Ford no estaba lista para la revuelta de los accionistas

La designación como CEO de Jim Hackett, experto en muebles, es sorprendente

No era un secreto que el puesto de Mark Fields estaba en peligro

Sede central de Ford en Dearborn (Michigan, Estados Unidos), ayer.
Sede central de Ford en Dearborn (Michigan, Estados Unidos), ayer.

Las muchas fluctuaciones de Ford bajo el mando de Mark Fields se estaban volviendo existenciales para la familia fundadora. Hace dos semanas, la mayoría de los accionistas no apellidados Ford votaron por abolir las acciones con supercapacidad de voto de los herederos. Los Fords captaron la indirecta y el CEO se irá. Pero nombrar a un hombre de 62 años del negocio de muebles –James Jim Hackett– para reemplazarlo insinúa que la familia no estaba preparada para una revuelta.

Que el puesto de Fields estaba en peligro no era un secreto. La caída del 36% del precio de las acciones desde que sustituyó a Alan Mulally hace casi tres años era la manifestación matemática del descontento de los inversores con su gestión. General Motors solo ha caído un 10% en ese tiempo, mientras que Fiat Chrysler y Tesla han crecido con fuerza.

A pesar de su sólida inversión, la percepción es que Ford se está quedando atrás –respecto a Tesla pero también a GM– en el desarrollo de la próxima generación de coches eléctricos y autónomos. Las ventas de vehículos han caído este año, presionando los márgenes.

Esto provocó un movimiento de última hora de Fields hace una semana: recortar empleos, arriesgándose a molestar al presidente Donald Trump, con quien la compañía ya se había enfrentado antes por los planes de trasladar producción a México, que no llegó a aplicar.

Todos estos problemas confluyeron en la junta anual. La rebelión no solo afectó a Fields. El 35% de los accionistas votaron por desechar la estructura dual de acciones que da a los descendientes de Henry Ford dos quintos de los votos con menos del 2% de los títulos, en un acto de rebelión abierta.

Lo que sorprende es la solución de la familia: nombrar a un antiguo ejecutivo de una industria ajena. Eso funcionó con Mulally, exejecutivo de Boeing, que llegó en 2006 y evitó la quiebra de Ford.

Hackett, que dirige la división de coches autónomos de la empresa, es un año mayor que Mulally. Dirigió otra vieja empresa industrial del mediooeste, el fabricante de muebles Steelcase, durante casi dos décadas, hasta 2014. Salió a Bolsa en 1998 a 28 dólares por acción, un precio que no ha recuperado desde entonces.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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