La economía sonríe a Trump, pero su agenda se atasca

Una rebaja fiscal drástica puede encontrar resistencias. La oposición no son los demócratas, sino los republicanos

Donald Trump
El presidente de Estados Unidos Donald J. Trump. EFE

Mi hija va a estudiar a Boston. Dos carreras. Mi mujer y yo, mexicanos, hemos trabajado muy duro. Además, tenemos dos hijos varones y en México no hay trabajo”, le responde un enfermero hispano a mi amigo el teniente general del Cuerpo de Marines, aún convaleciente, cuando le pregunta, a quién le atiende, por su familia.

El mexicano dice que en América hay mucho trabajo y que él y su esposa, ya de 60 años, siempre han hecho dos o tres turnos diarios para sacar adelante su familia. Todo con tal de no volver a México.

No le falta razón al señor que atiende a mi amigo. Un día antes de que la EPA americana haga público el dato de empleo de agosto, el sector privado ofrece seis millones de puestos de trabajo sin cubrir: el 90% en el sector servicios. El dato lo ofrece el Servicio Público de Empleo, como nuestro antiguo INEM. En muchas ciudades de América, en la puerta de restaurantes, tiendas u obras en construcción puede leerse un cartel que dice: “Se contrata”.

Hay motivos por los que esos millones de puestos de trabajo no se cubren inmediatamente. Por un lado, muchos empleos requieren cualificaciones profesionales técnicas que requieren formación. También, el hecho de que la tasa de participación en el mercado laboral es baja para los estándares americanos. Desde jóvenes veteranos de guerra de Iraq y Afganistán que, con depresión, se ven incapaces de trabajar, a personas mayores desanimadas para buscar trabajo tras haberlo perdido todo tras la crisis. En Estados Unidos, el INE americano considera parado de larga duración a una persona que permanece en paro seis meses, mientras que en España son dos años. Además, la competitividad de la economía y la competencia feroz en el mercado laboral hace que el reciclaje profesional deba ser inmediato si un parado quiere recuperar el empleo.

Aún así, las previsiones de empleo para el mes de agosto eran buenas. Economistas de Bloomberg, S&P y WSJ coincidían en anticipar la creación de 237.000 nuevos empleos en el sector privado –el dato final fue menor de lo previsto, 156.000 puestos de trabajo–, casi todos en el sector servicios, destacando, por este orden sanidad, servicios profesionales, tecnologías de la información y comercio. Por vez primera en años se crearía empleo en construcción y en manufactura..

Empresas de todos los tamaños crean empleo: las más grandes (más de 500 empleados), unos 115.000; las medianas no menos de 70.000 y las pymes y microempresas 58.000. La tasa de paro sube una décima y queda en el 4,4%, cerca del pleno empleo, objetivo que se conseguirá cuando se cubran los seis millones de puestos de trabajo de que hablaba más arriba. La tendencia que inició Obama (una media de 200.000 nuevos empleos al mes) se mantiene. En julio se crearon 209.000 nuevos empleos. Ahora 156.000 en el sector privado. Veremos qué pasa en el sector público, del que es poco amigo el actual presidente.

Aunque Larry Summers (exsecretario del Tesoro con Bill Clinton y asesor económico del presidente Obama) ha acuñado un término que otros economistas han hecho propio: secular stagnation, según el cual habría que acostumbrarse, en los países de la OCDE, a bajos crecimientos del PIB y el empleo, lo cierto es que Obama dejó bien encauzada la economía con un crecimiento medio anual del 2,6% en PIB durante siete años. Y casi pleno empleo y la inflación controlada en el objetivo de la Reserva Federal, el 2%. Todo ello junto ha llevado a la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, a subir los tipos de interés a corto dos veces en 2017, augurando una tercera subida antes de fin de año. Algunos economistas piensan que con el potencial de crecimiento de la economía y mayor generación de empleo y con la inflación en agosto en el 1,6%, la Fed podría retrasar el aumento de tipos y la reducción de su balance.

La economía no va mal. En el segundo trimestre del año ha crecido el PIB un 3%. En el primer trimestre, creció el 1,2%. Lo más probable es que el año acabe con un 3% y casi pleno empleo. En Washington hay un gran rumor: el presidente se estaría planteando mantener a la actual presidenta de la Fed en lugar de no renovarla, como prometió en campaña electoral. Su razonamiento pragmático es simple. Si funciona, ¿por qué cambiar? Y en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole, Yellen dejó claro que era partidaria de continuar con la misma política económica (de Obama). Si Trump hubiera querido enmendarle la plana, ya habríamos hablado del correspondiente tuit. No lo ha habido. El presidente no se ha opuesto a Yellen.

El crecimiento del PIB en el segundo trimestre tiene dos fuentes. El consumo privado, que ha aumentado el 3,3% y supone el 70% del PIB y la inversión empresarial, que se incrementó el 0,6%, ambos datos mejores que el mes pasado y que hace un año.

Como en el empleo, por lo que cabe establecer una correlación, sanidad, servicios profesionales, tecnologías de la información y comercio, son los sectores que más crecen, además del turismo, en plena época estival.

Los salarios se han incrementado un 2,6% de media y los hogares se han encontrado con mayor poder adquisitivo que se ha traducido en más gasto. El mayor consumo estimula la economía y el cuarto sector en mayor crecimiento ha sido el comercio. El índice de confianza de los consumidores, tanto de Moody’s como de la Universidad de Michigan, es muy bueno, de 122,9 puntos. El índice de confianza en la situación presente es de 104 puntos y el índice de confianza en la situación económica futura es de 155,4 puntos. Todo lo que este por encima del 100 es muy bueno.

El mercado inmobiliario, medido en 20 áreas metropolitanas por el índice S&P Case Schiller, no para de mejorar y en el primer semestre del año, el precio de las viviendas aumento el 5,7%, en esos mercados inmobiliarios, siendo la media nacional, la de todo el país, del 5,8%. En los últimos 12 meses, por ejemplo, las casas se han revalorizado en Seattle un 13,4%, el 7,3% en Vegas o el 5,8% en Los Ángeles. Aunque se trate de una media, una casa tarda en venderse 4,5 meses, cuando en los años pasados, vender una casa era un imposible.

Los mercados de valores crecen. Los índices Dow Jones, SP500, Nasdaq, todos suben. Y las empresas que más aumentan su capitalización son tecnológicas, por este orden, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Facebook y Microsoft. Hay mucho movimiento en este campo empresarial.

Apple lanzará su nuevo iPhone 8 el 12 de septiembre. Amazon, con su compra de Whole Foods por casi 14.000 millones de dólares, ataca el comercio tradicional, especialmente a Walmart, que se ha aliado con Google para hacer comercio electrónico y contrarrestar a Amazon, líder en cloud computing, donde compite con Microsoft, con quien se ha aliado en inteligencia artificial. Mientras, cadenas de retail como Macy’s, Nordstrom y Sacks despiden a 56.000 empleados en agosto y se crean otros tantos empleos en logística, almacenamiento y transporte, es decir, la parte física del negocio de Amazon.

A las grandes empresas les va bien. Sus beneficios, de media, han aumentado un 6,7% antes de impuestos. Solo les molesta la cuestión de los impuestos, que es menester de política económica. El tipo corporativo, hoy, es del 35%, aunque gracias a deducciones, las grandes empresas no pagan más de un 27%. Para compensar lo que entienden son impuestos muy altos, las grandes corporaciones no repatrían sus beneficios a Estados Unidos, sino que los dejan artificialmente en sus filiales del extranjero.

El presidente quiere en septiembre conseguir varios objetivos, aunque lo va a tener difícil. La oposición tiene mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado. La oposición no son los demócratas, sino el partido republicano. Por ejemplo, Trump quiere reducir el tipo máximo empresarial al 15% y, para que las empresas traigan beneficios a casa, las quiere incentivar con un tipo del 10%. La mayoría republicana en el Congreso dice que es excesiva esa bajada de impuestos y que un tipo del 20% sería ideal. Si Ronald Reagan levantara la cabeza, les golpearía sin piedad, pero hay elecciones legislativas de mitad de mandato en 2018 y los republicanos saben que una fuerte bajada de impuestos supondría acabar con programas sociales que se llevan el 60% del presupuesto federal. Lo último que quieren congresistas y senadores republicanos es perder su puesto de trabajo y los demócratas se frotan las manos, satisfechos: “Si no aprobaron repeal and replace Obamacare teniendo mayoría, estos ni sacan adelante el presupuesto de 2018 ni la baja de impuestos”. No les falta razón a los demócratas. El partido republicano se opone al presidente, quien no avanza en su agenda legislativa. Pero el Gobierno tiene que seguir funcionando y antes del 30 de septiembre ha de haber una ley que financie el Gobierno. Además, está la cuestión del techo de gasto del Gobierno que, para pagar las cosas que hace, necesita seguir pidiendo prestado. Ante la oposición republicana al presidente, este ha decidido vincular la aprobación del presupuesto del año que viene a la financiación de su bello muro con México. Respuesta de Paul Ryan presidente de la Cámara de Representantes y republicano: “No way”. Es decir, no. Hay que añadir los efectos económicos del huracán Harvey en Texas, epicentro energético de Norteamérica.

Y sin un nuevo presupuesto, tampoco salen adelante reforma fiscal y ley de infraestructuras para estimular crecimiento y empleo y cumplir la promesa de crecer al 4%. Cuestión del presidente, que decidió hacer un paquete con varias leyes de estímulo económico que estimula poco a sus correligionarios. Ya dije que Obama se encontró con este problema cada verano desde 2011, pero Boerner, republicano, siempre con sentido de estado, le aprobó la ley de financiación del gobierno, aumentó del techo de gasto y presupuesto.

Puede que, ante todo esto, los tratados de libre comercio que el presidente quiere anular sean una distracción, mientras lidia con Corea del Norte y con el Estado Islámico. Pero los 48 millones de pobres y los 14 millones que viven de cartillas de racionamiento están muy pendientes de la aprobación de un presupuesto del que depende su supervivencia.

Jorge Díaz Cardiel es socio director Advice Strategic Consultants.

Normas