Medio ambiente

El riesgo de abrir el paso por las áreas protegidas de la Tramontana

Un informe de la Universidad de Alcalá cree que la nueva ley balear desampara a las especies.

Vista de la carretera de Sa Calobra, en pleno corazón de la sierra de Tramontana.
Vista de la carretera de Sa Calobra, en pleno corazón de la sierra de Tramontana.

La cátedra de Medio Ambiente de la Fundación Universidad de Alcalá ha concluido que la recién aprobada Ley de Evaluación Ambiental en Mallorca, que permite el paso por áreas protegidas, perjudicará la conservación y supervivencia futura de las especies más sensibles de la sierra de Tramontana.

El informe, encargado por la Fundación Vida Silvestre Mediterránea (FVSM), advierte de que el cambio de los usos en las zonas de exclusión –áreas de máxima protección que no superan el 2,98% de la superficie (1.878 hectáreas)– para favorecer el ocio “producirá con toda seguridad efectos negativos significativos”.

Y alerta, en concreto, sobre el incremento de la erosión, el auge de residuos y la intranquilidad en los hábitats de cría, nidificación y alimentación del buitre negro, una de las aves más emblemáticas y con el mayor grado de custodia.

El estudio alerta sobre más erosión, residuos y el deterioro de hábitats

El Parlamento balear (PSOE, Podemos y Més, nacionalistas y ecologistas) aprobó la polémica norma en agosto pasado, con los votos en contra del PP y pese a las alegaciones presentadas por organizaciones conservacionistas y a la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Baleares de 2015, que prohíbe el uso recreativo en dichas zonas, como en el caso de Ternelles, propiedad de la familia March. Y como gran parte de estos caminos discurren por fincas privadas, el Gobierno autonómico decidió impulsar, entre otras disposiciones, una ley que hiciera compatible el uso público con la conservación.

  • Accesos sin control

“De mayor gravedad es la disposición transitoria que permite el acceso por todas las sendas y caminos existentes hasta que se produzca una planificación de la regulación y control de visitas. Es un acto de gran irresponsabilidad, ya que abre la zona a la presencia incontrolada del turismo, cuando deberían estar restringidas si se quiere conservar las rapaces que en ellas subsisten”, denuncia el informe.

Y es que la Tramontana se ha convertido en un reclamo turístico de la isla. La meta del Ejecutivo autonómico es desestacionalizar la llegada de visitantes. Cerca de 11,8 millones de viajeros recalaron en Mallorca en 2015, de los que 211.471 pernoctaron en alojamientos oficiales de este paraje. Asimismo, se espera que 300.000 senderistas visiten la isla entre octubre de este año y abril de 2017, según el estudio.

Vista del buitre negro en Cala Castell.
Vista del buitre negro en Cala Castell.

“La masificación turística de la sierra ha ido en aumento en los últimos años; está sometida a una presión importante y permanente todo el año”, señala. Solo por la ruta de Piedra en Seco transcurren anualmente 1,5 millones de visitantes. Unos paseos que se han popularizado gracias al avance tecnológico. Por ejemplo, en la aplicación Wikiloc aparecen 20.600 trayectos de la sierra y 50.790 accesos que atraviesan las reservas naturales; y 413 personas fueron interceptadas el año pasado cerca de nidos del buitre negro, apuntan.

El informe, elaborado por un equipo de cinco expertos liderado por el biólogo Juan Luis Aguirre Martínez, añade que la modificación se ha ratificado sin la elaboración de un estudio científico previo que lo justifique, en contra de las recomendaciones de entidades medioambientales (Grupo de Ornitología Balear, Fundación para la Conservación del Buitre Negro o FVSM) y sin haber sido sometida a información pública.

Además, advierte de que “va en sentido contrario a las regulaciones sobre espacios protegidos de España y la UE, donde se preservan algunas zonas sin intrusiones y con total control humano”. Por lo tanto, insisten en que es incompatible el acceso a ese 2,98% de la sierra con la cría de especies en peligro de extinción; lo que está reflejado en informes científicos y en los planes de gestión de Red Natura 2000 del paraje.

El ambientalista Jesús Garzón, presidente de la Fundación Vida Silvestre Mediterránea, presentó en septiembre una queja el Defensor del Pueblo y al Gobierno central para que valoraran la declaración de inconstitucionalidad de dicha norma, ambas resoluciones se esperan en breve.

Aves rapaces, sapos y plantas endémicas

Tras su declaración como paraje natural en 2007, en la Tramontana se establecieron cuatro zonas –de uso exclusivo (2,98%), limitado (50%), compatible (40,7%) y general (6%)– para preservar las de mayor calidad biológica. Una disposición que fue avalada también por la Universidad de las Islas Baleares.

Dicho control, con la colaboración de entidades ecologistas, el propio Ejecutivo balear y otras autonomías, con fondos públicos, privados y europeos, ha permitido aumentar en nueve años de 5 a 32 los nidos de buitre negro y de 8 a 15 las parejas de águila pescadora. Allí crecen, además, dos poblaciones endémicas de la planta Naufraga balearica o el sapillo balear, “muy frágiles al impacto directo, deterioro y contaminación”. Y pese a su valor, apenas un guarda vigila el parque los fines de semana, denuncia el informe. “Esto no sucede en Europa”, concluyen.

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