Uber viaja al buen gobierno a tirones

Kalanick coge una excedencia indefinida y pone al frente a sus lugartenientes

Tener que decir que tomar fármacos sin receta no está bien indica cuánto queda por hacer

David Bonderman, miembro del consejo de Uber, que dimitió ayer tras realizar comentarios sexistas el martes, en una reunión con los empleados.
David Bonderman, miembro del consejo de Uber, que dimitió ayer tras realizar comentarios sexistas el martes, en una reunión con los empleados.

El viaje de Uber hacia el buen gobierno ha empezado a tirones. El CEO, Travis Kalanick, dejará temporalmente la firma que cofundó para que esta intente poner algo de orden. El carácter indefinido de su ausencia y que haya puesto al frente a un grupo cada vez menor de subalternos directos son unos turbios primeros pasos.

Un ethos impetuoso y una voluntad de ignorar las reglas permitió a Uber irrumpir en los mercados regulados de taxis y limusinas de todo el mundo y construir una poderosa red. Eslóganes como “dejad construir a los constructores” y “siempre en el trajín” dieron a la dirección algo de excusa para ciertos malos comportamientos. Eso, unido a la falta de supervisión adulta –pese a que Kalanick tiene 40 años– creó una atmósfera tóxica incompatible con una empresa valorada en casi 62.000 millones de euros.

Los despidos de la semana pasada tras una investigación por acoso sexual, comportamiento no profesional e intimidación indican una especie de despertar. La aplicación de las recomendaciones de un informe aparte, publicado el martes, del ex fiscal general de EEUU Eric Holder, podría provocar aún más cambios. Incluye paso bastante básicos como revisar el comportamiento de los directivos y medidas para aumentar la diversidad y suavizar la tosquedad de la empresa. Solo tener que decir que tomar medicamentos sin receta no está bien indica cuánto trabajo queda por hacer.

La cultura de una empresa, por supuesto, la establece la cúspide. No está claro exactamente quién asumirá la responsabilidad mientras Kalanick esté ausente. Supuestamente, serán sus lugartenientes, pero dado el éxodo masivo de altos ejecutivos [ayer mismo dimitió un consejero por hacer comentarios sexistas], los avances podrían ser bastantes lentos.

Todas las deficiencias que se han descubierto reflejan también una falta de supervisión –o autoridad– del grupo de directivos controlados por Kalanick, entre los que hay varios inversores. Poner un presidente independiente es una buena idea. Kalanick dijo a los empleados que necesitan un Travis 2.0 para liderar Uber 2.0. Un Consejo 2.0 también es necesario.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.


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