Emilio Saracho, condenado a una ampliación de capital en Popular

La entidad será una especie de caja, centrada en su negocio español.

Las exigencias de capital del BCE hacen necesarios más fondos propios

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Emilio Saracho, presidente del Banco Popular. EFE

Banco Popular celebra este lunes su primera junta de accionistas con Emilio Saracho como presidente. Se espera que sea una reunión agria, en la que los pequeños inversores, sobre todo, protesten por el derrumbe del precio de la acción, por la supresión del dividendo también este año y no se sabe si en 2018, por las pérdidas récord de 3.485 millones durante el pasado año, y por el desfase contable de más de 600 millones correspondientes a las cuentas de 2016 comunicados justo hace una semana.

A ello se suma la dolorosa y poco útil ampliación de capital de 2.500 millones realizada por la entidad entre mayo y junio de 2016. Pero el mercado pide más capital, entre 1.000 millones y 3.000 millones más como consecuencia de la debilidad, agudizada tras la corrección del desfase contable, lo que ha provocado que el ratio de capital esté entre el 11,70% y el 11,85%, siendo el requerimiento del BCE del 11,375%. Por lo que no goza de holgura, más cuando el año que viene subirán más las exigencias para todos los bancos sistémicos globales y europeos, lista esta última entre los que se encuentra Popular, pese a su negocio casi doméstico.

Dimisión

Por si fuera poco, otro reciente acontecimiento removió aún más los cimientos: la dimisión del consejero delegado, Pedro Larena, solo siete meses después de su incorporación. Toda una sorpresa para Saracho que no esperaba esta salida, aunque ya ha encontrado sustituto, Ignacio Sánchez Asiaín, quien ultima su contrato.

Larena comunicó a Saracho su decisión de abandonar hace un mes, pero le aseguró que no dejaría el cargo hasta que no se encontrara un sustituto. El anuncio de su salida y del nombre de su sucesor estaban previstos que se dieran a conocer unos días después de la junta, pero todo se ha precipitado.

Además, como no hay dos sin tres (o más en este caso), llega la agencia de calificación S&P el viernes pasado y anuncia que rebaja la calificación un escalón más dentro del bono basura como consecuencia de la debilidad de su capital y por las incertidumbres sobre posibles nuevas contingencias contables que puedan encontrarse, ya que los ajustes encontrados son solo una estimación inicial.

Por ello, si la junta extraordinaria del pasado 20 de febrero, en la que se sometía a aprobación, entre otras cuestiones, el nombramiento de Saracho como consejero del banco, fue un inmenso goteo de protestas y críticas a la gestión del anterior equipo gestor, con Ángel Ron a la cabeza, la reunión del lunes se prevé bastante más dura. Y puede que algún que otro grupo de accionistas que participó en el turno de preguntas en aquella junta, entre los que destacó el presidente de Naturhouse, Felix Revuelta, vuelva a incitar a los pequeños inversores a unirse para demandar al banco por la corrección de las cuentas de 2016 y la escasa utilidad de la ya comentada ampliación de capital.

Varios despachos de abogados de Estados Unidos, de hecho, han anunciado que están estudiando presentar una demanda colectiva contra la entidad, a lo que se ha único algún español como Navas Cusi.

De cualquier forma, esto es lo que menos le quita el sueño ahora a Banco Popular, y por extensión a su presidente, ya que considera, según apuntan fuentes financieras, que es muy complicado que estas demandan prosperen, entre otras razones, porque operar en el mercado a través de acciones es lo que tiene, que unas veces se gana y otras se pierde.

Los títulos suben y bajan, tienen riesgos, apuntan estas fuentes, que añaden que en EE UU es totalmente habitual que los despachos de abogados salten como un resorte siempre que encuentran en cualquier parte del mundo una razón para poder demandar. “Estudian todo lo que puede ser susceptible de ser denunciable colectivamente en cualquier parte del mundo. Otra cosa es que luego lo hagan”, aclara un abogado experto en demandas internacionales.

Los próximos anuncios

Pero parece que a Saracho no le tiembla el pulso. Si tiene algo claro es que hay que coger al toro por los cuernos si se quiere terminar con las dudas futuras. Y donde dije digo digo Diego. Los bancos de inversión están convencidos de que el banquero anunciará la necesidad de una nueva ampliación de capital en un futuro, según le recomiendan todos los expertos. Hay que recordar que Saracho procede de JP Morgan.

Esta drástica medida parecía que se había descartado inicialmente, pero tras escarbar más en las profundidades del banco y las exigencias del BCE se ve imposible otra solución, reconoce un analista.

Antes, eso sí, Popular ejecutará las ventas de TotalBank en Estados Unidos, y del 49% que posee en Wizink, unido a la opción de compra del otro 51% que posee el fondo Värde Partners y que se puede ejecutar ya a partir de enero, con lo que mejorará en 200 puntos básicos o algo más su ratio de capital.

Este incremento del ratio de capital, sin embargo, no es suficiente para las exigencias futuras, por lo que necesitará otra ampliación en unos meses, explican fuentes financieras, quienes aseguran que esta nueva inyección de capital puede que solo se destine a inversores institucionales.

Recuerdan que, el también dañado banco italiano Unicredito, ha logrado levantar capital en el mercado por 13.000 millones, y el alemán Deutsche Bank, lo ha hecho en 8.000 millones y con éxito. ¿Por qué no va a poder hacerlo Popular a un bajo precio y con descuento si su salud no es para nada peor que la de estos dos bancos? Su problema es el ladrillo, señala una fuente familiarizada con las necesidades, quien recuerda que era Ron el que no podía realizar más ampliaciones, ni el mercado ni el consejo se lo hubieran permitido.

El problema es que los accionistas de Popular, en gran parte pequeños ahorradores, han soportado en alrededor de cuatro años tres ampliaciones de capital por 5.500 millones de euros.

Su futuro: un banco de pymes

Lo que es seguro es que en los próximos meses Popular será un banco más pequeño. Su jibarización le llevará a ser una entidad puramente doméstica. “Será como las antiguas cajas de ahorros, centrado en las zonas rurales, aunque sin olvidar las urbanas, pero hará lo que sabe hacer muy bien, trabajar con las pymes”, estima un experto en banca. Una fuente financiera, que conoce a la perfección los entresijos del pasado de Banco Popular asegura que, el problema de la entidad proviene de 2006, con la inversión en el ladrillo, pero nadie le paró los pies y fue engullendo más y más inmuebles. Solo en 2012, con la creación del banco malo o Sareb, el ministro de Economía, Luis de Guindos, le invitó a depositar parte de sus activos adjudicados en esta sociedad, eso sí, a cambio de recibir ayudas públicas. Popular se negó.

En cuanto a una posible fusión de Popular con otra entidad, habrá que esperar. De momento, hay que seguir mejorando su ratio de capital, y deshaciéndose de ladrillo. Pero las puertas no están cerradas. Ah, y al parecer los clientes del banco, muchos de ellos accionistas, son de los más fieles del sector y tienen en gran consideración la marca Popular. Ese es uno de los grandes éxitos de la entidad y por la que hasta ahora ha podido vivir en solitario.

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