La utilidad de los ‘cocos’ aún está por demostrar

La caída de Popular no ha supuesto el test esperado para los bonos convertibles contingentes

Sucursal de Popular junto a otra de Santander, en Barcelona.
Sucursal de Popular junto a otra de Santander, en Barcelona.

La caída de Popular no ha supuesto el test esperado para los cocos (bonos convertibles contingentes), que se convierten en renta variable en condiciones de estrés: se liquidaron antes de poder ser activados.

Es la primera gran pérdida para los inversores en cocos, creados tras la crisis de 2008 como un amortiguador adicional para los bancos con problemas. Permiten preservar capital suspendiendo los dividendos, y se convierten en acciones ordinarias cuando las ratios de capital se agotan.

La traumática solución ha aliviado un temor: que los inversores entraran en pánico cuando cayera un coco, creando una espiral de contagio. Valores similares de otros bancos han aumentado en valor real, lo que indica que Popular se considera un caso aislado.

Pero los bonos se quedaron cortos. Se supone que los valores proveen capital adicional antes de que un banco falle, permitiéndole absorber pérdidas sin colapsar o requerir un rescate del Gobierno. Pero los reguladores consideraron que Popular no era viable antes de que pudiera darse alguno de los disparadores de los cocos, así que sufrieron el mismo destino que otros bonos que solo sufren pérdidas cuando un banco se desmorona.

Antes de la resolución, los cocos cotizaban en torno al 50% del valor nominal, lo que sugería una alta probabilidad de pérdida, pero no una liquidación. Los bonos Tier 2, de nivel superior, se negociaban al 80%, lo que indicaba menos riesgo. Ni unos ni otros valen nada ya.

Podría concluirse que los cocos son redundantes, ya que los fallos bancarios ocurren demasiado rápido para que sus mecanismos se activen. Sin embargo, Popular puede no ser un ejemplo perfecta. Los 7.900 millones en provisiones que ha destinado Santander para pérdidas son mucho mayores de lo esperado.

La situación, empero, pone de relieve cómo las quiebras suelen ocurrir por una súbita escasez de liquidez y no de capital. El temor a desencadenar esa situación probablemente haga que ejecutivos y reguladores estén dispuestos a evitar cualquier cosa que pueda minar la confianza, como la cancelación de un cupón o la conversión de un bono en capital. El valor de los cocos aún está por demostrar.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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