La UE, del revés

Juncker da un baño de dura realidad a la Unión Europea

El Libro Blanco de la CE sobre el futuro de la UE reconoce la grave situación del club

España secunda la tesis de Berlín a favor de una reorganización por grupos

Juncker da un baño de dura realidad a la Unión Europea

El Libro Blanco de Juncker sobre el futuro de la Unión Europea parece más bien un libro negro sobre la actual situación del club. El presidente de la Comisión Europea ha colocado a la Unión ante un espejo más doloroso que los del Callejón del Gato de Madrid porque el de Jean-Claude Juncker no distorsiona. Al contrario, refleja de manera fiel el deterioro y las deformidades de una estructura que el día 25 de marzo cumple 60 años.

La terrible imagen no es un espejismo. Y Juncker confía en que el reconocimiento de la gravísima situación sirva de aldabonazo para que los 27 socios que quedan frenen una desintegración iniciada con la salida del Reino Unido.

La tradición manda que en momentos de crisis de identidad tan profunda la Comisión Europea responda con un plan detallado hacia un nuevo salto a la integración. Así ocurrió con los llamados informes de Werner en 1970 o de Delors en 1989 y 1995, de los que acabaron naciendo, entre otras cosas, el mercado único y la zona euro.

Pero Juncker ha roto con ese modelo y el Libro Blanco aprobado la semana pasada plantea más preguntas que respuestas y coloca a la Unión ante unos inciertos escenarios sin descartar la posible implosión del club.

“Si algo no le falta a Juncker es valor y lo que ha intentado es provocar el debate”, defiende un diplomático comunitario. Las voces críticas, en cambio, acusan al presidente de la Comisión de esconderse tras un documento que analiza con la misma frialdad la posibilidad de un gran avance hacia una Europa federal que la de un salto atrás hacia el desmantelamiento de la Unión actual.

“El Libro Blanco es una decepción”, lamenta el eurodiputado socialista Javi López. “Se esperaba una hoja de ruta y al final es un menú a la carta”.

Juncker plantea cinco escenarios que se resumen en dos callejones sin salida (salto federal y renacionalización) y una posible vía de escape: una Europa a varias velocidades en la que cada grupo de países avance en la integración al ritmo que más le convenga.

El gobierno alemán de Angela Merkel apuesta por ese escenario de fragmentación controlada. El gobierno de Mariano Rajoy también apoya esa opción siempre y cuando los grupos de vanguardia estén abiertos para todos los miembros de la UE y que los criterios de entrada estén definidos con meridiana claridad, como se hizo para la adhesión al euro.

España considera que uno de los primeros proyectos que debe ponerse en marcha es la Unión de la defensa, una iniciativa que parece ya contar con e el apoyo de Francia, Alemania e Italia.

Pero los socios de Europa del este y central temen que la estrategia de los círculos concéntricos sólo sirva para orillarles en un club en el que tardaron 15 en integrarse tras la caída del muro de Berlín.

“La unidad de la UE es de vital importancia y debe ser siempre el punto de partida”, señalaron la semana pasada en un comunicado conjunto los cuatro países del llamado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República checa y Eslovaquia).

Esos países temen, además, que la disgregación del club conlleve un recorte de los fondos estructurales que han contribuido a mejorar su situación económica desde 2004. En un reciente informe, el grupo de Visegrado asegura que los países contribuyentes de la UE también se han beneficiado de esa inyección, con un beneficio de retorno entre 2007 y 2015 de 97.000 millones de euros, equivalente al 80% de los fondos estructurales desembolsados. Pero parece evidente que en caso de recortes los destinatarios de los fondos sufrirían más que los emisores.

“El Libro Blanco de Juncker sirve para recordar a todos los socios lo que pueden perder en caso de que se supriman ciertas políticas”, resume una fuente diplomática.

“Durante generaciones, Europa siempre ha sido el futuro”, señala el documento en un guiño hacia el carácter pasajero de la crisis. Pero en el aire queda la duda de si ese futuro prometedor pasa por mantener el modelo actual de Unión o por desguazarlo.

A contraluz

Acelerón a la política de defensa común

Los cuatro grandes países de la UE (Alemania, francia, Italia y España) celebran hoy una cumbre en Versalles que pretende reafirmar el proceso de integración europea a raíz de la crisis provocada por el brexit. El capítulo de defensa ocupa un lugar prominente en ese presunto relanzamiento y los cuatro socios aspiran a sentar las bases de una integración clave para la industria armamentística, pero también para la aeroespaciál y la tecnológica.

Hoy mismo, pero en Bruselas, los ministros de Exteriores y los de Defensa de la Unión Europea evaluarán los avances registrados desde noviembre hacia un estrechamiento de la cooperación en materia de seguridad y defensa. La iniciativa parecía inevitable ante la salida del Reino Unido (el mayor ejército de Europa) y se hizo acuciante con la llegada de Donald Trump la Casa Blanca y su anunciado repligue militar en el Viejo Continente.

“Desde noviembre de 2016, avanzamos a una velocidad espectacular”, señala una fuente diplomática. Y tras la reunión de hoy, a la que asisten por parte española Alfonso Dastis y María Dolores de Cospedal, se espera que la cumbre europea del jueves y el viernes en Bruselas redoble el impulso hacia una política comun de defensa y seguridad.

Se espera que el proyecto arranque con la participación de un grupo de los 28 países entre ellos, España. Empresas como Indra o CASA saldrían beneficiadas del plan.

A contraluz

Inquietud por los Balcanes 20 años después de la guerra

La frágil situaicón política y económica de parte de los Balcanes vuelve a inquietar a la Unión Europea casi dos décadas después de las guerras desencadenadas tras la desintegración de Yugoslavia. Los ministros de Exteriores de la UE debatirán hoy en Bruselas la situación.

La Alta Representante de Política Exterior, Federica Mogherini, desea enviar a los países de la zona (Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia) un mensaje tranquilizador sobre su futura integración en la UE, con el objetivo de que perseveren en la reconciliación y la democratización. Pero una parte del club europeo duda que la interacción sea factible durante mucho tiempo.

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