Tres asignaturas pendientes para una Europa en calma y sin viento

Lo que solo hace unos meses parecían graves tormentas han pasado a ser fragilidades

BCE
Mario Draghi, presidente del BCE

La recuperación económica en Europa progresa adecuadamente, pero todavía no es lo suficientemente sólida como para pensar en retirar los estímulos monetarios que han ayudado a hacerla posible. El BCE saldó ayer su reunión con este diagnóstico y con el firme propósito de no cambiar de momento la hoja de ruta de su política monetaria ni tocar, por tanto, los tipos de interés. Su presidente, Mario Draghi, mostró satisfecho en su comparecencia los contornos de una economía cada vez más sólida, con riesgos en retroceso y sombras menos amenazadoras, pero con una inflación que se resiste a subir hasta alcanzar el objetivo del entorno del 2% que el banco tiene como mandato. Como era de esperar, la reunión de la institución apenas impactó en los mercados, aunque sí hizo mella ligeramente en el euro, que retrocedió un 0,3% frente al dólar.

Lo que solo hace unos meses parecían graves tormentas han pasado a ser fragilidades que hay que vigilar, pero que no amenazan –al menos, de momento– la recuperación europea. Así sucede con el brexit y con la larga negociación que traerá consigo, con el problema de la banca italiana o con el exceso de morosidad que arrastran algunas economías del euro. Pero también con el temor a una guerra comercial con Washington bajo la bandera del proteccionismo a ultranza, que pese a los primeros y alarmantes mensajes de Donald Trump parece haber perdido fuelle frente al pragmatismo a que obliga una economía globalizada. Draghi, que teme posibles seísmos de las economías emergentes, restó importancia incluso a las presidenciales francesas como foco de riesgo al asegurar que el BCE no hace política monetaria “basada en las elecciones”.

Con un horizonte de cauta calma como el que dibuja Francfort, tres son las asignaturas pendientes que Europa tiene ante sí. La primera hacer frente al creciente descontento social o, en palabras de Draghi, tener consideración con los “perdedores de la globalización”. La segunda, acometer las reformas estructurales que buena parte de las economías del euro tienen pendientes. Y la tercera, avanzar hacia la retirada paulatina de unos estímulos monetarios que no pueden –ni deben– apuntalar eternamente la economía europea.

Normas