Editorial

Combatir primero la pobreza

El empobrecimiento es un problema más grave que la desigualdad

Fachada del Banco de España.
Fachada del Banco de España.

La crisis vivida en los últimos años ha golpeado a familias, empresas e instituciones y ha dejado cicatrices en todas las economías. Como se constataba estos días en Davos, ni siquiera la fuerza imparable de la globalización ha servido para resolver cuestiones que preocupan a los Gobiernos y alimentan el descontento social, como es el caso del aumento de las desigualdades económicas. La brecha que separa las rentas más altas de las más bajas ha crecido en muchos países, también en España, como revela la última Encuesta financiera de las familias, un estudio que elabora el Banco de España con periodicidad trianual. Según los datos de ese informe, correspondientes a 2014, la renta mediana española –indicador estadístico que se considera más fiable que la media para reflejar la realidad– ascendía en esa fecha a 22.700 euros. La riqueza mediana de los hogares españoles era de 119.400 euros, un 22% menos que en 2011. En ese mismo año, el 1% de los hogares españoles acumulaba el 16,9% del patrimonio neto total de España mientras que en 2014 ese porcentaje se había elevado ya al 20%. La explicación de esta evolución al alza está en la composición del patrimonio de las familias. Mientras en las más pobres está constituido básicamente por la vivienda habitual, un activo que se ha depreciado más de un 20% en los tres años que median de 2011 a 2014, en los más ricos hay una mayor proporción de bienes financieros, que se han revalorizado. El Ibex subió un 20% durante ese trienio.

Aunque las cifras del Banco de España apuntan a una ampliación de la brecha entre los más ricos y los más pobres, el informe revela un dato más preocupante que esa desigualdad: el empobrecimiento de muchos hogares españoles durante ese período. El 10% de los más ricos son los únicos que han aumentado su riqueza respecto a 2011 mientras que los pensionistas han mantenido su poder adquisitivo y los hogares más jóvenes han visto, por el contrario, reducirse su patrimonio y se hallan situados entre el 10% de la población más pobre.

La abultada tasa de paro juvenil que arrastra España y la precarización de los puestos de trabajo a los que accede este segmento de la población explican esta circunstancia. Tras la crisis económica y el estallido de la burbuja inmobiliaria, los jóvenes españoles no tienen apenas posibilidades de acceder a una vivienda y han visto reducidas drásticamente sus oportunidades laborales. La solución a esta reducción del horizonte profesional y vital de toda una generación está en mantener la recuperación económica y un ritmo sostenible de creación de empleo. Porque la experiencia histórica muestra que, por delante de la desigualdad, el primer y más grave problema de las economías es la pobreza.

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