La automatización destruirá alrededor del 10% de los empleos

La disrupción tecnológica afectará a los más desfavorecidos

Este avance puede estar detrás del estancamiento salarial ya que disminuye el poder negociador del empleado

Un camión autónomo del Rio Tinto Group en una mina australiana.
Un camión autónomo del Rio Tinto Group en una mina australiana.

En la mina Yandicoogina de Australia, los camiones del Rio Tinto Group que transportan carbón transitan 24 horas al día, todos los días del año. Al volante, nadie. Son camiones autónomos que circulan usando un sistema de navegación. Este es un ejemplo de la automatización del trabajo que acabará con alrededor del 10% de los empleos, según un estudio de Arcano Economic Research. Ignacio de la Torre, uno de los responsables del informe, asegura que los más desfavorecidos serán los principales afectados.

Según el estudio, este avance tecnológico puede estar detrás del estancamiento salarial generalizado, ya que disminuye el poder negociador del empleado. La automatización está haciendo que las empresas dejen de recurrir a la externalización en busca de mano de obra barata, lo que supone un arma de doble filo que afectará especialmente a los países emergentes. 

En el año 2007 la única empresa tech entre las primeras 25 en bolsa era Microsoft. Apenas diez años después, las siete primeras son tecnológicas. Y, aunque habrá que esperar algunos años más para ver inteligencia artificial con sentido común aplicada, por ejemplo, a los automóviles autónomos, la tecnología ya ha llegado a algunas profesiones poco cualificadas. El riesgo de perder el empleo en pro de una máquina es mayor para los trabajadores que dedican el 70% de su jornada laboral a tareas repetitivas, previsibles y que requieren poca preparación. 

Estas previsiones a corto plazo tendrán efectos negativos en la población. La destrucción del empleo provocará tensiones y malestar social. Para paliar estos efectos, los autores del informe apelan a un Estado social y solidario y a la educación. 

Las ventajas productivas, traducidas en mayores beneficios, deberían ir a parar a las personas más afectadas por el impacto de la tecnología. Por ejemplo, si el coche autónomo consigue reducir la siniestralidad y por lo tanto se reduce el gasto sanitario estatal, esta diferencia debería ir a cubrir las necesidades de los que han perdido el empleo.  

Por otro lado, la educación es un punto fundamental para hacer frente a esta situación. Los autores defienden la necesidad de una revolución educativa adaptada a los cambios que está experimentando el mundo. Proponen, por ejemplo, incorporar a los planes de estudios materias de programación e implementar medidas de aprendizaje continuas para los adultos. 

Tras la tormenta viene la calma y, según De la Torre, a largo plazo la conquista de la tecnología traerá consigo una mayor productividad y subidas salariales. Todo este proceso desembocará en más tiempo libre, mejor calidad de vida e incluso más longevidad. 

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