Banca

S&P hunde a Popular en el bono basura al temer mayores errores contables

La agencia asume que la entidad requiere más capital para cubrir riesgos

El Gobierno defiende que el banco no tiene problemas de solvencia

Banco Popular
El presidente de Banco Popular, Emilio Saracho.

La confianza en Banco Popular se va minando cada día que pasa desde que el pasado lunes la entidad reconociera públicamente que su contabilidad de 2016 incluye errores en distintas partidas por un valor de más 600 millones de euros.

Este viernes, la agencia de calificación crediticia Standard & Poor´s ha anunciado que rebaja un escalón más la nota de la entidad ante los desfases contables reconocidos por el banco, temiendo que estos no sean más que la punta de un iceberg mayor.

En concreto, la agencia rebaja de B+ a B la nota de Banco Popular, lo que la sitúa ya cinco escalones por debajo del grado de inversión, hundida en el bono basura, a la vez que sitúa su previsión para el futuro en perspectiva negativa.

Más allá, S&P advierte que el hecho de que Banco Popular haya reconocido errores contables de cientos de millones puede suponer que el verdadero agujero sea mayor, dado que de momento lo que se manejan son estimaciones de una análisis preliminar.

“Creemos que este anuncio crea incertidumbre sobre la posibilidad de cargos adicionales en el futuro, porque cierto ajustes son una estimación inicial basada en la información actualmente disponible”, subraya el informe de la agencia.

Requiere más capital

Además, la agencia de calificación crediticia destaca que subsanar los errores reconocidos debilitará la solvencia del banco dejándolo en el límite de lo exigido por el Banco Central Europeo (BCE).

S&P pone de manifiesto la debilidad de Popular su “limitada capacidad para generar capital orgánicamente” por lo que asume que la entidad requerirá más capital para reforzar sus coberturas sobre activos problemáticos y seguir cumpliendo las exigencias de solvencia del supervisor.

La agencia expone que los activos problemáticos del banco suman un 36,7% del total, un nivel “muy alto” frente a la media del 15% del sector. S&P espera que el banco priorice la gestión de estos riesgos y advierte que podría empeorar su nota en los próximos 12 meses si no ve mejoras tangibles.

Una junta caldeada

Un nuevo varapalo para una entidad financiera que encara el lunes una junta de accionistas que promete ser una de las más broncas que se recuerdan en la entidad ante el descontento de miles de accionistas que estudian ya demandar al banco por las pérdidas sufridas desde la última ampliación de capital.

Una junta que deberá votar las cuentas del ejercicio 2016 a sabiendas de que contienen desviaciones millonarias de provisiones y coberturas de riesgos, que afectan a resultados y a capital, y que la cúpula de la entidad no quiere reformular para evitar salpicar al nuevo equipo gestor.

Las cuentas de 2016 están firmadas por el anterior presidente, Ángel Ron, que espero a refrendar la documentación para dar paso a su sustituto, Emilio Saracho, que hereda ahora un banco de futuro incierto y con un pasado que amenaza con perseguirle.

Varios bufetes estadounidenses han anunciado ya que están dispuestos a emprender acciones legales contra Banco Popular en nombre de los accionistas que secundaron la ampliación de capital por 2.500 millones que cerró el pasado junio en vista de una serie de errores contables que Popular reconoció el lunes a la vez que renunciaba a su cargo el consejero delegado Pedro Larena.

S&P subraya en su informe esta coyuntura y advierte que podría seguir rebajando la califciación de la entidad "si el influjo de noticias negativas erosiona la confianza de los consumidores en el banco".

Capote del Gobierno

La situación es tal que el ministro de Economía, Luis de Guindos, ha intervenido desde Bruselas para defender que Banco Popular no tiene ningún problema “ni de solvencia ni de liquidez”, recoge Europa Press.

Guindos ha destacado, además, el “esfuerzo” que ha realizado la entidad para elevar sus provisiones “prácticamente” al nivel medio del sector bancario español después de que la primavera pasada cuantificara su losa de ladrillo en 30.000 millones de euros y ampliara capital para comenzar a sanear su balance.

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