya que coordinarse al 100% con el público”, aseveró. Para Durán, “en todos estos temas el principio básico es que se puede mejorar la vida de mucha gente aunque no exista un sistema perfecto”. “En general, el sector privado requiere un ejercicio de confianza, pero la confianza empieza con el diálogo. Y para que haya diálogo hay que entender que cada actor tiene su papel y su responsabilidad”. Así, “el sector privado no tiene la responsabilidad de trabajar por el interés general, lo que está buscando es hacer negocio. Pero este negocio se puede hacer de una manera más responsable si integra los ODS en el core business de la empresa”, reflexionó.

La subdirectora general de Fundación Seres reforzó esta idea remarcando que no se puede presentar la realidad como una dicotomía, presentar “sociedad y empresa como si fueran dos realidades distintas”. “Aunque es verdad que las empresas son for profit, si al final el interés general no lo incorporas a tu toma de decisiones va a ser imposible que tú operes, porque a medio y largo plazo no va a funcionar. La Agenda lo que pone de manifiesto es que tenemos que tener un conocimiento más amplio de lo que es relevante para la sociedad”.

A este respecto, el socio de KPMG reconoció que “una de las tareas pendientes es el reconocimiento de la función social de la empresa”, porque “la función social de la empresa está metida en el ADN, forma parte de su propósito”. Por ello, Pueyo abogó por un mayor “reconocimiento social a la figura del empresario, y sobre todo a la figura del buen empresario y de la buena empresa, porque la desconfianza con la que se trata a todas desincentiva las buenas acciones de algunas”. Y además, “la sociedad debe castigar a las empresas que destruyen un valor social”.

Polo, de Ferrovial, destacó que uno de los grandes aciertos de los ODS “ha sido la incorporación y el reconocimiento del sector privado como un actor importante en la función social”. Otro acierto ha sido “que no se vincula el desarrollo con la extrema pobreza, sino que incorpora multitud de elementos que forman parte de una sociedad mejor y un planeta mejor. Y no solo limitarlo a los países en vías de desarrollo o infradesarrollados, sino reconocer que la pobreza y la falta de desarrollo también la sufren los países desarrollados, como es España”.

Cauca, un banco de pruebas de la colaboración público-privada

-Un ejemplo de colaboración público-privada es el que se ha puesto en marcha en el departamento colombiano de Cauca, al suroeste del país, una zona devastada por la guerrilla y que ha sido elegida por el Estado para su desarrollo. Allí están participando conjuntamente sobre el terreno empresas como Ferrovial y organizaciones multilaterales como el Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Save the Children. “Unas compañías se han ocupado de las telecomunicaciones, otras de las construcción de infraestructuras, otras de las dotaciones culturales y Ferrovial se ha ocupado de la instalación de sistemas de agua”, explica Francisco Polo, director de comunicación de la compañía de infraestructuras.

-Para David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children, ONG que lleva actuando en esta zona 30 años, “lo importante no es en sí el proyecto, sino el hecho de que el sector privado está llegando a un sitio donde antes no había llegado ni el Estado ni nadie. Eso en un proceso de paz significa una palanca de confianza hacia un territorio que antes no la tenía”.

-El Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que dirige Paloma Durán, participa en el proyecto del Cauca, “donde hemos reducido la cadena de valor para que los productores de café puedan tener mayores beneficios de su trabajo y se pueda beneficiar a las familias”, explica Durán.

-Lucila García, subdirectora general de la Fundación Seres, destacó la labor que tienen las empresas de movilizar a otros agentes. “Más allá de una contribución directa, las empresas también son capaces de tener una movilización con otros agentes, pues tres de cada cuatro empresas ya están poniendo en marcha proyectos relacionados con su cadena de producción, y con los empleados, a través del voluntariado”.

-Ramón Pueyo, de KPMG, llamó la atención sobre el valor que tiene la actuación de las empresas españolas en estos proyectos de desarrollo. “La reputación como país tiene un valor económico. La ingeniería alemana, la precisión suiza, el diseño italiano, el glamur francés, todo eso vale dinero. Esto debería plantearse como un proyecto de país. ¿Por qué no hacer que lo distintivo de las compañías españolas que actúan en España sea el compromiso social y ambiental?, reflexionó.

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