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El proteccionismo amenaza a China

Las restricciones que podría imponer Pekín a las adquisiciones empresariales no tendrían un gran impacto

La Torre Perla Oriental, en Shanghái (China).
La Torre Perla Oriental, en Shanghái (China).

El proteccionismo es la principal amenaza para las empresas chinas. Pekín podría frenar las adquisiciones en el extranjero y detener a las empresas que derrochan en negocios no principales. No obstante, eso no habría evitado la mayoría de las grandes operaciones recientes. Podría ser peor que los países occidentales levantaran el puente levadizo.

Las compañías chinas han batido su récord de compras este año (acumulan más de 189.000 millones de euros en transacciones). Los reguladores se preparan para restringir o prohibir las operaciones que superen los 9.400 millones, y para evaluar con dureza los acuerdos de más de 940 millones que no correspondan al negocio principal del comprador. Los controles de divisas también se están endureciendo. Los frenos, sin embargo, son menos draconianos de lo que parece. Solo unas pocas ofertas, como la de HNA Group por Ingram Micro, se verían afectadas por esos cambios.

Las compañías chinas han batido su récord de compras este año

La transacción más grande del año, la compra de la agroquímica Syngenta por ChemChina probablemente seguiría recibiendo la luz verde de Pekín. Encaja con el negocio principal del comprador y ayuda a asegurar el suministro de alimentos de China. También podrían seguir siendo aprobadas otras adquisiciones que aportan tecnología esencial, como la del fabricante alemán de robots Kuka por la firma de electrodomésticos Midea.

Un problema más importante será la reacción occidental contra la globalización. Varios países podrían levantar barreras contra la inversión china. En las Cámaras de EE UU se habla de prohibir las adquisiciones de empresas estadounidenses por compañías estatales chinas y someter a las privadas a un escrutinio mayor. Alemania estudia mecanismos para obstruir algunos acuerdos futuros con China. Y Australia puede acercarse al enfoque canadiense, que permite al Gobierno bloquear cualquier acuerdo que no de “beneficio neto” a la nación.

El apetito por los negocios en el extranjero seguirá siendo grande, pero las empresas se enfrentarán a más barreras antes de llegar al bufé.

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