independencia cataluña
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, firma el documento sobre la Independencia EFE

Confusa, esperpéntica y tramposa declaración de independencia

Lo visto ayer en el Parlament no es una rectificación ni abre un camino prometedor

Sigue siendo necesario restablecer la legalidad en Cataluña

El Parlament vivió ayer una sesión esperpéntica que no sirvió más que para agravar el caos político que vive Cataluña desde que se aceleró el procés. El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, quiso ganar tiempo a la desesperada en el momento en que, según sus compromisos, debía hacer efectiva la declaración unilateral de independencia (DUI).

Pero, en una pirueta incomprensible para muchos de los suyos, en la misma y confusa frase declaró la independencia y la puso en suspenso, para abrir un periodo de diálogo de “unas semanas”, que no precisó. La frase decepcionó a las masas concentradas en los alrededores del Parlament, que esperaban saludar a la nueva república, e irritó a la CUP, el aliado clave en este irresponsable camino emprendido por las instituciones catalanas.

En una nueva vuelta del enredo, Junts per Sí y la CUP firmaron un documento que hace las veces de proclamación de la república, pero que no se lleva al pleno de Parlament porque supuestamente está congelada.

Hacer efectiva e inmediata una declaración unilateral de independencia era, además de un golpe a la legalidad, una temeridad. Pero lo hecho no es tan diferente. Es, en realidad, una trampa. Ese “suspenso” de semanas, que ni siquiera vota el Parlament, no significa una verdadera rectificación, no devuelve a la Generalitat al camino de la ley, y por lo tanto no abre ningún camino prometedor. Solo se ha pretendido sortear la imagen al mundo de una ruptura unilateral, contra la que se han pronunciado todas las instituciones europeas, alejándola algunos días.

Seguramente se ha actuado así porque la fuga de empresas, el portazo de la UE y la división ciudadana han hecho abrir los ojos a buena parte del movimiento separatista sobre las serias consecuencias de desafiar la ley. En ningún caso se encauza el conflicto al espacio del que nunca debió salir: el diálogo institucional dentro del orden constitucional.

Lo vivido ayer en el Parlament es un paso más en un intolerable desafío a la Constitución, el Estatut y el Estado de derecho, aunque no sea el último paso. Sigue siendo necesario restablecer la legalidad.

Normas
Entra en EL PAÍS